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16 de Diciembre de 2017
Informes
Año III - Número 10 - Junio 2008 - DEMOCRACIA en las Américas
Fernando Lugo termina con 61 años de hegemonía del Partido Colorado
Por CADAL
El presente informe fue elaborado por Florencia Nogués y Facundo Cruz con la coordinación de Matías Franchini.
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El presente informe fue elaborado por Florencia Nogués y Facundo Cruz con la coordinación de Matías Franchini.

- Introducción

1. Características generales: población, territorio y economía.

2. Historia Política.

  a) Los militares y el Partido Colorado
  b) La transición democrática

3. Sistema político-institucional.

  a) Características generales
  b) Organización del Estado
  c) Sistema electoral
  d) Partidos Políticos

4. Campaña, candidatos y resultados.

  a. Candidatos presidenciales
  b. Encuestas
  c. Cargos a elegir
  d. Resultados electorales

5. Anexo.

  a) Elecciones Presidenciales del 27 de abril de 2003
  b) Elecciones Legislativas. (Diputados y Senadores) del 27 Abril 2003
  c) Evolución de la composición de la Cámara de Diputados (1989-2008)
  d) Evolución de la composición del Senado (1989-2008)

Introducción

Luego de una intensa campaña electoral cargada de temores de fraude, denuncias de injerencia de actores externos en el proceso electoral, amenazas de desobediencia civil y una gran expectativa de cambio, las elecciones generales del 20 de abril en Paraguay dieron finalmente como histórico resultado la victoria del ex obispo Fernando Lugo y como reverso, claro, la derrota del 60 años hegemónico Partido Colorado (PC). El candidato de Alianza Patriótica para el Cambio (APC) logró superar con una holgura de 10 puntos a la candidata oficialista Blanca Ovelar (Asociación Nacional Republicana – Partido Colorado) y doblar los votos del ex hombre fuerte del Paraguay, Lino Oviedo de UNACE (Unión Nacional de Ciudadanos Éticos).

Fernando Lugo logró así lo que ningún otro partido o candidato pudo desde el retorno de la democracia en Paraguay sobre fines de los ochenta: vencer al Partido Colorado en elecciones libres, y cierra de esta forma una larga etapa de 61 años ininterrumpidos de gobierno colorado, incluyendo 35 de apoyo a la dictadura militar de Alfredo Stroessner. El ex obispo fue capaz de construir una amplia plataforma política en torno a su figura, que incluyó no sólo a vastos movimientos sociales y de izquierda, sino al tradicional Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), el segundo mayor de Paraguay, cuya amplia base a nivel nacional brindó presencia partidaria a un candidato surgido y consolidado por fuera de las estructuras de las fuerzas tradicionales La combinación de ambos factores fueron determinantes para lograr el acceso a la Presidencia de Paraguay.

También fue determinante para la campaña y su eventual resultado las divisiones internas del Partido Colorado, algo que no es nada ajeno a su historia, ni remota ni reciente. En este caso, las elecciones internas llevadas a cabo en diciembre de 2007 para elegir al candidato presidencial que enfrentaría a Lugo generó una dura disputa entre el Vicepresidente de Paraguay, Luis Alberto Castiglioni, y el mandatario saliente, Nicanor Duarte Frutos, y terminó provocando un fuerte distanciamiento entre ambas importantes figuras, mostrando al partido fragmentado y débil, en unas elecciones en las cuales tenía amplias chances de perder el poder. La construcción de una candidatura competitiva proveniente de fuera del sistema político tradicional, con fuerte capacidad para simbolizar un cambio largamente esperado por amplios sectores, frente una candidatura criticada en su legitimidad y no sostenida por la totalidad de sus camaradas, fue demasiado para un Partido Colorado que sobrevivió en el poder en los 35 años de Stroessner, en la transición democrática y en el marzo paraguayo.

