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Prensa / Diarios
Cuba, la isla que hace jadear a la historia
25 de octubre de 2013
''Debates'' recoge puntos de vista forjados en ''Puente Democrático'', un espacio que alentado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) está destinado a promover el diálogo latino cubano. Por gentileza de ese centro académico se ofrece en esta edición una síntesis de las opiniones de los argentinos Luis Alberto Romero (historiador), Facundo Calegari (politólogo) y Gabriel Salvia (periodista y miembro de Cadal) y del cubano Roberto Díaz Vázquez (licenciado en Historia y Filosofía).
Fuente: Diario Río Negro (General Roca, Pcia. de Río Negro, Argentina)

Última colonia de España en América Latina, Cuba es también desde lo político la persistencia del régimen antidemocrático más antiguo del continente, proceso con más de medio siglo de existencia y remanente de la Guerra Fría. Por eso el análisis sobre la historia, el presente y el futuro del sistema forjado por Fidel Castro siempre genera reflexión. "Debates" recoge puntos de vista forjados en "Puente Democrático", un espacio que alentado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) está destinado a promover el diálogo latino cubano. Por gentileza de ese centro académico se ofrece en esta edición una síntesis de las opiniones de los argentinos Luis Alberto Romero (historiador), Facundo Calegari (politólogo) y Gabriel Salvia (periodista y miembro de Cadal) y del cubano Roberto Díaz Vázquez (licenciado en Historia y Filosofía).

Facundo Calegari: "Silencio cómplice"

El politólogo Facundo Calegari expresó que "resulta particularmente curioso el silencio de muchos demócratas progresistas argentinos y latinoamericanos ante un régimen que, pese a los logros igualitarios obtenidos durante la primera década de la revolución, no oculta sus fracasos económicos, sus características opresoras y su vocación política totalitaria".

Asimismo, consideró que:

• Los sectores progresistas de la oposición cubana consideran falsa la premisa que sugiere que un par de cambios económicos y la aprobación de la ley Migratoria significan el nacimiento de un nuevo país o, aún menos, una transición hacia algo "más democrático".

• Estos opositores creen que lo que falta en Cuba es una transición hacia una sociedad civil enteramente democrática que logre forjar una constitución que materialice derechos civiles, políticos y sociales como los que conocemos en el resto de América. Creen que hacen falta libertades políticas y derechos humanos, normas jurídicas básicas que protejan a los individuos de las arbitrariedades gubernamentales. Creen que la vigilancia política debe cesar y que no es aceptable convivir en el mismo suelo en el que existen presos políticos. Creen que todo aquel que piense que el destino cubano está atado indefectiblemente a la experiencia democrática no debería ocultarlo por temor.

• La pretensión de inmovilidad perpetua y la negación al cambio representan los fracasos de la revolución cubana para buena parte de la oposición. Y tiene sentido, porque en su aspecto procedimental toda democracia favorece la canalización institucional de los conflictos y de los cambios, siendo así imposible una experiencia democrática que no contemple la necesidad de cambios derivados de conflictos permanentes, ineludibles.

• En Cuba resulta actualmente imposible pensar en la productividad de una economía en franca bancarrota, la corrupción en las altas cúpulas mandatarias es exorbitante y hasta mafiosa, la ineficiencia de los servicios básicos como la salud, la educación o el transporte afecta directamente a los más vulnerables, el agua potable y la electricidad no son bienes públicos de fácil acceso, la falta de oportunidades para los profesionales obtura el autodesarrollo personal y la agregación de valor a cualquier cadena de producción, la educación inicial se ve jaqueada por la escasez de maestros, el acceso a la vivienda está vetado casi por completo y faltan instrumentos médicos básicos e higiene en los establecimientos de salud, así como drogas básicas que permitan la manufactura de medicamentos.

• Dentro del ideario nacional y popular local, pero también al interior de la intelligentzia izquierdista clásica y de la no tan clásica, el revolucionario cubano es un caso que necesariamente se exalta bajo caracterizaciones heroicas y bastante románticas.

• Los liderazgos políticos latinoamericanos no pueden seguir practicando ese silencio cómplice con la situación política y humanitaria de la Cuba contemporánea. La mirada idealizada y cínica no puede seguir ocultando la disruptiva distancia que existe entre el mito y lo fáctico, entre los héroes del pasado revolucionario y el sufrimiento humano de los días que corren.

