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28 de Noviembre de 2014
Institucionales /Prensa / Diarios
El nuevo mapa político en América Latina
16 de julio de 2010
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Este año, Chile, Uruguay, Brasil, Colombia y Costa Rica estrenan presidente, mientras que la Argentina, Perú, Nicaragua y Guatemala lo harán en 2011. ¿Cómo se perfila el futuro para los gobiernos de la región? El peligro de las democracias populistas.
Omer Freixa

Un hombre de negocios que se convierte en Primer Mandatario tras 20 años de gobierno de la Concertación. Un ex sindicalista que se despide de sus últimos meses de ejercicio (aunque en un principio carente de apoyo) con loas y aplausos. Un descendiente de inmigrantes lituanos que no pudo alcanzar el sueño de domar las selvas peligrosas. Este año, cinco países (Chile, Uruguay, Brasil, Colombia y Costa Rica) estrenan presidente, en tanto que en 2011 otras cuatro naciones (Argentina, Perú, Nicaragua y Guatemala) harán lo propio. Sin lugar a dudas, las tierras al sur del Río Grande atraviesan una época de cambios y redefiniciones en materia político-económica que ayudarán a delinear el nuevo mapa regional, donde el hecho de tener un mercado interno competitivo, así como un líder genuino, parecen convertirse en los factores de mayor peso.

En años electorales, la ansiedad sobre el futuro institucional plantea interrogantes. A primera vista, sin embargo, todo lleva a pensar más en la continuidad de gestión que en grandes cambios de agenda. ¿Hay lugar para otras democracias populistas? “El diagnóstico del giro a las izquierdas es exagerado porque, si bien es cierto que existen gobiernos más progresistas que otros, más que un cambio de época hay que vislumbrar el tema de modificaciones permanentes en las coaliciones políticas de turno”, expresa Marcelo Leiras, profesor especialista del Centro de Educación Empresaria y director de las carreras de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés (UdeSA). “Si bien el giro a la izquierda fue un hecho del pasado, hoy la tendencia no es tan clara”, agrega Ignacio Labaqui, profesor del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina (UCA).

El primer batacazo lo dio el candidato por Renovación Nacional, el empresario Sebastián Piñera Echenique, que significó el recambio político tras 20 años de gobierno de la Concertación y un giro a una gestión de centroderecha que venció por un estrecho margen en segunda vuelta al ex presidente trasandino Eduardo Frei. A casi cuatro meses de la asunción, no se observan grandes cambios en la política seguida por el sucesor de Michelle Bachelet. En Brasil cabría esperar una situación similar si se da el triunfo del candidato José Serra tras años de gobierno de su contraparte, Luiz Inácio Lula da Silva (recuadro). También Uruguay estrenó presidente en marzo de este año. José “Pepe” Mujica, un ex tupamaro, asumió el segundo gobierno de la coalición izquierdista del Frente Amplio.

La cuestión de continuidad de agenda, asimismo, se palpa en casos como el de Costa Rica, con el triunfo de la candidata oficialista Laura Chinchilla Miranda, primera mujer postulada para ese cargo, sucediendo al presidente Oscar Arias Sánchez.

De cara a los comicios presidenciales mexicanos de 2012, el batacazo que recibió el Partido Autonomista Nacional (PAN) ante los resultados alentadores que obtuvo la oposición en las últimas elecciones, seguramente no será motivo suficiente para torcer el rumbo económico en un país que crece a un muy buen ritmo con el segundo PBI de América Latina, de u$s 1482 billones, sólo superado por el brasileño.

Calendario electoral

Un punto que hermana a estos países, seguramente con la excepción de la Argentina, es el espíritu de continuidad de políticas pese al cambio de mando. Por eso, en estas elecciones poco parece importar, al menos desde el orden de los grandes giros en sus directivas macro, si el triunfo recae en manos del oficialismo o la oposición. Por eso, y a pesar de las críticas que recibió Álvaro Uribe en los últimos meses de su gestión, los colombianos también abogan por continuidad ante el triunfo que obtuvo en ballotage el uribista Juan Manuel Santos frente a su rival, Antanas Mockus.

