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¿También Irán entrará en el Mercosur?
8 de octubre de 2007
Ahora que el “hermano” Mahmud plantó bandera en La Paz, luego de haberlo hecho en Caracas, Quito y Managua, no sería de extrañar que en una de sus ampulosas apariciones públicas, el jefe del “eje bolivariano”, que es, gracias a la asesoría de Fidel Castro, el primer responsable de todo esto, proponga que Irán también se integre al Mercosur. Parece de locos y es, virtualmente, imposible. Pero de locos es el tiempo que vivimos en América del Sur donde, como pocas veces antes en su historia, nada debería ser descartado.

Hugo le llama "hermano" a Evo. Evo le llama "hermano" a Mahmud. Mahmud le llama "hermano" a Hugo. Hugo, Evo y Mahmud no son, por cierto, los tres sobrinos del Pato Donald. Son los presidentes de Venezuela, Bolivia e Irán, cuyos gobiernos están armando una alianza política "anticapitalista", "antinorteamericana", "antineoliberal" y promotora de una mezcla inédita que tiene como ingredientes asuntos tan variados como el fundamentalismo islámico, el "socialismo bolivariano del siglo XXI", la persecución de las mujeres y de las minorías étnicas, religiosas y sexuales, el flagrante pisoteo de los derechos humanos más elementales (entre ellos, principalmente, la libertad de expresión) y el inevitable hundimiento de la democracia.

Aprovechando su incursión por las Naciones Unidas, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad visitó a sus "hermanos" Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia. Ahmadinejad preside un país donde el que manda es un líder religioso no electo por el pueblo, ha negado la existencia del Holocausto judío perpetrado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y ha impulsado, sin pelos en la lengua, la desaparición del Estado de Israel. Ahmadinejad y su gobierno han sido intimados por las Naciones Unidas a parar con sus proyectos nucleares, considerados una "amenaza" para la paz mundial por Israel, pero también por Alemania, Francia y Estados Unidos.

El Irán de Ahmadinejad recibe constantes denuncias por horribles violaciones a los derechos humanos. En el sitio web de Amnistía Internacional, hay un breve video -tan breve como desgarrador- en el que Shirin Ebadi, la iraní que recibió el Premio Nobel de la Paz en el año 2003, le pide desesperadamente ayuda al mundo para que Ahmadinejad y su régimen despótico paren de violar los derechos humanos en Irán. Dice Ebadi allí: "Agradezco el empeño y esfuerzo de Amnistía Internacional para que los derechos humanos sean respetados en Irán. En Irán tenemos leyes que no son aceptables, como la lapidación, cortar la mano de un ladrón o ejecutar a menores de 18 años. También existen leyes discriminatorias específicamente hacia la mujer. El valor dado a la vida de una mujer es la mitad que la de un hombre. Por ejemplo, si un coche atropella por accidente a una mujer, el dinero que recibe la familia es la mitad que si hubiera sido un hombre. Estas leyes son inaceptables. Amnistía puede ser nuestra gran aliada. Por favor, ayúdennos".

"Lapidación" quiere decir "matar a pedradas". Amnistía Internacional recuerda que "el Código Penal iraní estipula que la pena por adulterio es la ejecución por lapidación y es muy específico con respecto al modo de llevar a cabo la ejecución y al tipo de piedras que deben utilizarse. El artículo 102 dispone que para la lapidación, los hombres tienen que ser enterrados hasta la cintura y las mujeres hasta el pecho. El artículo 104 dispone, en relación con la pena por adulterio, que deben utilizarse piedras 'no tan grandes como para matar a la persona de uno o dos golpes ni tan pequeñas como para no poder considerarlas piedras'". Por supuesto, la muerte por lapidación viola los artículos 6 (derecho a la vida) y 7 (prohibición de la tortura y los tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes) del "Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos".

¿Pero qué les importan a los "hermanos" Hugo, Evo y Mahmud estos detalles insignificantes? Al lado de la "gloriosa cruzada bolivariano-islámica" contra "Satán" y sus títeres (léase, las democracias más grandes del mundo), significan menos que los "daños colaterales" de cualquier guerra.

