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Prensa / Diarios
El proceso de mitologización y su incidencia electoral
25 de octubre de 2011
Fuente: Diario La Verdad (Junín, Pcia. de Buenos Aires, Argentina)

El último domingo se ha asistido a una elección presidencial y legislativa en la que la abrumadora mayoría de la ciudadanía argentina entregó una masa de poder sin contrapeso a Cristina Fernández de Kirchner, sin que las escuálidas corrientes opositoras pudieran ejercer algún equilibrio en las urnas.

Además de la inmensa cantidad de recursos que desplegó el gobierno nacional para asegurarse la victoria, hay un discurso épico que lo acompaña y que le sirvió para sumar a los nuevos segmentos de votantes en las franjas más jóvenes.

Ese relato es parte del proceso de mitologización de Néstor Kirchner que con tanta audacia y arbitrariedad viene manipulando la legión de comunicadores e intelectuales al servicio del Gobierno.

La historia del ascenso del kirchnerismo en 2003 y el abrupto descenso hacia 2009 pudo suponer un óbice poderoso para las ambiciones de reelección, pero el fallecimiento del ex presidente produjo un vuelco inesperado de simpatías por la presidenta viuda.

A partir de ese momento, a la épica de Kirchner contra las voces opositoras, en consonancia con la lógica militarista de “amigo-enemigo” que el peronismo heredó en su etapa fundacional de movimientos nacionalistas y fascistas europeos, se superpuso la creación del mito del ex presidente.

El kirchnerismo, un movimiento heterogéneo, precisa de un mito movilizador que logre articular sus distintos elementos y que le brinde la dinámica necesaria para la permanencia en el poder.

Así, es como se fue creando un “relato” en torno a Kirchner, transformándolo en un ideólogo, modelo de militante, mártir de la causa y líder político simultáneamente.

Poco y nada importan los datos empíricos a la hora de elaborar el relato mitológico: en el predominio del sentimiento, el documento que exige el historiador se borra, se calla y se disimula en el olvido. El imperio de las imágenes predomina sobre la razón, se crea un vocabulario propio y hasta un mausoleo napoleónico para recordarlo a “él”.

“Él”, porque como en toda corriente religiosa, su mención es poderosa y se debe administrar con cautela. Se asiste, pues, a los primeros pasos de una religión política, electoralmente eficiente, con sus propios rituales, íconos y calendario litúrgico.

Esta pasión no es nueva en el peronismo, que supo vertebrar los cultos a la personalidad de su fundador y de su segunda esposa, también fallecida en dolorosas circunstancias.

Perón, no obstante, es desplazado del nuevo relato: ya es demasiado lejano en el tiempo y, además, difícilmente logre encajar en la figura del líder idealista y desafiante que se pretende forjar en torno a Kirchner.

Ni uno ni el otro lo fueron, pero eso va quedando en el debate del restringido ámbito académico, que debería ser distante —y hasta escéptico- del sentimiento militante.

Se ignora naturalmente si este proceso de mitologización habrá de perdurar en el tiempo, pero son cada vez más sus impulsores y hagiógrafos en los medios de comunicación, en las aulas universitarias y las tribunas políticas.

Por el porvenir de las instituciones y del pluralismo, sería benéfico que piadosamente se lo arrumbara en el desván de las crasas religiones políticas que tanto daño hacen a la humanidad.

(*) RICARDO LOPEZ GÖTTIG es doctor en Historia, analista de CADAL y profesor invitado de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

Fuente: La Verdad on line