En Perú, en tanto, habrá elecciones en 2011. Se espera que el cambio de mando no afecte la bonanza económica que atraviesa el país: con la calificación de investment grade de la mano de calificadoras de riesgo como S&P y Fitch Ratings, durante el primer trimestre de 2010, la economía creció un 6%, a pesar de la alta impopularidad del presidente Alan García. Las perspectivas de victoria del eventual candidato oficialista del aprismo en 2011, en tanto, son muy bajas. No obstante, existe una constante que resulta útil apuntar: “En las próximas elecciones no hay candidatos que cuenten con la simpatía y apoyo abierto por parte de Hugo Chávez, que ya tiene un bloque consolidado con el ALBA”, señala Ricardo López Göttig, director del Consejo Académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Un paréntesis. Si bien no se trata de una elección presidencial, los comicios legislativos que se realizarán en Venezuela en diciembre pueden ser significativos por su proyección continental. Para Chávez, el contexto económico no resulta favorable debido a los altos índices de inflación y a la baja del precio del crudo. Si a su decreciente popularidad se suma un buen resultado opositor, “podría llegar a marcar el comienzo del fin del ciclo chavista con repercusiones regionales”, agrega Labaqui.

La unión hace la fuerza

Genuina y con ambiciones positivas, América Latina alberga el deseo de superar un gran desafío: lograr la inserción en el sistema mundial, tal como lo vienen haciendo las nuevas “locomotoras”: China e India. Fernando Moiguer, economista y titular de la consultora Moiguer y Asociados, no duda del éxito de esta estrategia constructivista que goza del asidero de una discursividad potente y la aparición de agendas nacionales manejadas por líderes genuinos. “Se debe ver en Piñera a un chileno; a Santos, en Colombia, como un colombiano, etc.”, agrega.

Si bien América Latina no tiene más en común a primera vista que el idioma, la unidad debe ser restituida en pos de lograr esa tan ansiada inserción mundial. Asimismo, países como Brasil, Chile, Bolivia y Perú comparten un eje discursivo basado en la inclusión social. Estas naciones generaron una clase media en tiempo reciente, si bien el problema de la redistribución del ingreso no está resuelto.

La novedad se da en la región andina (Bolivia, Ecuador y Venezuela, principalmente), con la aparición de nuevos grupos sociales, muchas veces en conflicto.

La Argentina, en este sentido, se encuentra rezagada. Junto a Uruguay y a Costa Rica, si bien fueron en sus orígenes naciones jóvenes con el orgullo de poseer clases medias cuando no existían en otros países de la región, hoy se debaten en pensar métodos de inclusión o evitar su extinción. Las otras hermanas las han aventajado en ese aspecto.

El rol del líder político, en tanto, se presenta como otro desafío. La región supo dar muestras de autenticidad en la gestión pública que se manifestó, por ejemplo, en el aprovechamiento de las commodities (el cobre en Chile, el gas en Bolivia y el petróleo en Brasil). “La continuidad debe ser la pauta común, porque sólo ésta asegura los buenos desempeños políticos para los líderes en sus países y el refuerzo de su carácter genuino”, comenta Moiguer.

En este marco, los cambios imprevistos están mal vistos. Un caso fue el de Nicaragua, cuando el presidente Daniel Ortega intentó lanzar una candidatura por su reelección en contra de la ley, por medio de un fallo anticonstitucional, que agitó las aguas en la oposición.

“La disrupción sobre la continuidad en las agendas políticas resulta peligrosa para el sostenimiento de las coaliciones políticas, pero no para el consenso que se tiene sobre avanzar en la profundización de determinado modelo económico”, agrega Leiras. Las coaliciones cambian, pero el modelo prevalece. A fin de cuentas, siempre se encuentra la unidad en la diversidad, a pesar de desconocerse hacia dónde va la tendencia.

Uruguay, Colombia, Chile y, en menor grado Brasil, no fomentan la conflictividad y el desafío en su práctica política. Por el contrario, hacen esfuerzos por cimentar los logros conseguidos y no acentuar la agudización de conflictos sociales. Pero, en cambio, en la Argentina para las elecciones del año próximo “la continuidad del kirchnerismo se asentaría en la polarización y el conflicto”, explica López Göttig de CADAL. Labaqui complementa esta explicación al recordar que, a pocos meses de las elecciones, del lado de la oposición aún no se sabe con firmeza quiénes serán los posibles candidatos.

Por otra parte, si de continuidad se trata, el discurso del giro a las izquierdas en América Latina viene ligado al ítem muy polémico del populismo. Las definiciones no escasean. Puede ser visto como la inclusión de sectores bajos a la clase media permitiendo revalorizar la palabra “pueblo” bajo una forma de conducción hiperpersonalista. Otros lo presentan bajo la forma peyorativa de demagogia para las masas. La categoría es difusa y analíticamente poco útil. Entonces, cabe preguntar por qué regímenes que típicamente han sido calificados de populistas son caracterizados así (los gobiernos de Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa).

