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Año VI Número 91 - 28 de noviembre de 2008
El mundo complaciente de la cultura latinoamericana
Hay un modo de ver la realidad, una impostación crítica y contestataria que está lejos de ser genuinamente crítica. Más bien expresa lugares comunes, mitos que al ser dichos con un aire socarrón y con pose de talento, es como si se supiera la verdad profunda de las cosas.
Por Tomas Linn
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Hay un modo de ver la realidad, una impostación crítica y contestataria que está lejos de ser genuinamente crítica. Más bien expresa lugares comunes, mitos que al ser dichos con un aire socarrón y con pose de talento, es como si se supiera la verdad profunda de las cosas. Nunca se duda, todo se toma por verdadero y al hacerlo, cada uno está convencido de poseer el más combativo espíritu crítico, el más autónomo sentido individual. Y no es así. Esta cultura dominante, tiene dos efectos perniciosos sobre la consolidación democrática. Como es monopólica, impide la pluralidad, la diversidad, lo distinto. En consecuencia, asfixia la libertad. Pero el otro efecto es aún peor y es consecuencia del primero. Es un pensamiento francamente antidemocrático, un factor perturbador en la consolidación de democracias constitucionales modernas en nuestros países. Ante tal perspectiva, un viraje en la vida cultural que enriquezca la convivencia democrática, sólo puede darse con un recambio generacional que rompa la rigidez del pensamiento dominante, dé lugar a intelectuales abiertos y termine con los “unicatos” dogmáticos que convirtieron el pensamiento en una verdad revelada. Ese recambio debe producirse en la educación, en la cultura, en la literatura, en el mundo del espectáculo, del cine, el teatro y la música, en el pensamiento, la filosofía y en la vida académica. Pero una apertura cultural no debe crear un monopolio alternativo, con una propuesta de signo opuesto aunque de igual rigidez.

Tomás Linn es columnista de la revista “Búsqueda” desde 1989 y profesor de Periodismo en la Universidad Católica del Uruguay. Tras culminar sus estudios en la Escuela Superior de Periodismo (Instituto Grafotécnico) de Buenos Aires, inició su carrera en El Diario de Montevideo en 1974. Trabajó en radio, televisión y durante un breve período en la Agencia Reuters. Fue secretario de redacción de los semanarios Opción y Aquí en los años 80. Tiene un grado en Comunicación de la Universidad Católica de Uruguay y fue Humphrey Fellow en la Universidad de Maryland (College Park) entre 1995 y 1996. Escribió cuatro libros. Dos de ellos abordan temas periodísticos: “De Buena Fuente” (1989) y “Pasión, Rigor y Libertad” (1999). Los otros dos se refieren a temas de actualidad política: “Los Temas sobre la Mesa” (1994) y “Los Nabos de Siempre” (2004).