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Artículos
El resabio es Cuba
24 de diciembre de 2008
¿Qué es más importante para el señor Insulza? ¿El “resabio” y la “anomalía” que supone el embargo norteamericano —inútil y condenable, ciertamente— o el “resabio” y la “anomalía” de que desde hace medio siglo 10 millones de cubanos vivan bajo el yugo de una tiranía que les niega su libertad, su derecho a vivir en democracia, en un estado de derecho, en una república y bajo el imperio de la vigencia de los derechos humanos más elementales?
Por Claudio Paolillo

Durante los coloridos tinglados que arma Brasil periódicamente en su incesante intento por liderar un reino periférico como aquellos a los cuales Roma ni siquiera se molestaba en conquistar debido a su insignificancia en el mundo, siempre hay algún personaje que da la nota. Esto es: da la nota, los diarios ocupan sus portadas por uno o dos días con la extravagancia de turno y, luego, todo queda en el más completo de los olvidos, simplemente porque casi nunca se trata de algo trascendente.

Ultimamente, el presidente venezolano Hugo Chávez es uno de los permanentes inscriptos para inventar la mejor sandez a efectos de centrar la atención general en él, por más que cada vez que lo hace agrega “puntos” a su larga lista de tonterías que provocan vergüenza ajena.

Dos por tres, a Chávez —que tampoco es Superman como para acaparar siempre los reflectores— le sale algún competidor. Y en la última “cumbre” organizada por Lula en Costa de Sauípe entre el 15 y el 17 de diciembre, el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, le ganó por varios cuerpos al presidente caribeño.

Insulza, un ex canciller de Chile y aspirante a presidir ese país, es el mismo a quien Chávez llamó “pendejo” e “insulso” hace no mucho tiempo por el simple hecho de que aquél había osado esbozar una leve crítica sobre la lamentable situación de la libertad y del estado de derecho en Venezuela. Luego del insulto soez del ordinario protodictador caribeño, Insulza se asustó. Y, en una actitud indigna para un secretario general de la OEA, al siguiente encuentro en que ambos coincidieron, hizo todo tipo de genuflexiones para aplacar al militar autoritario y populista que tanto daño le está haciendo a la región.

Ahora, en la heterogénea “combocumbre” de Costa de Sauípe, las tres decenas de presidentes presentes rompieron en plañideros aplausos para saludar el ingreso de Cuba al Grupo de Río, uno de los tantos “mecanismos regionales” que —como la Unasur, el Mercosur, el Pacto Andino, la Cumbre Ibeoramericana y tantas otras siglas “integracionistas” que pululan en la zona— son más útiles para las compañías de aviación y las cadenas hoteleras, que para los millones de hambrientos latinoamericanos.

El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, manifestó su “enorme alegría” por el “justo ingreso e integración de nuestros hermanos cubanos” y se arrogó el derecho de hablar en nombre de “la gran mayoría del pueblo uruguayo”, acerca del cual aseguró que “desde un principio estuvo al lado del pueblo cubano y su revolución” ¿De dónde habrá sacado el presidente que el “pueblo cubano” es propietario de esa “revolución” a la que alude? ¿Qué instrumentos de medición habrá empleado para llegar a semejante conclusión en un país donde desde hace medio siglo el “pueblo cubano” no puede elegir libremente a sus gobernantes y ni siquiera tiene derecho a criticarlos? ¿Por qué se alegra, en fin, de tener “hermanos” dictadores?

En ese ambiente festivo del latinoamericanismo “mágico”, el secretario general Insulza fue uno de los fervorosos animadores de los abrazos a Raúl, hermano del dictador Fidel Castro, que funge como nuevo mandamás en la isla. Y, en declaraciones a la AFP, el chileno hizo una de sus más infelices afirmaciones públicas. Dijo que “el aislamiento de Cuba es un resabio de la guerra fría” y que “los organismos internacionales del sistema interamericano tendrán que ir corrigiendo esa anomalía”.

