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Artículos
Alineando la tropa
27 de febrero de 2007
Por Claudio Paolillo

Cuando el presidente Richard Nixon aún no había renunciado a la Casa Blanca por el escándalo de Watergate solía pronunciar una frase para definir la visión de Estados Unidos respecto a lo que siempre consideró su patio trasero: para donde vaya Brasil, irá América latina. Esa ha sido desde hace décadas la política de Washington respecto a la región, correspondida con satisfacción por Brasil, que así lo ha asumido también desde que el barón de Río Branco la diseñara en los albores del siglo XX.

Es que, en Brasil, los presidentes pasan e Itamaraty permanece. Y, sea cual sea el partido o la ideología del mandatario de turno, Brasil nunca deja de proponerse a sí mismo como el key country de Estados Unidos en América latina. Lula no es la excepción. Por eso, llega a Uruguay para reunirse con el presidente Tabaré Vázquez 10 días antes de recibir en Brasil al presidente George W. Bush, que no por casualidad iniciará en San Pablo una gira latinoamericana por seis países amigos, que incluye a Brasil y Uruguay y excluye a Argentina y Venezuela.

La rápida visita de Lula a Uruguay demuestra que el presidente brasileño (e Itamaraty) está tratando de retomar la influencia regional que durante los últimos años pareció jaqueada, cuando no ausente, por tres factores: 1) los escándalos de corrupción que sacudieron al primer gobierno de Lula; 2) la campaña electoral brasileña; 3) la irrupción del presidente venezolano Hugo Chávez como aspirante a arrebatarle el liderazgo a Brasil, a base de una chequera forrada de petrodólares que va derramando por la región como si fuera un rey mago, a cambio de legitimación y apoyo político.

Con la gira de Bush como telón de fondo, con el enojo de Uruguay por los disfuncionamientos del Mercosur, con la molestia personal de Vázquez con Lula por haberse lavado las manos en el duro conflicto que mantiene con Argentina a raíz de la instalación de fábricas de celulosa sobre la margen oriental del río Uruguay, y con los coqueteos de Vázquez con Estados Unidos para suscribir un tratado bilateral de libre comercio (resistidos por Brasil), parece claro que Lula ha resuelto, ahora que tiene tiempo, tratar de alinear la tropa antes de que el presidente de Estados Unidos inicie su travesía latinoamericana.

Sintomáticamente, mientras los detalles de los viajes de Lula y Bush a Uruguay eran afinados por las respectivas cancillerías, Kirchner y Chávez, los ignorados por la Casa Blanca, se reunieron en Caracas y anunciaron a tambor batiente diferentes acuerdos por miles de millones de dólares para comprar deuda argentina, salvar a una empresa láctea fundida y asociarse en la explotación de pozos de petróleo en la cuenca del río Orinoco. Los venezolanos le llaman a eso la regaladera. Y ahora, los presentes le tocaron al presidente argentino.

Por eso, Lula no la tendrá tan fácil cuando llegue a Uruguay. Los países chicos lo miran de reojo, hay un nuevo rico en el barrio que está decidido a cualquier cosa con tal de que lo reconozcan como líder, y Estados Unidos ha dejado de pedirle permiso a Brasil para operar en la zona. Nixon es parte de la historia y ya no es tan claro que para donde vaya Brasil, irá América latina.

Claudio Paolillo es Director-editor general del semanario uruguayo Búsqueda.
Fuente:
Diario Perfil