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Prensa / Diarios
Una oportunidad para Cuba
3 de septiembre de 2009
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

La decisión de la Organización de los Estados Americanos (OEA) de dejar sin efecto la suspensión de Cuba no representa sólo un hecho de carácter político singular en el cincuentenario de la revolución. Representa, también, una oportunidad para que el régimen de los Castro reflexione sobre la conveniencia de abrir "paso a las garantías de un sistema democrático" y "los cauces de expresión de su pueblo". Lo ven de ese modo las 50 personalidades de primer orden en América latina que han firmado la Declaración de Apoyo a la Libertad de Asociación y Expresión en Cuba.

El pronunciamiento, del cual han participado el ex presidente chileno Patricio Aylwin; el coordinador para América latina del Comité para la Protección de los Periodistas, Carlos Lauría, y el ex relator para la libertad de expresión de las Américas Eduardo Bertoni, entre otros intelectuales, académicos y políticos, plantea que el régimen cubano, en una primera etapa, podría reconocer la libertad de asociación y expresión, "eliminando para ello las disposiciones legales que restringen y reprimen el ejercicio de estos derechos fundamentales".

Sería una medida saludable que, desde luego, contaría con el apoyo de una comunidad internacional. La declaración, impulsada por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), sostiene que esa primera medida permitirá la existencia legal de partidos políticos, sindicatos independientes y organizaciones de la sociedad civil, así como la posibilidad de recibir una mayor cooperación del exterior. Copias de ésta serán distribuidas en la secretaría de la próxima Cumbre Iberoamericana, el Parlatino, el Parlasur y el Parlamento Europeo.

La petición plantea básicamente el principio de reciprocidad frente a la mano tendida por la OEA en un momento en el cual, por razones políticas y biológicas, se vislumbra un cambio trascendente en Cuba. Si bien Raúl Castro ha mostrado algunos signos de apertura, aún no han sido suficientes para deducir que existe conciencia en el régimen de la importancia que representa la apertura y la integración en el sistema latinoamericano de naciones, del cual había sido excluida en 1962.

En ocasiones, una mano tendida no implica debilidad, sino interés en mejorar la situación, sobre todo para los habitantes de la isla, con los mecanismos y las convenciones que rigen en la mayoría de los países de América latina y el Caribe. En ellos está el interés de la declaración, cuyo espíritu debería ser considerado por los órganos internacionales pertinentes y, también, por los gobiernos en los cuales la mera mención de los derechos humanos infiere un compromiso.

Ese compromiso, tal como se concibe en nuestros días, no puede estar al margen de la libertad de los pueblos para expresarse y elegir a sus representantes. Es lo mínimo que se puede esperar de Cuba después de un largo invierno en el que su gente sólo supo de privaciones internas y de restricciones externas como consecuencia de una fórmula de bloqueo comercial, aplicada por los Estados Unidos, que terminó siendo tan cruel como la mismísima dictadura de los Castro.

Fuente: Diario La Nación, Buenos Aires