Pues bien: la megalomanía de Hugo Chávez ha abierto el camino para que la barbarie de la Edad de Piedra haya llegado ya hasta el corazón mismo de América del Sur. Carlos Fuentes, el escritor mexicano, ya había descrito con claridad al presidente venezolano el 19 de julio de 2006 en una entrevista con el diario "La Nación" de Buenos Aires. Cuando le preguntaron qué pensaba de Chávez, Fuentes respondió: "No es un izquierdista. Es un fascista, engañador, un fenómeno pasajero. Está arruinando a Venezuela, está mal empleando el dinero del petróleo. Se le caen las carreteras principales del país. Es un demagogo, una especie de loro tropical. Intenta acabar con los restos de la democracia venezolana. Se benefició del vacío que dejaron los partidos políticos, pero será desalojado por la sociedad venezolana misma, a la que respeto mucho y a la que no imagino gobernada por este gorila para siempre"

Mientras tanto, sus "amigos" Rafael Correa (Ecuador), Néstor Kirchner (Argentina) y Tabaré Vázquez (Uruguay) continúan haciéndose los desentendidos y siguen trabajando como "embajadores" del nuevo tirano venezolano. El primero, porque es un conspicuo integrante del "eje bolivariano" inventado por Chávez; el segundo (¡vaya novedad!) por estricta conveniencia económica: Argentina le debe miles de millones de dólares en "favores" a Venezuela por la compra de los "Bonos del Sur" para hacer frente a parte de su deuda externa; y el tercero, porque cree angelicalmente -y así lo trasmitió hace dos semanas en Bruselas, Madrid y Lisboa a sus azorados interlocutores de la Unión Europea- que es mejor tener al "loco" adentro del Mercosur y "apretarlo" con sus reglas (que no cumplen ni siquiera sus socios actuales), que dejarlo "libre" para hacer disparates. No parece que los europeos hayan sido convencidos por el presidente uruguayo.

Recientemente, la estrategia iraní en procura de ganar presencia política en América Latina consiguió un nuevo avance. Un "Movimiento Nacional de Solidaridad con el Pueblo de Irán" fue fundado en Ciudad de México, con parlamentarios de izquierda y los llamados "grupos sociales". Como no podía ser de otra manera, los embajadores latinoamericanos que asistieron al magno evento fueron los de Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua. El novel "Movimiento" anunció que apoyará a Irán "ante las conspiraciones de Estados Unidos, Israel y sus aliados".

Uruguay comercia con Irán y eso es natural que ocurra porque así ha sucedido siempre. Todos los países comercian hoy con China, el totalitarismo político más grande que existe actualmente en el mundo, así como, por citar otro ejemplo, las dictaduras militares de Argentina y Uruguay, autoproclamadas "anticomunistas", mantenían excelentes relaciones comerciales con la dictadura que lideraba al comunismo mundial desde la Unión Soviética. Así que hacer negocios no es el problema. El problema es comprometerse políticamente con sistemas totalitarios, como el gobierno de Uruguay lo ha hecho al votar a tambor batiente el ingreso de Venezuela al Mercosur.

¿Qué tiene que hacer el Uruguay legitimando este dislate antihistórico y demencial que, impulsado por Chávez y a fuerza de barriles de petróleo, quiere meter en América Latina una cuña tan extraña como peligrosa? ¿Qué tiene que ver la tradicional política exterior uruguaya basada en los principios de "no intervención", "autodeterminación" y "solución pacífica de los conflictos" frente a un grupo de dictadores o protodictadores violadores de derechos humanos que ante el principio de "no intervención" proponen "intervención", ante el de "autodeterminación" plantean "fragmentación" y ante el de "solución pacífica de los conflictos" amenazan con "guerras revolucionarias"? ¿Cambiaron los ejes de la política exterior que siempre mantuvo el Uruguay? ¿O, sin avisar a la ciudadanía, el gobierno de Vázquez y de Gargano ya situó al Uruguay en el "eje bolivariano"?

Ahora que el "hermano" Mahmud plantó bandera en La Paz, luego de haberlo hecho en Caracas, Quito y Managua, no sería de extrañar que en una de sus ampulosas apariciones públicas, el jefe del "eje bolivariano", que es, gracias a la asesoría de Fidel Castro, el primer responsable de todo esto, proponga que Irán también se integre al Mercosur. Parece de locos y es, virtualmente, imposible. Pero de locos es el tiempo que vivimos en América del Sur donde, como pocas veces antes en su historia, nada debería ser descartado. Incluso, que poco a poco nuestros gobernantes se vayan transformando todos en "socialistas bolivarianos del siglo XXI" y, también, en defensores del fanatismo religioso.

Este artículo fue originalmente publicado por el semanario uruguayo Búsqueda el jueves 4 de octubre de 2007.