Luis Alberto Romero: "Cuba y la democracia"

El historiador Luis Alberto Romero sostuvo que "pocos son los que han hecho el difícil trabajo, emocional e intelectual, de tomar distancia del ideal juvenil y mirar el régimen cubano como lo que es, a la luz de los valores que hoy decimos asumir: una dictadura, y de las más duras. Es hora de hacerlo, por los cubanos y por nosotros".

En su análisis destacó:

• La revolución ha sido la más poderosa utopía del siglo XX. La pasión revolucionaria enlaza a Francia en 1789, Rusia en 1917, China en 1949 y Cuba en 1959: momentos de encarnación del ideal, de aceleración de la historia y de contundente avance hacia su final feliz. Son revoluciones que rompen el ritmo regular de las cosas, imponen la voluntad del hombre sobre la mediocridad y la necesidad y construyen el hombre nuevo. Se necesita un gran despliegue de razón para negarse al llamado de ese sueño.

• Deben distinguirse dos cuestiones distintas, la revolución y el régimen que nace de ella, que debe seguir llamándose revolucionario para legitimarse en aquélla. Pues la revolución es un mito eterno, pero sus construcciones entran en el plano de lo humano. Quienes la viven perciben pronto la diferencia entre la utopía y su realización.

• Como la Unión Soviética antes, Cuba fue a la vez una utopía y un estado. Tempranamente la institucionalización de la revolución y la consolidación de un régimen de modelo soviético sembraron dudas entre las izquierdas democráticas y reformistas.

• Para quienes lo miran de lejos, es más fácil conservar la solidaridad con el ideal e ignorar los aspectos cuestionables de sus prácticas. La ilusión es un velo enormemente eficaz.

• El historiador liberal francés François Furet hizo su análisis en los intelectuales comunistas o simplemente antifascistas de los años 30 y 40, que mantuvieron su solidaridad con el "faro del socialismo" y a la vez defendieron la democracia occidental y que condenaron las atrocidades de Hitler pero ignoraron las de Stalin.

• La nueva valoración general de los derechos humanos –que tuvo en la Argentina una de sus expresiones más importantes– llevó a una condena generalizada de la violencia. El mito revolucionario y sus regímenes se midieron con un rasero diferente. ¿Había entonces llegado la hora de mirar a Cuba con el parámetro de los derechos humanos? Salvo excepciones, eso no ocurrió.

• Los intelectuales progresistas y democráticos no glorifican el régimen cubano pero lo excusan, como se excusó la guillotina jacobina con el "complot aristocrático": el bloqueo norteamericano, las dificultades de la construcción del socialismo, la amenaza de alternativas peores... No lo defienden, pero tampoco lo critican en público.

• En Buenos Aires, ya antes de que el chavismo y el kirchnerismo resucitaran los ideales setentistas, poca gente quería discutir públicamente la cuestión. Era tan peligroso y ominoso como discutir las intimidades de los padres. No se trataba de cuidar los fundamentos de sus creencias presentes, sino de algo más inefable: la propia historia, la identidad, la necesidad de demostrarse y de demostrar que, pese a todo, seguía vivo aquel joven idealista.

Roberto Díaz Vázquez: "Hemos estado solos"

El historiador y filósofo cubano Roberto Díaz Vázquez explicó que "no es posible razonar como lógica la relación política o comercial de Cuba en condiciones de libertad y democracia con gobiernos o países que hayan contribuido de hecho o con su silencio anuente a las terribles décadas de barbarie sufridas por los habitantes de la mayor de las Antillas".

En esta línea crítica, Díaz Vázquez recordó:

• No es posible comprender en su justa medida el sentido opresivo de la actualidad interna y externa del cubano sin realizar un breve repaso a la relación que de manera directa o indirecta han tenido en este resultado los gobiernos latinoamericanos desde la instauración en el lejano 1959 del dictatorial apartheid comunista.

La exportación de un "modelo"

• En la década de los sesenta del siglo pasado y hasta hoy los gobernantes cubanos fomentaron y exportaron modelos de desestabilización política por diferentes partes del mundo amparándose en la socorrida "solidaridad e internacionalismo proletario". Países como El Salvador, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay y Nicaragua, por sólo citar algunos de este hemisferio, fueron depositarios de este tipo de cooperación. Como es lógico, esta intromisión en los modelos de gobierno de Latinoamérica no era sólo por el deseo de justicia e igualdad sino que más bien funcionó como un método de inteligencia que en este momento histórico está rindiendo sus frutos.

