Mapa del sitio  Seguinos en Facebook  Seguinos en Twitter  Seguinos en Instagram  Seguinos en Youtube  English version
Prensa / Diarios
«Brasil se despolitizó, no hay más ideas»
3 de octubre de 2010
Fuente: La Capital (Rosario, Argentina)

Por Carolina Taffoni / La Capital

“Brasil se despolitizó, no hay más ideas ni programas de gobierno”, sentencia el analista político argentino Héctor Ricardo Leis, quien a pesar de su visión crítica de ciertos aspectos de la sociedad brasileña habla siempre con pasión del país donde está radicado desde hace décadas. Leis es analista del Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina (Cadal) y profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil. También es codirector de la revista “Ambiente & Sociedade”, de San Pablo, y publicó varios libros y numerosos artículos sobre teoría social.

En charla telefónica con La Capital, Leis explicó el vertiginoso ascenso de la “delfín” de Lula, Dilma Rousseff; habló sobre los errores de campaña del opositor José Serra, y advirtió sobre las ambiciones del partido gobernante, el PT, de ocupar definitivamente el Estado.

—Brasil está por elegir como presidenta a una mujer que, a principios de año, estaba hasta 15 puntos detrás del candidato opositor en las encuestas, ¿cómo se explica este fenómeno?

—El tema es la enorme popularidad del presidente Lula. Lula tiene un 80% de popularidad, un porcentaje que no baja ni con los escándalos de corrupción ni con nada. Lula está blindado. Y logró blindarse en las clases bajas. Acá hay un dato muy interesante: la primera vez que ganó, Lula lo hizo con el apoyo macizo de las clases medias. Hoy se invirtió esa tendencia. En 2002 el PT era un movimiento más ideológico, eran las clases medias que votaban ideas, programas, etc. Cuando el gobierno percibió que para gobernar tenía que repartir, y al mismo tiempo negociar con las élites económicas, perdió cierto apoyo en la interna de su partido, pero fue ganando una parcela muy significativa en las clases bajas. Cuando esas clases bajas, que están poco preparadas en cuanto a entender lo que ocurre en el escenario nacional, percibieron que Dilma era la candidata de Lula, ahí se volcaron a su favor masivamente. El tema de fondo es que Brasil se despolitizó. La base no es más política, sino social. No hay más ideas ni programas. Simplemente hay personas que están de acuerdo con la economía y que acompañan, pero no quieren enterarse de mucho. Entonces votan a quien Lula indique.

—Más allá de la intervención de la figura de Lula en la campaña, ¿cree que Serra cometió errores?

—Sí. La campaña se hizo a partir de lo que acá se llaman “marketeros”, los que hacen propaganda electoral. Esta gente le aconsejó a Serra que, como Lula tenía mucho prestigio, no hiciera una oposición frontal. Entonces hizo una campaña neutra, incluso en una propaganda aparecía al lado de una foto de Lula, como diciendo que era su amigo. Esto finalmente le hizo perder votos, porque mostró una neutralidad excesiva.

—En los gobiernos de Lula estallaron varios casos de corrupción, pero no tuvieron un efecto real sobre los resultados de las elecciones. ¿Esto tiene que ver con el concepto de “cinismo cordial” o de “sociedad cortesana” que usted desarrolla sobre Brasil en uno de sus libros?

—Sí, claramente. En la sociedad republicana lo que interesa es el bien común, la gente vota lo que considera mejor para el país. En la sociedad cortesana, o prerrepublicana, las relaciones políticas eran de beneficio personal: me das un voto a cambio de algo. Se establecía una especie de negociación clientelística. Cuando se mantiene esa sociedad de corte funcionando, las clases más bajas sólo ven la apariencia. Lo otro, la corrupción, por ejemplo, les parece puro barullo. Eso no les llega. Lo que interesa, básicamente, es la que fiesta continúe. Es una especie de telenovela: sí, hay algunos problemitas, pero al final siempre ganan los buenos.

—A pesar de la oposición que generó la represa de Belo Monte, en plena Amazonia, Lula siempre siguió adelante con ese proyecto. En ese sentido, ¿se podría ver a Lula como un continuador del desarrollismo militar?

—No creo. Lula ha citado a (Ernesto) Geisel, el último presidente importante del régimen militar, por su preocupación por el desarrollo. Pero lo de Lula no es un desarrollismo a la militar, donde la redistribución venía, si venía, del crecimiento económico. No, es un desarrollismo que siempre estuvo colocado al lado de la redistribución social, yo diría que es un desarrollismo asistencialista. Ahora, el desarrollismo sin preocupación ambiental, sí, eso puede calzar con Lula. Sin embargo, hoy las instituciones del Estado, sin ser una maravilla, dan una protección razonable al medio ambiente. Es cierto que hay mucha oposición a la represa de Belo Monte, y que el gobierno violó algunas reglas del juego, pero lo hizo de acuerdo con el manual de las ciencias ambientales, de lo que establece el Estado.

—¿Cuál será el papel de Lula en un eventual gobierno de Rousseff?

—Ese es un gran misterio. Lula había apostado a tener algún cargo en Naciones Unidas. Pero sus últimas intervenciones en la política internacional, sobre todo sus encuentros con (el presidente iraní) Mahmud Ahmadineyad, espantaron a la naciones occidentales. Creo que quedó inhabilitado para eso. El dijo que va a viajar por todo el país, que va a ver qué está bien y qué está mal, y que va a aconsejar a la presidenta. Lo que tampoco se sabe es cómo se va a posicionar Dilma.

—¿Cuáles serían las opciones de Rousseff?

—Dilma no tiene poder propio, entonces precisa apoyarse en Lula o en el PT. El grupo de militancia fuerte del PT está esperando que ella se apoye en el partido, así ellos ocupan definitivamente el Estado. Porque el poder de Lula es personal, es transversal a los partidos, él negoció con todo el mundo para construir su poder personal. Pero ahora el PT quiere ocupar el poder por él mismo. Ahí va a haber conflictos seguro, sobre todo con los otros partidos de la alianza gobernante. Hay politólogos que dicen que, en esta elección el PT y su alianza con el PMDB va a acabar con la oposición, que la oposición va a ser muy derrotada en términos de bancada parlamentaria. A partir de eso el espacio del PT sería muy grande y entonces se crearía un gobierno al estilo del PRI, en México, que era casi un partido único.

—¿En qué se podría diferenciar Dilma de Lula, una vez en el poder?

—En la actitud. Ellos tienen orígenes muy distintos. Dilma viene de la guerrilla y Lula de los sindicatos. En Lula hay una voluntad para negociar mucho mayor que en Dilma. Ella parece mucho más fuerte, en el sentido de decir “hay que hacer esto y chau. Y al que no le gusta le corto la cabeza”.

—En las últimas semanas Lula atacó duramente a la prensa. ¿Cree que con otro gobierno del PT podría aumentar esta confrontación?

—Sí. Eso comenzó ahora en el plano discursivo, pero después puede continuar en un gobierno de Dilma con leyes, como está ocurriendo en Argentina. Para completar la ocupación del Estado, el PT precisa mantener controlada a la prensa, sobre todo para tapar las “imperfecciones” de esa ocupación, que son los casos de corrupción. Pero en Brasil les va a costar atacar a la prensa, porque eso ya colocaría al país fuera de esa “cordialidad democrática”, que es la base de la cultura política brasileña y que implica negociación.

Fuente: Diario La Capital (Rosario, Argentina)