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Fidel y la dictadura argentina

Diario PERFIL (Buenos Aires, Argentina)
26 de marzo de 2006
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Por Kezia Mckeague*

Si bien sus relaciones no siempre fueron óptimas, Cuba y la última dictadura argentina se llevaron muy bien en el sensible plano de los derechos humanos.

AMISTADES.
Fidel Castro, con el presidente Reynaldo Bignone (arriba) y el canciller Nicanor Costa Méndez (abajo, a la izquierda), dos exponentes de la dictadura argentina (1976- 1983).

Para los militares argentinos, era imperativo contrarrestar las críticas internacionales a la represión que siguió al golpe de 1976. Este esfuerzo se centró en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en Ginebra, donde los militares anticomunistas irónicamente hallaron respaldo diplomático entre sus adversarios ideológicos.

El rol de la Unión Soviética en la defensa argentina es bien conocido entre los expertos en derechos humanos. Menos conocido es el apoyo que dio Cuba al gobierno militar para impedir que se considere el caso argentino en Naciones Unidas.

Para Gabriel Martínez, el embajador de la dictadura argentina en Ginebra, Cuba actuó como “interlocutor” entre su delegación y las de Europa del Este. Cuando Martínez necesitaba pasar un mensaje a un país del bloque del Este generalmente le pedía al embajador cubano que fuera su mensajero.

Cuba también ayudó a convenir reuniones de los delegados No Alineados en nombre de Argentina. Dichos favores reflejaron una relación entre los representantes cubanos y argentinos en Ginebra, que Martínez describió como “óptima” y “extremadamente cercana”.

Este apoyo de Cuba y los otros países No Alineados y socialistas en la comisión resultó crucial en febrero de 1979 para evitar una investigación pública del caso argentino.

¿Por qué un régimen comunista apoyó a una junta militar fervientemente anticomunista? La explicación más obvia es que ambos gobiernos violaban los derechos humanos y por ende buscaban protegerse a sí mismos de las críticas y resistir cualquier expansión de los mecanismos de aplicación de la ONU.

Este interés compartido fue seguramente una condición necesaria para la colaboración, pero no fue, en sí misma, una causa suficiente. Durante este período, de hecho, el gobierno cubano corría poco riesgo de ser investigado porque tenía numerosos aliados dentro de la comisión, lo cual impidió el debate sobre Cuba hasta 1987.

La perspectiva conciliatoria de Argentina probablemente fue el factor más importante dado el objetivo de Cuba de normalizar las relaciones con los países del Hemisferio. La dictadura argentina evitó la confrontación y prefirió las relaciones políticas correctas y un comercio limitado con la Isla. Esa relación tan especial les ahorró a los líderes comunistas argentinos la persecución de los dictadores y permitió que ese partido mantuviera sus oficinas y funcionara en el mismo estado de semilegitimidad que el resto de los partidos de derecha y centro.

Desde la perspectiva argentina, habría tenido poco sentido político abstenerse del apoyo cubano. De hecho, la dictadura buscó activamente aliados como Cuba para evitar el aislamiento internacional. De cara a las críticas de los gobiernos europeos y de la administración de James Carter, las alianzas típicas se invirtieron en Ginebra, con una dictadura anticomunista, prooccidental, acudiendo a países socialistas y en desarrollo para protegerse de las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos.

La membresía simultánea de Cuba en el bloque latinoamericano, el campo socialista y el movimiento de No Alineados la colocó en una posición particularmente influyente para los intereses de Argentina.

* Politóloga norteamericana, investigadora asociada del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

 


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