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Prensa / Internet
Uruguay, en elecciones sin resultado previsible
21 de agosto de 2014
Algunas alarmas se han encendido en el Frente Amplio porque su candidato, el expresidente Tabaré Vázquez (74 años), podría tener que competir en una eventual segunda vuelta el 30 de noviembre. De ocurrir esta segunda cita electoral, los dos grandes partidos históricos apoyarían al candidato que logre llegar a esa instancia. No es, pues, descabellado pensar en el posible retorno de los partidos históricos a la presidencia a partir de marzo del 2015. A dos meses de la primera vuelta, quien hoy va segundo en intención de voto es Lacalle Pou, entre ocho y diez puntos detrás de Tabaré Vázquez.
Fuente: El País (Madrid, España)

Por Ricardo López Göttig

(El País/España) La apacible República Oriental del Uruguay es escenario de una intensa campaña electoral que ya lleva varios meses para renovar presidente, vicepresidente y las dos cámaras del poder legislativo. Tras nueve años de gobierno del Frente Amplio (FA), una vasta coalición de partidos de izquierda, que reúne desde la socialdemocracia a los comunistas y ex guerrilleros, advierte su lento declive en las encuestas para los comicios generales del 26 de octubre. Si las urnas expresaran hoy su veredicto, el FA ya no tendría la mayoría parlamentaria que ganó en el 2009.

Algunas alarmas se han encendido en el Frente Amplio porque su candidato, el expresidente Tabaré Vázquez (74 años), podría tener que competir en una eventual segunda vuelta el 30 de noviembre. De ocurrir esta segunda cita electoral, los dos grandes partidos históricos apoyarían al candidato que logre llegar a esa instancia. Los aspirantes de los partidos tradicionales son Luis Lacalle Pou (41), del Partido Nacional o Blanco; y Pedro Bordaberry (54), del Partido Colorado, formación política que gobernó durante la mayor parte de la historia uruguaya. Estos candidatos surgieron de las elecciones internas celebradas el 1 de junio, siendo Lacalle Pou la gran sorpresa de aquellos comicios, ya que triunfó ante el precandidato al que todos suponían como ganador, el senador Jorge Larrañaga, que ahora lo acompaña en la fórmula. Lacalle Pou supo cultivar un estilo que lo diferenció del padre, Luis Alberto Lacalle Herrera –presidente desde 1990 a 1995-, comunicando un aire de renovación generacional.

Pedro Bordaberry se consolidó como el referente más visible del Partido Colorado, claramente identificado con varios temas del debate público, como el de la baja de la edad de imputabilidad de 18 a 16 años para delitos especialmente graves, como el homicidio y violación, cuestión que será plebiscitada en octubre. Más atrás en las encuestas, horadando el voto de centroizquierda al FA, se ubica el Partido Independiente del politólogo Pablo Mieres.

Si bien Tabaré Vázquez es hoy el candidato con mayor intención de voto, de aquí a dos o tres meses su panorama no es el más alentador. ¿Por qué no es seguro el triunfo del FA en octubre y noviembre? Uruguay, al igual que otros países de la región, se vio beneficiado por la creciente demanda de alimentos del continente asiático, por lo que la coalición de izquierdas recibió una economía con vientos favorables tras la crisis del 2002, contagiada por la debacle argentina de esos años. La recuperación económica uruguaya, iniciada en el último tramo del gobierno del presidente colorado Jorge Batlle y que prosiguió en los del Frente Amplio, se tradujo en el aumento del consumo, generando gran optimismo. Uruguay también fue un imán de inversiones regionales por su seguridad jurídica, calidad institucional y estabilidad macroeconómica, condiciones que fueron cuidadas por las vertientes más moderadas del FA.

No obstante, esta atmósfera de bonanza no se tradujo en mejoras en infraestructura, educación, salud y seguridad. Durante el mandato presidencial de José Mujica, la gestión se vio impregnada de su anarquismo bucólico y cobraron importancia las expresiones más radicales que desean la “vía uruguaya al socialismo”. Y es que la singularidad del sistema político uruguayo es la autonomía de lo que se conoce como “listas” o “sublemas”. El “lema” –Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado- es un amplio paraguas que cobija varios sublemas que en las elecciones generales presentan sus propias listas para diputados y senadores, sólo teniendo en común el binomio presidencial. En la práctica, actúan como “cuasi-partidos” con agenda propia. En los últimos dos años, las agrupaciones más moderadas del Frente Amplio –el Partido Socialista y el Frente Líber Seregni- perdieron terreno por cuestiones como el cierre de la aerolínea Pluna y la fallida subasta de sus aviones, una comedia de absurdos escandalosos por la cual hoy están procesados por abuso de funciones el exministro de Economía, Fernando Lorenzo, y el expresidente del Banco de la República, Fernando Calloia. El actual vicepresidente Danilo Astori, que en el 2009 fue presentado como la carta de confianza de manejo prudente de la economía, está hoy jaqueado por el cierre de Pluna y el 9% de inflación anual.

Esta suave pendiente por la que se desliza el Frente Amplio se hace más pronunciada en la opinión pública por el malestar ante el deterioro de la educación -cuyos magros resultados se expresan en los exámenes PISA-, el aumento de la criminalidad, el protagonismo combativo de la central obrera PIT-CNT en las decisiones gubernamentales y las dificultades de relacionamiento con la presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, que se ha empeñado en poner trabas proteccionistas al comercio entre ambos países, a pesar de estar ambos en el Mercosur.

No es, pues, descabellado pensar en el posible retorno de los partidos históricos a la presidencia a partir de marzo del 2015. A dos meses de la primera vuelta, quien hoy va segundo en intención de voto es Lacalle Pou, entre ocho y diez puntos detrás de Tabaré Vázquez, que está cometiendo varios errores políticos y de comunicación en la campaña. La interrogante es si blancos y colorados serán capaces de transmitir un mensaje de optimismo y esperanza para atraer a los votantes frenteamplistas desencantados, aquellos que se ubican en el centro del espectro ideológico. Uruguay, que se enorgullece por su cultura cívica, convivencia democrática y consenso en políticas de Estado de largo plazo, vive una campaña electoral que hoy no tiene resultado previsible.

Ricardo López Göttig es Doctor en Historia y consejero académico de CADAL (Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina). Twitter @lopezgottig

Fuente: El País (Madrid, España), 21 de agosto de 2014