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Prensa / Diarios
La mala costumbre de elegir candidatos a dedo
12 de agosto de 2008
Fuente: La Nueva Provincia (Bahía Blanca, Argentina)

Algunos sectores políticos ya comenzaron a hablar de candidaturas para las legislativas de 2009 y parecería que los puestos en las listas serían decididos por elitistas "mesas chicas".

A veinticinco años de 1983, que los votantes sólo ratifiquen en las urnas las determinaciones tomadas previamente por un pequeño grupo o apenas un referente es una muestra de patetismo. ¿Por qué votar a los hombres y mujeres que digitarán los Kirchner, Elisa Carrió y Mauricio Macri?

Uno de los grandes desafíos de la actualidad es la modernización de la política porque, dejando de lado ideologías y cuestiones éticas, se repiten conductas personalistas y no se promueve la necesaria participación.

"Mientras más competencia y transparencia exista dentro de los partidos, mayor será la calidad de los militantes que ocupen cargos dentro de los mismos. Si esto sucede, más eficientes y mejor preparados serán los aspirantes a puestos de elección popular, así como aquellos nombrados en puestos de confianza del Poder Ejecutivo", plantean los analistas chilenos Eduardo Engel y Patricio Navia.

Lo que ambos proponen es un tema ausente en la agenda pública argentina. Así las cosas, no es de extrañar el nivel paupérrimo de nuestra dirigencia y las consecuencias que acarrea en la calidad democrática del país.

Por ende, resulta contradictorio que muchos líderes se quejen por el transfuguismo de alguno de sus legisladores que llegaron gracias al dedo divino y luego cruzan de vereda. A menor esfuerzo personal por la postulación, menor será la fidelidad partidaria.

Distinto sería si quien gana un escaño debe sortear una elección interna, contando con la ayuda de simpatizantes, a los que debería rendirles cuentas si se cambia de partido. ¿A quién dio explicaciones Borocotó? A nadie. Su candidatura fue decidida sólo por Macri.

Parecería que luego de la crisis de 2001 y el reclamo antisistema "que se vayan todos", en la Argentina no se aprendió la lección. Más allá de sus diferencias, los Kirchner y sus opositores nada hicieron para modernizar la política.

No hace falta mirar demasiado hacia atrás para ver cuántos partidos aparecieron ocupando un determinado espacio, pero enseguida sucumbieron, entre otras cosas, por ser más de lo mismo. Si no se modernizan, volverá a suceder.

* Gabriel Salvia / Especial para DyN

(*) Titular del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).