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Año VII Número 92 - 30 de enero de 2009
Socialismo y Nación
Pocas ideas han logrado, a lo largo del entero siglo XX, más adhesión y simpatía que las de socialismo y nación. Y nada ha causado mayores desastres en la Historia que el intento de mancomunarlas en un solo proyecto político. Es fácil señalar varias coincidencias significativas entre el socialismo en un solo país ruso-chino-cubano-vietnamita, el nacionalsocialismo italo-germano-japonés y el socialismo nacional latinoamericano.
Por Fernando A. Iglesias
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Pocas ideas han logrado, a lo largo del entero siglo XX, más adhesión y simpatía que las de socialismo y nación. Y nada ha causado mayores desastres en la Historia que el intento de mancomunarlas en un solo proyecto político.

Es fácil señalar varias coincidencias significativas entre el socialismo en un solo país ruso-chino-cubano-vietnamita, el nacional-socialismo italo-germano-japonés y el socialismo nacional latinoamericano, en particular: su común desprecio por la democracia, la república, las instituciones, el parlamento, el liberalismo, el individualismo, la economía, el capitalismo, la Modernidad, el reformismo, el gradualismo, los partidos, los extranjeros, las formas económicas no industriales, la cultura clásica, la tradición occidental iluminista e ilustrada, la civilización burguesa, la política basada en la búsqueda de consensos, el cosmopolitismo, el universalismo y toda forma económica, política o cultural considerada por ellos degenerada o amenazante para la identidad nacional. Más profundo y radicado aún ha sido el desprecio que los stalinistas, los nazifascistas y los partidarios del socialismo nacional han demostrado hacia los tibios e imbéciles que se han atrevido a sostener, durante las épocas de la alianza entre socialismo y nación, que de aquellos principios por ellos aborrecidos y sólo de aquellos principios podía provenir un mundo mejor.

La enumeración de los resultados catastróficos de las alianzas entre el socialismo y el nacionalismo, equivalentes en su inmoderado estatismo, tornan aún menos racional la pretensión setentista de asimilar el estatismo al progresismo y la izquierda, en cuyo caso Hitler, Stalin, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Chávez y Kirchner deberían ser considerados jugadores de un mismo equipo. Para decirlo en términos teóricos, en el amplio espectro que va del estatismo reivindicado por todas las formas del “socialismo + nacionalismo” y el estado mínimo neoliberista han estado ausentes en la Argentina las dos grandes fuerzas progresistas de la Modernidad: el liberalismo progresista y la socialdemocracia.

Fernando A. Iglesias es Diputado nacional por la Coalición Cívica. Escritor y periodista especializado en la Globalización y sus aspectos políticos. Miembro fundador y secretario ejecutivo de Democracia Global -Movimiento por la Unión Sudamericana y el Parlamento Mundial. Miembro del Consejo Directivo del World Federalist Movement. Ganador del Premio TEA 2002 con “Para todos los hombres del mundo”. Ganador del Premio PERFIL 2006 con “Por qué la ONU debe cambiar”. Ha publicado en varios medios argentinos y extranjeros y dictado conferencias en el Forum International de Montreal (FIM) (2002), Forum Social Mundial de Porto Alegre (2002-2003 y 2004), en el Parlamento Europeo (World Federalist Movement, 2005) y en Seminarios en la Universidad de Torino (Departamento de Ciencias Políticas, 2005). Es autor de varios libros, entre ellos “¿Qué significa hoy ser de izquierda?”, “Globalizar la Democracia” y “Kirchner y Yo”.

Este texto fue originalmente publicado en la Revista Noticias del 17 de enero de 2009.