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Prensa / Diarios
''Para un presidente, un período basta''
24 de enero de 2007
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Lo dice Meidani, ex mandatario albanés

Diez años era mucho tiempo. Demasiado, según Rexhep Meidani, presidente de Albania entre 1997 y 2002. Tanto, que de haber sido candidato a la reelección corría el riesgo de acumular poder, creerse un dios y convertirse en un dictador o, en el peor de los casos, “de haber cumplido con el mandato en un solo día”, dijo en una entrevista con LA NACION. Por ello, agregó, no quiso postularse para un nuevo período de cinco años. Por ello y, como político tardío, por su gran vocación: la docencia.

“En un sistema democrático, un período es suficiente –afirmó Meidani–. Hay que crear redes en la sociedad civil; no todo debe depender de los mismos líderes.”

Meidani, doctor en física, sólo abandonó la docencia en los cinco años que ejerció la presidencia de su país. En su despacho tenía una foto en la cual posaba con la Madre Teresa de Calcuta. Nació en Tirana, la capital de Albania, el 17 de agosto de 1944. Sesenta y dos años después, decidido a no reincidir en política, forma parte del selecto Club de Madrid, integrado por ex presidentes, y dicta clases en la Universidad de Tirana.

En una gira por Brasil, Uruguay y la Argentina, organizada por People in Need y el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América latina (Cadal), disertó sobre La experiencia comunista y la transición a la democracia en Albania . "En América latina el problema no es el comunismo, sino el populismo -evaluó Meidani-. En Cuba habrá una transformación después de la transición, que debe ser calma. Habrá mayores posibilidades después de la muerte de Fidel Castro. No creo que la transición pueda hacerse con individuos, sino con las nuevas fuerzas de la oposición que piden mayores libertades."

La gestión de Meidani en Albania coincidió con la limpieza étnica emprendida por el ex dictador serbio Slobodan Milosevic contra los albano-kosovares y, como correlato de ella, con la guerra de Kosovo. En la Universidad de Prístina, la capital provincial, había sido profesor entre 1977 y 1980. Debió regresar mientras era presidente para reunirse con "todos los actores sociales", incluidos los cabecillas del Ejército de Liberación de Kosovo, de modo de hacer respetar los acuerdos de Rambouillet. De ellos, y de un trato con otros líderes, nació el Pacto de Estabilidad de los Balcanes, el 30 de julio de 1999, en Sarajevo.

Lo dijo Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: los Balcanes engendran más historia de la que pueden consumir. En ellos empezó el siglo XX tras el atentado en Sarajevo que desencadenó, en 1914, la Primera Guerra Mundial; en ellos terminó el siglo XX, también, con la guerra de Kosovo. No dejó de ser la región más turbulenta de Europa.

"Pero yo soy optimista -afirmó Meidani-. Al final de la guerra compartí diversos paneles con [la ex secretaria de Estado norteamericana] Madeleine Albright. Noté el cambio de mentalidad. Percibí presidentes e instituciones; percibí principios democráticos en toda la región. El problema ha sido la aparición de fuerzas nacionalistas y radicales, sobre todo en Belgrado. Eso ha demorado la decisión sobre el status final de Kosovo."          

En las primeras elecciones multipartidarias de Albania, realizadas en 1991, Meidani era profesor de física estadística y teórica, física del estado sólido y mecánica cuántica en la Universidad de Tirana. Dirigía la Comisión Central Electoral mientras promediaba la tumultuosa transición del comunismo. Entre 1994 y 1996 iba a presidir la junta directiva del Centro de Derechos Humanos de su país. No militaba en partido alguno. Y no pensaba militar en partido alguno.

"En 1996 había movimientos intelectuales en la oposición -dijo-. Un colega me presionaba para que firmara la adhesión al Partido Socialista. Yo no quería, pero un día antes de un viaje a Italia le dije que sí. A mi regreso no era sólo miembro del Partido Socialista, sino, también, el secretario general. Me propusieron que fuera candidato a diputado y, al año siguiente, me convertí en el presidente de Albania."

En enero de 1997, Meidani fue arrestado con otros dirigentes socialistas por haber organizado una manifestación ilegal contra el entonces presidente, Sali Berisha, del conservador Partido Democrático de Albania (PDS). En junio de ese año salió ileso de un atentado con armas automáticas y granadas de mano.

En medio de un pandemónium de saqueos y desórdenes que requirieron el despliegue militar de Italia, Francia y España, Berisha se vio obligado a renunciar el 23 de julio. Ese mismo día, la Asamblea Popular eligió a Meidani por 110 votos a favor, tres en contra y dos abstenciones.

"Renuncié a mi cargo de secretario general del Partido Socialista y a mi afiliación -dijo-. En la nueva Constitución, reformada en 1998, hice poner que los presidentes no podían pertenecer a partidos políticos. Me daba la razón un referéndum en el cual la gente había dicho que los presidentes debían renunciar todos sus partidos una vez que asumían el cargo."

