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Artículos
La pasión de Cobos
30 de julio de 2008
Cobos le devolvió la esperanza y la alegría a millones de argentinos, que ya habían descubierto que la “batalla del campo” era mucho más que una pugna de intereses económicos y había pasado a ser una lucha por la libertad. Fue el hombre común y corriente que estaba faltando para contener la intolerancia avasallante con la cual los argentinos se estaban acostumbrando a convivir desde que Néstor Kirchner entró por casualidad a la Casa Rosada en el 2003.

Julio Cobos era un nombre que no decía nada en el contexto de la política regional. Todos conocían, en América y en Europa, a los Kirchner, los Chávez, los Ortega, los Lula, los Uribe, los Vázquez, los Lugo, los Correa, los Morales, los García, los Calderón y los Bachelet, por citar sólo a los más notorios políticos de la actualidad en América Latina. Pero si alguien mencionaba el nombre de Julio Cobos, la mayoría arqueaba sus cejas y preguntaba: “¿y éste quién es?”.

Ni siquiera cuando resultó electo como vicepresidente argentino en la fórmula que encabezó Cristina Fernández de Kirchner, Cobos pasó a integrar la agenda de los políticos “a considerar” entre todos los que se mueven en el escenario latinoamericano. Ingeniero de profesión, el máximo logro político de Cobos antes de llegar a la Vicepresidencia de uno de los países más importantes de la región había sido acceder a la gobernación de la provincia de Mendoza, al oeste de Buenos Aires.

Cobos dictaba cursos de riego y drenaje como profesor universitario y se destacaba como especialista en temas tales como cálculo de alcantarillas en acero corrugado, redes de agua y cloacas. Además, su alianza con los Kirchner le había costado la expulsión “de por vida” de la Unión Cívica Radical (UCR), uno de los dos partidos tradicionales de Argentina. Su peso político era, pues, casi insignificante.

Hasta que llegó la madrugada del jueves 17. Ese día, a este hombre gris y solitario, considerado apenas un instrumento más del “poder K”, especialista en redes de agua, alcantarillas y cloacas, le llegó inesperadamente su vía crucis. Tuvo que definir entre seguir siendo un sumiso soldado de una maquinaria de poder que parecía indestructible y votar a favor de una ley confiscatoria para los productores rurales o enfrentarla con el único respaldo de su conciencia republicana y el riesgo real de acabar con su carrera política y, quizá, hasta con su propia vida.

En aquélla dramática madrugada, con el recuerdo fresco de las amenazas directas que acababa de recibir entre empujones de dos de los matoncitos que Kirchner tiene en el Senado argentino, con su rostro transido por la angustia y el miedo, despeinado, casi balbuceando su respuesta, Cobos se animó a decir que no. Fue como aquél joven chino que expuso su esmirriado físico para, en nombre de la libertad, frenar él solo a los tanques de guerra que avanzaban sobre la plaza Tiananmen con el propósito de derrotar a la fuerza de la razón por la razón de la fuerza.

El “pobre de Cobos”, que se olvidó de levantar la sesión y huyó despavorido del Congreso hacia su Mendoza natal después de desnudar con un simple gesto republicano la ordinaria prepotencia de los Kirchner, devolvió la esperanza y la alegría a millones de argentinos, que ya habían descubierto que la “batalla del campo” era mucho más que una pugna de intereses económicos y había pasado a ser una lucha por la libertad. Fue el hombre común y corriente que estaba faltando para contener la intolerancia avasallante con la cual los argentinos se estaban acostumbrando a convivir desde que Néstor Kirchner entró por casualidad a la Casa Rosada en el 2003.

El destino lo eligió para recordar a sus compatriotas que ningún régimen autoritario, por más omnímodo que se sienta, soporta para siempre el aliento libertario de los ciudadanos y que los pueblos pueden ser sometidos durante algún tiempo pero algún día rompen las cadenas.

Entonces, Cobos, el experto en alcantarillas, se hizo famoso en todo el mundo. Casi sin darse cuenta. Y ahora, en Argentina, algunos hasta comenzaron a temerle.

Claudio Paolillo es Director del semanario "Búsqueda" en Uruguay.