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Artículos
El riesgo uruguayo
30 de noviembre de 2008
Si bien la relevancia de los comicios internos en los partidos opositores es inocultable -pues esas fuerzas superarían hoy al oficialismo en una segunda vuelta- no hay nada más decisivo para el futuro del Uruguay que las internas del Frente Amplio. ¿Por qué? Porque en esa elección está, o puede estar, la gran noticia.
Por Claudio Paolillo

El domingo 28 de junio de 2009, cada partido político del Uruguay realizará elecciones internas para definir quiénes competirán por la Presidencia de la República cuatro meses después. Las campañas proselitistas han cobrado vigor en las últimas semanas y es lógico: faltan siete meses.

Todas las internas partidarias previstas para ese día son trascendentes puesto que de ellas surgirán las únicas personas que, a partir de entonces, quedarán habilitadas por la Constitución para ocupar la Presidencia durante cinco años desde el 1º de marzo de 2010.

Hasta ahora, las encuestas dicen que ningún partido conseguiría más del 50% del electorado en la primera vuelta y que, por tanto, habría un ballotage entre los dos candidatos más votados: uno por el gobernante Frente Amplio (con sectores que van desde la izquierda marxista hasta la socialdemocracia) y otro por la oposición de los partidos Nacional, Colorado e Independiente (con corrientes que integran desde socialdemócratas hasta la derecha más conservadora).

Y si bien la relevancia de los comicios en los partidos opositores es inocultable (los sondeos actuales dicen que, sumadas, esas fuerzas superarían hoy al oficialismo en una segunda vuelta), no hay nada más decisivo para el futuro del Uruguay que las internas del Frente Amplio. ¿Por qué? Porque en esa elección está, o puede estar, la gran noticia.

Los uruguayos saben que cualesquiera sean los candidatos de la oposición, ninguno de ellos levantará algún tipo de opción estratégica diferente a la que representan la democracia liberal y la economía de mercado como marco institucional para ejercer el gobierno y el poder. Pero en el Frente Amplio la situación no es esa.

El asunto central de los debates públicos o encubiertos que se desarrollan al interior del Frente Amplio para determinar quién será su candidato presidencial es, precisamente, cómo será desde el año 2010 la forma de organización de la sociedad uruguaya.

Hay un sector del Frente Amplio, mayoritario electoralmente, que no aspira a sustituir los pilares sobre los cuales se edificó la historia larga del Uruguay: la democracia liberal como forma de gobierno y la economía de mercado o capitalismo, con mayor o menor intervención estatal, como método para organizar las transacciones económicas, la producción y el consumo de bienes y servicios, con oferta y demanda y con protección de la propiedad privada. Este sector está liderado por el cerno del gobierno: el presidente Tabaré Vázquez, su canciller y ex secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández, y el ex ministro de Economía, actual senador y precandidato presidencial, Danilo Astori. Es la izquierda socialdemócrata que ha gobernado y sigue gobernando, más allá de marchas y contramarchas, bajo los parámetros tradicionales de la democracia uruguaya.

El otro sector, minoritario electoralmente pero aparentemente mayoritario entre la dirigencia y la militancia frenteamplista, está liderado por los ex guerrilleros tupamaros y por los comunistas de viejo cuño, que por cierto no creen ni en el capitalismo, ni en la economía de mercado ni en la democracia liberal. Creen —como siempre creyeron y nunca lo ocultaron— en la "liberación nacional" y en el "socialismo", aunque éste se haya derrumbado en todas sus formas desde la caída del Muro de Berlín. En versión latinoamericana, luchan por algo parecido al "chavismo" o al "kirchnerismo", aunque nadie ha explicado aún cómo se aplicaría la variante uruguaya y sin petróleo de ese sistema de organización de la sociedad.

Ahí está planteada, pues, la única pugna de fondo. La única donde los nombres y las ambiciones personales de cada quien quedan, claramente, en un segundo plano. La única en donde puede ser resuelto un cambio estructural para la sociedad uruguaya.

Dado el curioso sistema de partidos que existe en Uruguay, esto significa que por lo menos 80% de los ciudadanos uruguayos (nacionalistas, colorados, independientes y frentistas socialdemócratas) pueden quedar rehenes de una minoría convencida que quiere el poder a toda costa, que milita mucho, que agita mucho, que vocifera mucho y que, con sus gritos, asusta a unos cuantos.

Este sector aplica la vieja táctica bolchevique y, como lo hizo Lenin, trata de apoderarse de la "revolución" (o, en este caso, del control de la sociedad). Lo demás, si esto acaba sucediendo, ya se sabe cómo termina porque esta película fue estrenada hace más de un siglo. Ya la vio todo el mundo y por eso es difícil conseguirla en los clubes de video de los países que funcionan. Está archivada por su escasa demanda.

Pero en Uruguay la película es reestrenada año tras año cada vez que los tupamaros festejan sus acciones guerrilleras más sangrientas de los años '60 y '70 o cuando los comunistas vuelven a reivindicar la dictadura del proletariado. Y muchos intelectuales, ciertos corresponsales extranjeros (sobre todo, los del "primer mundo") y determinadas editoriales comentan el antiguo rollo como si hubieran descubierto la pólvora.

Este es el verdadero "riesgo país" del Uruguay. No está marcado por números, sino por la porfiada vigencia de ideologías que anidan en los espíritus conservadores de una izquierda dinosáurica que todavía cree que los gulags pueden ser una opción válida.

Claudio Paolillo es Director del semanario uruguayo "Búsqueda" y miembro de la Junta de Directores de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).