• El mentiroso sentido de igualdad, que en Cuba conocemos bien, traería en poco tiempo la división de clases más abismal jamás conocida y sólo comparable con el más retrogrado de los feudalismos o sistemas esclavistas donde sólo los que gobiernan y sus familias tienen derechos y privilegios de los que están ajenos los ciudadanos comunes.

• Las instituciones y organismos regionales latinoamericanos durante décadas han estado permeados por la verborrea facilista de los llamados gobiernos progresistas que, olvidando su historia y raíces, han contribuido a la permanencia y progreso de una nueva metodología de ostracismo político, orientada desde la isla.

• La Celac, el Alba, el Mercosur e incluso la OEA han dado un espaldarazo a la integración de Cuba como país del continente pasando por alto la historia vivida de guerras civiles, terrorismo, tráfico de drogas e incluso asesinato selectivo alentado o permitido por los Césares isleños.

• Los cubanos hemos estado solos y el sentido de compromiso de los gobernantes de la región jamás ha sido con los que somos pueblo de Cuba, sino más bien con quien tiraniza Cuba.

• Cada vez con mayor fuerza se observa en la zona la influencia que en materia política ejerce el gobierno cubano, disfrazada bajo el manto de piedad que representan los programas sociales destinados mediante el método de cooperación a la penetración ideológica de los gobiernos latinoamericanos beneficiarios de estos planes.

Gabriel Salvia: "Dictadura remanente"

El director general de Cadal expresó que "cuando en Cuba se produzca una apertura política y sus ciudadanos puedan elegir libremente a sus autoridades democráticas, en el plano internacional deberán definir lo que más le conviene al país en materia económica y el nuevo rol que tendrán en lo político".

Puntualizó que:

• Con el retorno a la democracia de Chile, en 1990, Cuba quedó como la dictadura remanente de América Latina y resulta inconcebible que transcurridas desde entonces más de dos décadas los gobiernos y organismos regionales sigan avalando un régimen de partido único con un sistema jurídico e institucional que reprime de manera muy precisa las libertades democráticas fundamentales.

• Países latinoamericanos con distintos gobernantes que se alternan en el poder y con avances en materia económico-social como Chile, Brasil, Uruguay, Costa Rica, Panamá y Perú no han adoptado un sólido compromiso de apoyo al pueblo cubano y su derecho a la democracia.

• Es una realidad que para un gobernante democrático la prioridad política son los asuntos domésticos y el cuestionar la situación en Cuba le implica comprarse un problema, pues la "diplomacia revolucionaria" reaccionará como ya se sabe.

• En algunos casos Cuba integra organismos que contienen una cláusula democrática, que naturalmente viola, y en la Organización de Estados Americanos (OEA) logró que se levantara su suspensión a cambio de nada. En la mayoría de los organismos regionales e internacionales la dictadura cubana recibe igualdad de trato, legitimación política a su régimen represivo y apoyo a sus "causas" –siempre a cambio de nada–, como la condena al embargo económico norteamericano (que incluso logra que se lo califique erróneamente de "bloqueo", como sucede en las cumbres iberoamericanas).

• En todos los países que vivieron en dictadura es sabido que la presión internacional ha sido fundamental, ya sea como apoyo moral, político y económico a los activistas de derechos humanos como en el aislamiento a un régimen represivo que cuanto más solo y criticado se encuentra más se debilita internamente. Sin embargo, a Cuba se la busca "integrar", cuando a sus ilegítimas autoridades es sabido que no les interesa ofrecer un mínimo espacio de apertura política.

• Los militares de la última dictadura argentina reconocieron cómo los debilitaban las denuncias internacionales, los reclamos de embajadas y las cartas de protesta que recibían. En Chile, países como por ejemplo Finlandia y Canadá decidieron desalentar las inversiones de sus connacionales por la situación de los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Ni hablar de Sudáfrica durante el régimen racista del apartheid, al cual se le aplicaba un embargo económico, financiero, militar, deportivo y cultural.

• No se puede desligar la complicidad regional con la falta de apertura política en Cuba. Habrá que ver si los futuros gobiernos democráticos cubanos tendrán interés político y económico de vincularse en sus relaciones internacionales con una América Latina que mayoritariamente ha sido cómplice de los largos años de dictadura que sufrieron.

Fuente: Diario Río Negro (Gral. Roca, Pcia. de Río Negro, Argentina)