-¿Por qué no quiso ser candidato a la reelección?

-En Albania, el mandato del presidente es de cinco años. Diez años es mucho tiempo. Demasiado. Mis predecesores estaban cinco años y, después, sólo uno o menos. Se veían obligados a renunciar por presiones ajenas y errores propios. Yo presté atención a ese mensaje. Es posible presentar una nueva candidatura, porque la Constitución lo permite, pero no quise. En una nueva democracia no creo que haya que permanecer tanto tiempo en la presidencia.

-¿Le costó volver a caminar por la calle como un ciudadano corriente?

-No, voy a la cafetería con mi mujer o con mis amigos. Incluso, solo. No hay problema. Para mí fue diferente, tal vez. Quizá porque estuve la mayor parte de mi vida en universidades de Albania y del exterior. Enseñar siempre ha sido lo más importante en mi vida. Mi labor real ha sido ésa.

-En los bolsillos no llevaba nada, seguramente.

-Cuando iba al exterior siempre llevaba algo de dinero y el pasaporte.

-Supongo que en Albania no los necesitaba.

-Los necesitaba cuando salía a caminar con mi mujer o con otra gente. Mi vida no cambió cuando era presidente. Sólo dejé de enseñar. Una vez, recuerdo, iba en coche a una ciudad, cerca de Tirana, y le pedí al chofer que se detuviera para tomar un café. En el bar noté que un funcionario de mi gobierno estaba haciendo algo detrás de la barra. Le pregunté qué hacía. Me respondió que preparaba el café. Le dije que no era normal, que estaba ofendiendo a la gente del lugar.

-¿Adujo razones de seguridad?

-En parte, sí; en parte, también, me dijo que era un hábito del anterior presidente. No me gustó eso. Y no se repitió. Albania es pequeña. Todo el mundo se conoce por el nombre.

-¿Existe algún punto en común entre su región e Irak?

-No, no creo que se los pueda comparar. En los Balcanes había democracias fallidas y Estados fallidos. Es diferente. La gente tenía una mentalidad democrática. En Kosovo, después de las crisis de Bosnia y de Rusia, no se necesitó una guerra para establecer la democracia, sino para terminar con una dictadura.

-A eso me refiero, justamente, a las caídas de Milosevic y de Saddam Hussein.

-La diferencia con Irak es que nosotros mismos tratamos de establecer contactos con los intelectuales e, incluso, con los terroristas. La idea fue juntarnos y hallar una solución sobre los aspectos políticos, la educación y demás. En una conferencia, recuerdo, participaron delegaciones de Serbia, de Albania, albano-kosovares, la sociedad civil, y líderes pacifistas y del UCK. Entre nosotros tratamos de hallar una solución.

-¿Ve solución para Irak?

-Mi idea es que tenemos una legislación internacional, dictada por las Naciones Unidas. Lo más importante es crear una atmósfera de consenso jurídico. Todos los Estados deben contribuir a impulsar esa legislación en lugar de actuar sobre el consenso político, porque sólo se refiere a los partidos más grandes. Un consenso jurídico haría que todos participaran. Es importante proteger a las minorías. Eso no se logra con la fuerza.

-Y el consenso interno ¿cómo se logra?

-Si existe una contradicción entre diferentes fuerzas en un mismo país, dos de ellas deben decidir un acuerdo. Eso es un consenso político. Pero todo consenso político tiene que respetar la legislación, la Constitución, la ley. Una vez que se respeta eso, se respeta el consenso jurídico. En Irak se actuó al revés y es un error. Así, han exportado una revolución en lugar de una democracia. Estaríamos en presencia de una nueva guerra mundial, sostenida por las nuevas tecnologías.

-La guerra en sí fue un error de Bush, entonces.

-No por su estrategia, sino porque creyó que podía exportar democracia. Eso es increíble.

-¿Vislumbra algún cambio una vez que asuma la mayoría demócrata en el Capitolio?

-Eso espero. Durante los tiempos de Clinton, la administración norteamericana tenía autoridad moral en Europa y en otras regiones. Estuve en Jerusalén con el presidente Carter y la ex canciller española Ana Palacio, entre otros. Noté que ese tipo de autoridad moral era muy influyente. Esa autoridad moral decayó. Eso es peligroso. Lo mismo pasa con las intervenciones de Europa, en donde reina la posición antinorteamericana. Eso también es peligroso, tanto para Europa como para los procesos democráticos en América latina y, especialmente, para la transición democrática en Cuba. Si continúa, temo que líderes populistas tomen el poder.

-¿Como Chávez?

-Es un ejemplo. Está apareciendo un terreno fértil para otros presidentes, como Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua. Espero que el cambio político en los Estados Unidos pueda contribuir a hacer decrecer esa clase de sentimientos. No ayudan a la democracia en el mundo. Son una fuerza negativa que puede ser manipulada.

Por Jorge Elías
De la Redacción de LA NACION