Pese al fantasma del populismo, “las democracias en América Latina son estables”, sentencia Leiras, y los regímenes pueden dividirse de una forma que ya es un cliché, sintetizado por Labaqui: “los gobiernos de izquierda de tradición socialdemócrata o moderados (Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Costa Rica) de las administraciones de izquierda si se quiere bolivariana (Venezuela, Ecuador, Nicaragua)”. En suma, dos estilos de democracia: el primero liberal-republicano que resulta la antítesis del segundo, de corte movimientista o plebiscitario, con escaso apego al estado de derecho y liderazgos personalistas.

Integración e inserción global

En tiempos en que el Viejo Continente hace frente a la tormenta que desató la quiebra de Lehman Brothers hace un año y medio, América Latina, en tanto, parece estar sumida en un presente auspicioso, marcado por el incremento en su PBI y las buenas expectativas de desarrollo. De hecho, un estudio de BBVA Research estima un crecimiento para la región del 4,6% durante este año. “Nunca se asistió a un momento tan bueno de la región como el de estos últimos tiempos”, opina Leiras. Brasil, Chile, Colombia y Perú, por caso, son naciones que, al haber cimentado sus mercados internos en los últimos tiempos, aprendieron a depender menos de la situación internacional. Asimismo, el revalúo de los términos del intercambio (a largo plazo) coloca a los países en una situación favorable respecto a la valorización de sus exportaciones, a pesar de la crisis mundial.

Sin embargo, no todo brilla bajo el sol. Si se considera que éste es un momento complicado para el intercambio internacional, el principal problema es la posible detención de los procesos de integración en la región. Tomando el caso del Mercosur, se puede decir que “su capacidad de coordinación de políticas macro está en peligro y las relaciones tambalean”, advierte Leiras. El asociacionismo es posible, aunque no está exento de trabas. “El proteccionismo, la inseguridad jurídica, la falta de una política que reconozca el libre movimiento de capitales, personas y bienes”, enumera López Göttig. “El verdadero desafío es la integración regional, en concordancia con la correcta inserción global de los países latinoamericanos”, dice Leiras. La cooperación internacional funciona como refuerzo de los regímenes democráticos. Los especialistas coinciden en que se debe aprovechar el contexto positivo ya que uno de los problemas que tanto la integración regional como la inserción global esperan aminorar es la desigualdad en la distribución del ingreso, el más acuciante en las agendas latinoamericanas. “La convivencia a largo plazo entre la democracia y la inequitativa distribución del ingreso es difícil de pensar y constituye una nota de preocupación para un futuro no muy lejano”, concluye el especialista de la UdeSA. Éste será el verdadero reto para los ganadores de las próximas rondas presidenciales y de los que recién llegan al mando en América Latina.

El despegue de un gigante, a pesar del estigma

Cifras que impresionan y crecimiento al galope. Brasil no tuvo guerra de independencia mientras que el resto de la América hispana veía derramada su sangre. Hoy es la primera economía de América Latina (seguida por México) y la décima más potente del mundo. Con un PBI de u$s 2025 billones, la fuerza laboral más grande de la región, algo más de 95 millones de brazos, sexta en tamaño del mundo, y de variables macro bien estables, Brasil va por más. Supo recuperarse de la crisis financiera global de 2008 mientras que otros no han podido hacerlo.

La imagen de Lula Da Silva es enormemente popular y eso acompaña un pronóstico de continuidad esperanzadora en el crecimiento económico. Un sistema de partidos históricamente muy fragmentado pudo encontrar estabilidad en las coaliciones, por lo que el problema de la alternancia no genera alarmas. Sin embargo, Lula no tiene simpatizantes en todo Brasil. En San Pablo no gusta mucho. Los grupos opositores atacan uno de los puntales débiles: la injusta distribución de la riqueza. Desde que llegó al poder, Lula ha combatido ese mal y logró disminuirlo en un 19%, si bien Brasil sigue figurando séptimo entre los diez países más desiguales del planeta. El mandatario reconoció que la región enfrenta el estigma de la desigualdad.

Principalmente ese problema explica por qué se encuentra la candidata oficialista Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), compitiendo palmo a palmo con el pretendiente de la oposición, José Serra, del Partido Socialista de la Democracia Brasilera (PSDB). La disputa está empatada, todo ello pese al alto índice de popularidad del actual presidente. De todas formas, la eventual victoria del candidato del PSDB no implicaría un cambio de rumbo.

Dos años futuros: 2014 y 2016. Más pronósticos de grandeza para la esperanza del crecimiento. Brasil tiene un notable índice de atracción de inversiones. El próximo mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos a celebrarse en su suelo, incitan a seguir proyectando y soñando.

Fuente: Diario El Cronista Comercial (Buenos Aires, Argentina)