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Prensa / Diarios
Portugal: cumbre sin poses
8 de noviembre de 2009
Fuente: La Nación (Costa Rica)

Por Gabriel C. Salvia y Verónica E. Repond *

Desde 1990 hasta 2008, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha realizado dieciocho Cumbres de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno, con sus correspondientes declaraciones finales. Al respecto, con mayor o menor énfasis, las declaraciones de las cumbres iberoamericanas sostienen, recurrentemente, el compromiso con la democracia representativa, el pluralismo político y el respeto a los derechos humanos.

Pero como tratando de exceptuar a Cuba de dichos compromisos, siempre agregan el “respeto a la soberanía y el principio de no intervención”, argumento conocido como “Doctrina Estrada” que también fue utilizado por el gobierno de facto de Honduras luego de despachar al presidente Manuel Zelaya en pijamas hacia Costa Rica.

Esta doctrina, considerada obsoleta por muchos analistas y por los Gobiernos democráticamente más avanzados, representa tanto el viejo argumento en que se vienen amparando las dictaduras de diverso signo –inclusive la argentina de 1976-1983– como una contradicción para la OEI. Ello, junto a la ausencia de una cláusula democrática para integrar la OEI, tuvieron como resultado que las cumbres iberoamericanas no hayan logrado ni un mínimo de apertura en el régimen totalitario cubano y hasta se incluyeron en varias declaraciones la condena al embargo comercial de los Estados Unidos a la Isla, con lo cual Cuba logra un apoyo a su propagandístico reclamo y hace oídos sordos a las correspondientes partes del texto sobre derechos humanos cuyo sistema legal viola expresa y descaradamente.

Las dos declaraciones más categóricas en materia de compromiso democrático fueron las de Viña del Mar en 1996 y Margarita en 1997. En la primera se llegó a incluir un párrafo que parecía dirigido directamente a la dictadura cubana: “La noción de que ningún ciudadano puede verse afectado en sus derechos fundamentales en nombre de una visión dogmática acerca de la sociedad, del Estado o de la economía, debe afianzarse hondamente en la cultura democrática de nuestros pueblos”.

En línea con la Declaración de Viña del Mar, la siguiente, en Margarita, expresaba lo siguiente: “Declaramos estar convencidos de que la democracia es no solo un sistema de gobierno, sino, también, una forma de vida a la que los valores éticos dan consistencia y perdurabilidad. La tolerancia, la capacidad de valorar y aceptar el pluralismo; el derecho a la libre expresión y al debate público; el respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos, la aplicación de las reglas de la convivencia civilizada establecidas por la ley; la validez del diálogo en la solución de los conflictos; la transparencia y la responsabilidad de la gestión pública son principios jurídicos y valores éticos de la práctica democrática, que debemos fortalecer y promover dentro de efectivos programas y estrategias nacionales de formación ciudadana”.

Sin embargo, la dictadura cubana no produjo ningún avance de apertura política en estos dieciocho años de cumbres iberoamericanas y, contrariamente, incrementó la represión en distintos años, especialmente en el 2003, al detener y condenar a largas penas tras juicios sumarísimos a setenta y cinco opositores pacíficos, la mayoría de los cuales ya llevan más de seis años injustamente encarcelados. Curiosamente, los delitos por los cuales se les acusó son los derechos y las libertades que las declaraciones de las cumbres iberoamericanas ratifican y dicen promover, pero que en Cuba son consideradas actividades ilegales.

Retroceso en la región. Pero además de la inmovilidad política en Cuba, donde se mantiene un régimen dictatorial, es sugestivo –luego de leer los concluyentes pasajes de declaraciones suscritas principalmente en los noventa–, el retroceso en materia de libertades democráticas que se viene produciendo en la región. Quizás el no haber incidido oportunamente desde la comunidad democrática iberoamericana en la apertura política de Cuba, demostró el carácter meramente voluntarista de estas declaraciones y sirvió de mal precedente para que posteriores Gobiernos en otros países actúen en contra de lo expresado en estas.

Firmeza democrática. Por eso, si alguna contribución efectiva puede tener la próxima Cumbre Iberoamericana, por realizarse en Portugal, para que lo suscrito en su declaración final no se convierta automáticamente en letra muerta, es asumir un mayor compromiso ratificando lo expresado anteriormente en ellas en materia de democracia y derechos humanos y, yendo más allá, incluyendo una cláusula de legitimidad democrática para que los países miembros integren la Organización de Estados Iberoamericanos.

En tal caso, al igual que sucede en la Organización de Estados Americanos (OEA), está claro que el Gobierno de Cuba es el que debe adaptar su sistema legal, armonizándolo en materia de libertades civiles y políticas al resto de los países iberoamericanos. Pero para ello se requiere firmeza por parte de los jefes de Estado de los países con mejor calidad institucional dentro de la OEI, quiene surgidos de elecciones libres y competitivas no pueden aceptar seguir posando para la foto junto a dictadores.

* Gabriel C. Salvia es Presidente y Verónica E. Repond Asistente de Investigaciones, del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

Fuente: La Nación (Costa Rica)