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Prensa / Internet
Fuerte rearme militar en América Latina: Conflictos fronterizos, narcotráfico, terrorismo y populismo multiplican las compras de armamento en la región ante la mirada preocupada de Estados Unidos
30 de marzo de 2006
Fuente: Nuevo Digital (España)

De la mano de las recurrentes compras de armamento dipuestas por buena parte de los gobiernos de la región, las cuestiones vinculadas con la defensa y la seguridad han vuelto a ocupar el centro de la escena en América Latina. Las razones del acelerado armamentismo regional son muchas y variadas. Por ejemplo, la subsistencia de diferendos limítrofes entre algunos países y el peso cada vez más creciente de las bandas vinculadas al narcotráfico y el terrorismo internacional.

A estos factores se suman las permanentes crisis político-sociales que han sacudido a varios estados y el ascenso político de corrientes neopopulistas y nacionalistas que ven en los planes de rearme militar un mecanismo viable para reforzar su autonomía interna ante posibles intervenciones de gobiernos externos, según advierte un informe del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Venezuela, a partir del desembarco de Hugo Chávez en el gobierno, se ha constituído en el país que incrementó de forma más significativa su presupuesto en materia de defensa en los últimos años. Pero no es el único caso. También han aumentado los recursos destinados al reequipamiento o el desarrollo de tecnología militar los gobiernos de Chile, Brasil, Colombia, Perú y Argentina.

El proceso de reame latinoamericano es seguido con atención por la Casa Blanca. En algunos casos, Estados Unidos ha respaldado las compras de armamento realizadas por los gobiernos de la región, entendiendo que se trata de un proceso natural en el marco de la necesidad de afrontar los diversos problemas de seguridad interna que se plantean a las autoridades o como parte de la actualización de su equipamiento bélico.

Pero en otros, como el caso de Venezuela, la inquietud de Washington es mucho más ostensible y se relaciona con el temor de algún intento desestabilizador por parte del populismo chavista.

De hecho ese es el argumento que ha desgranado la administración de George Bush al bloquear las ventas de aviones y barcos con tecnología norteamericana que los gobiernos de España y Brasil habían acordado con Caracas.

"Con la adquisición de armamento Chávez aprovecha la inestabilidad política de la región para extender sus intereses sobre otros países", denunció meses atrás el subsecretario de defensa de EEUU para el Hemisferio Americano, Roger Pardo Maurer. Su opinión fue compartida por el jefe del comando sur de las Fuerzas Armadas norteamericanas, general Bantz Craddock, quien sostuvo que el "populismo radical" chavista pretende utilizar el contexto social de la región, caracterizado por la pobreza, la corrupción y la inequidad, como "terreno fértil" para ganar nuevos adeptos a su causa.

Sin dudas que el proceso iniciado por Venezuela para modernizar su aparato militar no pasa desapercibido para nadie. Chávez ha firmado acuerdos millonarios con Rusia para la adquisición de helicópteros y fusiles. Además de las polémicas operaciones que ha sellado con Brasil y España para la compras de aviones, patrullas navales y corbetas que representan un negocio superior a los 2.000 millones de dólares.

Caracas también ha mostrado interés por comprar aviones de combate ruso, una actitud que provocó fuertes reacciones en Washington y entre las autoridades de la vecina Colombia, que sospecha de un presunto financiamiento chavista de las guerrillas que operan dentro de su territorio.

El propio Donald Rumsfeld, el influyente secretario de defensa norteamericano, ha acusado al gobierno venezolano por la falta de colaboración con Colombia en la búsqueda de soluciones para las actividades de las guerrilllas y las bandas de narcotraficantes y secuestradores instaladas en la zona. "Evidentemente Venezuela no es un actor constructivo en el conflicto que se vive en Colombia", afirmó el funcionario de EEUU.

Pero el caso de Chávez no constituye una excepción en América Latina. En los últimos dos años, Chile ha incrementado su presupuesto de defensa hasta llegar al 4,2 por ciento de su PBI y ha desarrollado un activo programa de adquisición de armamentos facilitado por los altos precios del cobre y la vigencia de la denominada "ley secreta" que le asigna el 10 por ciento de lo producido por exportaciones de ese metal a un fondo especial de las fuerzas armadas.

Las autoridades de Santiago afirman que las compras de material bélico son parte de los planes para modernizar los equipamientos militares del país. Pero analistas chilenos consideran que más bien se trata de una decisión que busca proteger el territorio nacional ante eventuales “amenazas” de sus vecinos Perú y Bolivia, con los que Chile mantiene históricas diferencias por cuestiones limítrofes.

Esa especulación ha sido sostenida por el gobierno de Bolivia y dirigentes polìticos y militares de Perú, que han reprochado públicamente la actitud chilena. Al respecto, Evo Morales transmitió sus deseos de poner en marcha también en su país un plan para reacondicionar a las fuerzas armadas bolivianas, en tanto que el candidato ultranacionalista peruano Ollanta Humala ha denunciado que el gobierno de Chile "ha roto el equilibrio estratégico militar en la región" con sus recurrentes compras de armamento.

Sin embargo, Perú tampoco se ha quedado atrás en su política de rearme y ya avanza en un acuerdo para modernizar material aéreo de sus fuerzas armadas. Parte del programa será financiado con un crédito ruso de 200 millones de dólares, y también se ha establecido un arreglo con Francia para modernizar una flota de aeronaves militares adquiridas años atrás.

Por su parte, con la llegada de Luiz Inacio Lula Da Silva al gobierno brasileño, el sector de la defensa ha comenzado a salir lentamente de un contexto marcado por un gran desinterés social y político por el tema. Se ha incrementado hasta el 2,1 por ciento del PBI local el presupuesto del área, lo que le ha permitido al país consolidarse como uno de los principales proveedores de material bélico de la región.

Actualmente Brasil ha recibido ofertas para reacondicionar aviones de segunda mano de Estados Unidos, Francia, Israel, Holanda y Bélgica. Y ha suscrito importantes acuerdos de venta de aeronaves a Venezuela y Chile.

En tanto, Argentina después de muchos años de desinversión en materia de reequipamiento militar, ha comenzado a revalorizar el sector gracias a la mayor solvencia de las cuentas públicas tras la crisis de 2002. Sin embargo por ahora sólo se trata de pequeños avances, como el caso del desarrollo de los radares bidimencionales que con tecnología local serán incorporados como parte del proceso de radarización de todo el territorio nacional.

El gobierno del presidente Néstor Kirchner aspira que la reactivación general de la industria bélica argentina se consolide a partir del acuerdo alcanzado con los gobiernos de Brasil y Venezuela para desarrollar en forma conjunta la producción de armamento y crear una junta de defensa entre los tres países para reforzar su situación en materia militar.

Ese acuerdo ya ha encendido una luz de alarma en la Casa Blanca, que observa con cierto temor los movimientos de Chávez para desarrollar una fuerte potencia militar en la región con el auxilio de otros líderes latinoamericanos.