Lo peor de todo es que estas desgraciadas declaraciones no partieron del loro parlante de Venezuela ni de sus esmirriados acólitos de Argentina, Bolivia, Ecuador o Nicaragua. Partieron de un hombre inteligente, que sabe perfectamente lo que ocurre en Cuba desde hace medio siglo, que conoce al milímetro los términos inequívocos de la Carta Democrática Interamericana, que cree en la libertad, en la república, en la democracia y en el imperio de la ley, que puede distinguir mejor que muchos qué es un estado de derecho y qué no lo es...pero que, lastimosamente, se acomoda al aire que le sopla en la nuca en este momento, olvida que los vientos tarde o temprano siempre cambian, abandona sus propios principios...y transa.

Es falso lo que sostiene Insulza sobre el “aislamiento” de Cuba. Cuba no está “aislada” ni “bloqueada”, como mienten sus dictadores y repiten machaconamente los amigos de éstos. Hay, sí, un anácrónico e inservible embargo de Estados Unidos, pero Cuba tiene relaciones políticas, económicas y comerciales con todo el resto del mundo.

Y si el embargo norteamericano (que no el “aislamiento” de la isla) puede ser considerado “un resabio de la guerra fría”, ¿qué habría que decir del propio régimen de hierro que existe en ese pobre país desde 1959? ¿No es “un resabio de la guerra fría” que en pleno siglo XXI todavía exista un gobierno que continúa reprimiendo el más básico de los derechos humanos, como la posibilidad de disentir pacíficamente con lo que los que usurpan el poder desde hace 50 años dictan? ¿El señor Insulza desconoce lo que confirman organizaciones tan respetables como Human Rights Watch (HRW)? Seguramente no las desconoce. Pero, por razones incomprensibles, decide hacerse el distraído. El último informe de HRW sobre la dictadura cubana no puede dejar dudas, ni aun a los que acomodan el cuerpo, como Insulza: “el gobierno cubano continúa restringiendo prácticamente todas las vías de oposición política e impone estrictos límites a la libertad de expresión,

asociación, reunión, circulación y de prensa. Las leyes y las instituciones de Cuba, bajo el control del estado, ofrecen el fundamento que permite estas violaciones de derechos básicos, en tanto los procesos penales, las detenciones, el hostigamiento y la vigilancia se utilizan habitualmente para reprimir a la oposición. Además de los disidentes que fueron detenidos en los últimos días (se refiere a este mismo mes de diciembre), son más de 200 las personas encarceladas en Cuba por razones políticas”.

¿Qué es más importante para el señor Insulza? ¿El “resabio” y la “anomalía” que supone el embargo norteamericano —inútil y condenable, ciertamente— o el “resabio” y la “anomalía” de que desde hace medio siglo 10 millones de cubanos vivan bajo el yugo de una tiranía que les niega su libertad, su derecho a vivir en democracia, en un estado de derecho, en una república y bajo el imperio de la vigencia de los derechos humanos más elementales?

Insulza, claro, sabe la respuesta mejor que nadie. Pero ha optado por abrazar al sanguinario Raúl Castro, por legitimar a la dictadura de Fidel Castro, por dar la espalda a los 10 millones de esclavos que viven en la isla y por ignorar la Carta Democrática que está obligado a hacer respetar.

El papel cumplido por el señor Insulza incluye otro sorprendente olvido. Como chileno, él sabe muy bien qué es una dictadura. Padeció, como millones de sus compatriotas, la bota infame de Pinochet. Y, como millones de chilenos, se opuso a ese régimen despótico. Es una lástima que haya creído, con razón, que los chilenos merecían vivir en democracia y en libertad y que, ahora, cuando los cubanos de a pie más lo precisan, les dé vuelta el rostro y los deje, como hace décadas están, a merced de sus “líderes” totalitarios.

Claudio Paolillo es Director del semanario uruguayo "Búsqueda" y miembro de la Junta de Directores de la Sociedad Interamericana de Prensa.