Sin embargo, está claro que a pesar del triunfo histórico que representa y de las expectativas de cambio que Lugo genera, el cumplimiento de las múltiples promesas de renovación enunciadas durante toda la campaña electoral, enfrentarán una serie de desafíos importantes, especialmente a la hora para generar un espacio de gobernabilidad lo suficientemente amplio como para viabilizarlas. En primer lugar, la amplia y heterogénea coalición creada en torno a su figura abarca desde movimientos sociales de izquierda hasta un partido liberal tradicional, histórico en Paraguay. Las posibilidades de adoptar las medidas adecuadas para satisfacer las demandas y necesidades de una sociedad marcada por la pobreza y el subdesarrollo dependerán de las habilidades políticas que tenga Lugo para balancear estas dispares fuerzas en juego. En segundo lugar, la situación en el Congreso demandará para el oficialismo un fuerte trabajo de coordinación con otras fuerzas, en la medida que los partidos socios de la APC han logrado apenas un tercio de las bancas en las dos cámaras del recinto legislativo, siendo el Partido Colorado la primer minoría en ambas. Esta situación poco holgada en términos de apoyo parlamentario, obligará a Lugo y sus operadores políticos a intentar sumar el apoyo de otras fuerzas, en principio la Unión Nacional de Ciudadanos Éticos (UNACE) del ex General Lino Oviedo, convertida en la tercer fuerza del país, y/o los sectores disidentes del coloradismo desilusionados con la conducción nacional a quienes culpan por la derrota. Todavía está por verse los efectos que un eventual acuerdo con alguna de estas fuerzas pueda traer sobre la agenda progresista del Presidente electo, en el que figura por ejemplo, un amplio programa de reforma agraria. En tercer lugar, Lugo afrontará un desafío importante al tratar de concretar su agenda de gobierno apoyado en una administración pública que, por herencia de largas décadas en el poder y especialmente de los años de Stroessner, está dominada por simpatizantes del Partido Colorado desde hace más de 60 años. En este sentido, es válido resaltar que la derrota del Partido Colorado no ha significado su desaparición del escenario político del Paraguay, por el contrario, tendrá las principales bancadas en el Congreso y administrará la mayoría de los departamentos, lo que lo hace clave para la gobernabilidad.

El variado tablero regional latinoamericano le propondrá asimismo una serie de desafíos al nuevo Presidente. Mucho se discutió durante la campaña sobre el rumbo que daría Lugo a su administración en este particular, en la medida en que existían y existen elementos que parecen acercarlo a las posturas, digamos, más radicales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, en referencia a su adhesión antigua a la Teología de la Liberación, su acción pastoral en el pobre Departamento de San Pedro o algunas de sus propuestas como la mencionada reforma agraria o la renegociación de los Tratados de Itaipú y Yaciretá. Incluso sus principales contendientes en el proceso electoral hicieron esfuerzos por encasillarlo dentro de este “eje”, al cual irónicamente Evo Morales dio la bienvenida. Sin embargo, el Presidente electo se ha mostrado algo más ambiguo con respecto a sus definiciones ideológicas y el eventual rumbo de su política exterior. Ha insistido en que se ubica en el centro del espectro político (“como la boca del poncho”1) y que su objetivo es tener buenas relaciones con todos los países por el bien del Paraguay. No obstante, ha mostrado especial interés en el proceso que lleva adelante el socialista Tabaré Vázquez en Uruguay, y ha tenido buenas referencias a la administración del Partido de los Trabajadores en Brasil. Solo el tiempo dirá si está haciendo con esto una preferencia por esta tendencia más pragmática de las administraciones en la región.

Para resumir, y como ha podido verse en los párrafos anteriores, los desafíos que enfrentará Fernando Lugo en los próximos cinco años no son pocos y por ello no le será sencillo ser el primer Presidente no colorado en 60 años. El resultado final de su administración dependerá en buena medida de su capacidad para moverse como el jefe de un gobierno de coalición sin mayorías legislativas. Cuenta, sin embargo, con el enorme capital político de haber vencido sin atenuantes al Partido Colorado y de encarnar en su figura un cambio que buena parte de la sociedad paraguaya espera desde hace tiempo.