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Prensa / Diarios
Siria y las divisiones políticas en América latina
6 de marzo de 2012
Siria y las divisiones políticas en América latina Es evidente que en organismos como el CELAC, la UNASUR o el Mercosur sería muy difícil adoptar una posición común en materia de promoción internacional de los derechos humanos. En consecuencia, las democracias sudamericanas pro mercado, que garantizan la alternancia de personas y partidos en el poder, deberían encontrar una alternativa superadora de integración regional.
Fuente: El Cronista Comercial (Buenos Aires, Argentina)

Gabriel C. Salvia, Director General de CADAL Y Maria R. Savini, Coordinadora Observatorio de Relaciones Internacionales CADAL

La represión y matanzas perpetradas por la dictadura siria dejan en evidencia las convicciones políticas de varios gobiernos latinoamericanos. Tanto las posiciones de apoyo incondicional al régimen por parte de países agrupados en el ALBA, como las de neutralidad y crítica, formuladas el 7 de octubre de 2011 durante el Examen Periódico Universal (EPU) de Siria en el Consejo de DDHH de Naciones Unidas, ofrecen un panorama claro del mapa político regiónal.

A partir del EPU de Siria la divisoria de aguas es mucho más cristalina: hay un grupo activamente comprometido con las prácticas autoritarias, liderado por Venezuela, Cuba y Ecuador; y otro conformado por Chile, Brasil, Uruguay y Perú que siguen el modelo de las democracias pro mercado de la Unión Europea.

Brasil, por ejemplo, se mostró preocupado por la situación de los derechos humanos, condenó los actos de violencia de ambos bandos y declaró que la respuesta violenta a protestas pacíficas era inaceptable. Además pidió que se respetara la libertad de asociación y expresión. Uruguay también mostró preocupación por la represión de protestas y el incremento de actos contrarios a las leyes internacionales de derechos humanos, y recomendó una relación de cooperación con el sistema universal de promoción y protección de los derechos humanos. Con respecto a los detenidos, También se pronunció sobre la liberación de los presos de conciencia y los detenidos arbitrariamente.

Chile llamó generar condiciones para poner fin a la violencia y la represión, garantizando los derechos humanos y las libertades fundamentales. Dijo que el estado de emergencia debía ser levantado y recomendó proteger a los grupos vulnerables.

Y Perú, de manera firme, lamentó que Siria no estuviera a la altura de los compromisos asumidos en marzo de 2011 relacionados con la protección de los derechos humanos.

Contrariamente, Cuba felicitó a Siria por la adopción de una serie de medidas y la apertura al diálogo con la oposición, le recomendó seguir confrontando cualquier intento de intervención extranjera, así como seguir tomando medidasl guiados por sus legítimas autoridades como una solución política a lo que está sucediendo en el país. En la misma línea, Ecuador reafirmó el derecho de las personas a la autodeterminación, el respeto por la soberanía y la integridad territorial y el principio de no intervención en los asuntos internos de otros Estados.

Venezuela fue más lejos, señalando que, “a pesar de las serias dificultades y sufrimientos, Siria había enviado un mensaje de compromiso para con los derechos humanos”. También llamó la atención sobre los esfuerzos hechos para lograr la paz y la reconciliación nacional promoviendo reformas que aseguraran los derechos sociales y económicos. Reiteró su apoyo para preservar la unidad nacional y la estabilidad y recomendó “mantener el buen momento por el que atraviesa el país en lo referente a mejorar la legislación y las instituciones”. Incluso instó a Siria “a continuar con los esfuerzos por crear un entorno armónico, mantener la seguridad, la integridad del país, el orden público y proteger la propiedad pública y privada”.

Párrafo aparte merece el triste papel de la Argentina, especialmente por alardear de tener como eje de la política exterior a la protección internacional de los derechos humanos, algo muy declamado pero que en la práctica ha encontrado al gobierno de Cristina Kirchner más alineado con los dictadores que con los activistas pro-democráticos. Un motivo más para profundizar el aislamiento y el desprestigio internacional de la Argentina.

Es evidente que en organismos como el CELAC, la UNASUR o el Mercosur sería muy difícil adoptar una posición común en materia de promoción internacional de los derechos humanos. En consecuencia, las democracias sudamericanas pro mercado, que garantizan la alternancia de personas y partidos en el poder, deberían encontrar una alternativa superadora de integración regional. Esto significa blanquear las enormes diferencias políticas, económicas e institucionales entre los países de América Latina, que Siria puso en evidencia.

Fuente: El Cronista Comercial (Buenos Aires, Argentina)