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Prensa / Diarios
Las futuras relaciones con Cuba
19 de marzo de 2008
Para ser consecuente con la política interna, en las relaciones exteriores la Argentina debería dejar de apelar a la anterior estrategia de escudarse en la no intromisión en asuntos internos de otros países; por cierto, algo muy contradictorio por parte de quienes premiaron a los ex diplomáticos y funcionarios extranjeros que denunciaron las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. En cambio, frente a Cuba y al resto de las dictaduras, la República Argentina tendría que tener como lema de su política exterior que “no se puede ser neutral ante las violaciones a los derechos humanos”
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Por Gabriel C. Salvia
Para LA NACION

Con la renuncia de Fidel Castro y el cambio formal del titular del Consejo de Estado en Cuba, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene ahora la gran oportunidad de poner a prueba un mínimo indicio de apertura política en el régimen de la isla. Efectivamente, el sucesor del anciano dictador será quien deba responder al pedido original de Néstor Kirchner para que la médica Hilda Molina y su madre puedan viajar a Buenos Aires a reunirse con su familia. Asimismo, la situación interna que vive Cuba y el protagonismo de Cristina Fernández de Kirchner en política exterior y derechos humanos pueden llevar a un mayor endurecimiento en las relaciones bilaterales, empezando por mantener la representación argentina en La Habana en el rango de encargado de negocios, hasta que desde la isla no surja una señal de apertura.

Por eso, vale la pena primero hacer un breve repaso de las relaciones argentino-cubanas de los últimos cinco años, y luego considerar cómo, con el ejemplo del caso de Cuba, el gobierno argentino debería armonizar la política interna de derechos humanos con la promoción internacional de estos.

Para empezar, en abril de 2003, el presidente de entonces, Eduardo Duhalde, que apoyaba la candidatura presidencial de Néstor Kirchner, decidió cambiar el voto de condena argentina a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, luego de que el régimen de la isla incrementara la represión, deteniendo y encarcelando a 75 opositores pacíficos en la oleada represiva de marzo del 2003, y aplicando la pena de muerte a tres ciudadanos que tomaron una embarcación con intención de salir del país. El motivo del cambio del voto se debió a que las encuestas favorecían más a Kirchner, si su padrino político, Eduardo Duhalde, se abstenía de condenar la dictadura cubana en Ginebra.

Una vez elegido presidente, Néstor Kirchner invitó a Fidel Castro a su asunción del mando, el 25 de mayo de 2003, y le brindó la tribuna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. En el contexto de una condena internacional generalizada de la dictadura cubana, que incluía hasta repudios de viejos simpatizantes de la Revolución –debido a los mencionados fusilamientos y la aplicación a sus opositores de largas penas de prisión en Cuba tras juicios sumarios, al estilo estalinista– la visita de Fidel Castro a la Argentina le permitió al dictador recuperar protagonismo en el exterior y mostrar permanentemente, en los monopólicos medios de comunicación de la isla, el apoyo recibido aquí, luego de incrementar la represión interna.

La injustificable y desmedida parcialidad inicial del gobierno del presidente Néstor Kirchner hacia la dictadura cubana, que incluyó sucesivas declaraciones desafortunadas del entonces canciller, Rafael Bielsa, hicieron que éste intentara equilibrar la situación apoyando la solicitud del doctor Roberto Quiñones para que a su madre, la médica Hilda Molina, se le permitiera salir de Cuba temporalmente para visitar a su hijo y nietos que residen en la Argentina.

El caso de la doctora Hilda Molina tuvo un momento de gran tensión, cuando la médica y su madre ingresaron, una madrugada, en la embajada de la República Argentina en La Habana, y desde entonces quedó en la duda si ambas mujeres solicitaron asilo político y el gobierno argentino hizo lo posible para que desistieran del pedido, como al parecer sucedió.

Luego, con la renuncia de Bielsa y su reemplazo por Jorge Taiana, el entonces presidente Kirchner le hizo el pedido por carta a Fidel Castro, en la que le reclamó por Hilda Molina durante la Cumbre del Mercosur, en Córdoba. Desde entonces, julio de 2006, el régimen cubano nunca contestó oficialmente la carta del presidente argentino y, durante el año 2007, ciertos funcionarios castristas le hicieron saber a la doctora Molina y a su madre, de 89 años, que no podrían salir de la isla.

Sin embargo, mientras el gobierno argentino supuestamente reclamaba por la doctora Molina y por su madre, Hilda Morejón, sin recibir ninguna respuesta, al mismo tiempo seguía apoyando incondicionalmente a la dictadura cubana, votando la condena al “bloqueo” de los Estados Unidos –que en realidad es un embargo comercial, algo muy diferente– tanto en la Asamblea General de la ONU como en las declaraciones de las cumbres iberoamericanas. Incluso en la cumbre de Montevideo, realizada en 2006, en que el tema central fue la migración, no hubo ningún reclamo de la Argentina al único país miembro de la Organización de Estados Iberoamericanos, Cuba, que no reconoce a sus ciudadanos el derecho humano de entrar y salir libremente de su territorio –la situación de Hilda Molina es el caso más emblemático de este tipo de restricción– que incluye condena penal a quienes intentan abandonar la isla “ilegalmente”.

El interrogante que se plantea ahora es qué actitud política tendrá Cristina Fernández de Kirchner ante la grosera falta de respuesta del régimen cubano al pedido de su esposo por Hilda Molina. ¿Seguirá Cristina el estilo de compromiso internacional con los derechos humanos que ella tanto admira y, actuando en consecuencia, endurecerá la posición argentina frente a la dictadura cubana, apoyando tanto el pedido de Hilda Molina como reclamando por la libertad de los presos políticos y la apertura democrática en la isla?

Laura Pollán, esposa de un preso político cubano, es una de las tantas personas que tienen esperanzas en el compromiso internacional de Cristina Fernández de Kirchner con los derechos humanos, y su mensaje a la presidenta argentina fue el siguiente: “Las Damas de Blanco le hicimos recientemente una carta felicitándola por haber ganado las elecciones. Nosotras sabemos que ella nos ha apoyado y, por lo tanto, le deseamos todo lo bueno. Ojalá venga a Cuba para que se reúna con nosotras y pueda llevarse a la doctora Hilda Molina”.

En todo caso, las nuevas relaciones argentino-cubanas serán una prueba mayor para la Presidenta, luego de la valiente actitud que tuvo al criticar la situación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial, en un acto que compartió en la Casa Rosada junto al dictador de ese país africano, quien, al abandonar Buenos Aires volvió a sentirse “como en casa” al ser recibido con elogios por Raúl Castro en La Habana.

Es que para ser consecuente con la política interna, en las relaciones exteriores la Argentina debería dejar de apelar a la anterior estrategia de escudarse en la no intromisión en asuntos internos de otros países; por cierto, algo muy contradictorio por parte de quienes premiaron a los ex diplomáticos y funcionarios extranjeros que denunciaron las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. En cambio, frente a Cuba y al resto de las dictaduras, la República Argentina tendría que tener como lema de su política exterior que “no se puede ser neutral ante las violaciones a los derechos humanos”, frase perteneciente nada menos que a Theo van Boven, el jurista holandés que entre 1977 y 1982 casi solitariamente impulsó la condena a la dictadura militar desde la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra, donde precisamente el régimen de Fidel Castro fue un gran aliado del dictador Jorge Videla.

El autor es presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires)
http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=996821