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Prensa / Diarios
Extraña alianza
15 de julio de 2006
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Por Kezia McKeague
Para LA NACION

Si bien sus relaciones no siempre fueron óptimas, Cuba y el último régimen militar argentino se acercaron en lo relativo a la sensible cuestión de los derechos humanos. Para la junta argentina, resultaba imperativo contrarrestar las críticas internacionales a la represión que siguió al golpe de Estado en 1976. Este esfuerzo se centró en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, donde el régimen anticomunista, irónicamente, halló respaldo diplomático entre sus adversarios ideológicos.

El rol de la Unión Soviética en la defensa argentina es bien conocido entre los expertos en derechos humanos, quienes notaron el desarrollo de una "alianza non sancta". Menos conocido es el apoyo que dio Cuba al gobierno militar para impedir que se considerara el caso argentino en las Naciones Unidas. Este documento intenta cubrir esa brecha, sobre la base de información de entrevistas personales, material de archivo histórico de la Argentina y fuentes secundarias.

Como uno de los miembros más influyentes, aunque controvertido, de los países no alineados en la Comisión, Cuba jugó un papel importante en la defensa que el movimiento de no alineados hizo al régimen argentino. El gobierno cubano mantuvo una delegación activa desde que logró la membresía, en 1976, mientras que su elección a la presidencia del movimiento de no alineados, en 1979, elevó su perfil entre los países en desarrollo. Junto con las mejoradas relaciones con la Unión Soviética, hacia fines de la década de 1970, esta posición de liderazgo también estableció a Cuba como agente de negociación entre el mundo desarrollado y el bloque socialista.

Para Gabriel Martínez, el embajador argentino en Ginebra, Cuba actuó como "interlocutor" entre la delegación argentina y las de Europa del Este. Cuando Martínez necesitaba pasar un mensaje a un país del bloque del Este, generalmente le pedía al embajador cubano que fuera su mensajero. Cuba también ayudó a convenir reuniones de los delegados no alineados en nombre de la Argentina. Dichos favores reflejaron una relación entre los representantes cubanos y argentinos en Ginebra, que Martínez describe como "óptima" y "extremadamente cercana". Despreocupados por las diferencias ideológicas, el apoyo fue mutuo, según Martínez: "Los cubanos siempre, siempre nos apoyaron, y nosotros los apoyamos a ellos".

Este apoyo de Cuba y los otros países no alineados y socialistas en la Comisión resultó crucial en febrero de 1979, cuando siete delegaciones occidentales presentaron públicamente el borrador de una resolución que pedía al Secretario General de la ONU que recolectara información sobre las desapariciones. Si bien la Argentina todavía no era miembro de la Comisión, Martínez había cultivado contactos personales estrechos con los delegados no alineados y socialistas, que utilizó para bloquear la resolución occidental.

En la sesión de la Comisión, en febrero de 1980, el bloque occidental propuso una investigación temática sobre las desapariciones. Durante las negociaciones, Jerome Shestack, jefe de la delegación de Estados Unidos, se reunió con delegados cubanos para solicitar su apoyo. Shestack señaló la contradicción de la defensa cubana y soviética a la junta militar; sin embargo la respuesta cubana, según Shestack, fueron "malas excusas". "Intenté ponerlos de nuestro lado, pero no, apoyaron a la Argentina", recordó Shestack.

¿Por qué un régimen comunista apoyó a una junta militar fervientemente anticomunista, cuyo principal objetivo era eliminar la subversión de izquierda? La explicación más obvia es que ambos gobiernos violaban los derechos humanos de sus ciudadanos y, por ende, buscaban protegerse a sí mismos de las críticas y resistir cualquier expansión de los mecanismos de aplicación de la ONU.

Este interés compartido fue, seguramente, una condición necesaria para la colaboración, pero no fue, en sí misma, causa suficiente. Durante este período, de hecho, el gobierno cubano corría poco riesgo de ser investigado, dado su equilibrio de poder favorable dentro de la Comisión, que impidió el debate sobre Cuba hasta 1987.

La perspectiva conciliatoria de la Argentina, probablemente, fue el factor más importante dado el objetivo de Cuba de normalizar las relaciones Estado-Estado en el hemisferio. La junta argentina evitó la confrontación, prefiriendo las relaciones políticas correctas y un comercio limitado con la isla. También les ahorró a los líderes comunistas argentinos la persecución y permitió que el partido mantuviera sus oficinas y funcionara en el mismo estado de semilegitimidad que el resto de los partidos de derecha y centro.

Desde la perspectiva argentina, habría tenido poco sentido político abstenerse del apoyo cubano. De hecho, el régimen militar buscó activamente aliados como Cuba para evitar el aislamiento internacional.

De cara a las críticas de los gobiernos europeos y de la administración Carter, las alianzas típicas se invertían en Ginebra, con una junta anticomunista, pro Occidente, acudiendo a países socialistas y en desarrollo para protegerse de las cuestiones de derechos humanos. La membresía simultánea de Cuba en el bloque latinoamericano, el campo socialista y el movimiento de no alineados la ponía en una posición particularmente influyente para los intereses de la Argentina.

La autora es investigadora del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América latina (CADAL).

Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires)
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=823438