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Prensa / Internet
Frente abierto en Uruguay
17 de octubre de 2014
El Partido Nacional se ubica, de acuerdo a las encuestas, muy próximo a su porcentaje histórico, en torno al 30-35%: con un Frente Amplio decaído, le permite disputar la segunda vuelta. El Partido Colorado se hallaría en torno al 15% de acuerdo a los sondeos, pero es muy probable que este porcentaje sea superado al momento de abrir las urnas. La última encuesta de la empresa Interconsult vaticina que, en la segunda vuelta, Luis Lacalle Pou aventajaría por un punto a Tabaré Vázquez, siendo el primer sondeo en el que se advierte este cambio.
Fuente: Bastión Digital (Buenos Aires, Argentina)

Por Ricardo López Göttig
Doctor en Historia (Universidad Karlova de Praga, República Checa). Profesor en la Universidad de Belgrano y la Universidad ORT Uruguay. Miembro del Consejo Académico de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina).

El 26 de octubre los uruguayos elegirán presidente, senadores y diputados. Las encuestas señalan que el candidato del Frente Amplio, el ex presidente Tabaré Vázquez, no ganaría en la primera vuelta y es probable que pierda la mayoría parlamentaria. Esta caída en las preferencias electorales del partido gobernante está marcada por el deterioro de la seguridad y la educación, la falta de inversión en infraestructura y los vaivenes anárquicos del presidente José Mujica, que se retira con un 58% de aprobación.

Se aproxima el 26 de octubre, la fecha en la que los ciudadanos uruguayos concurrirán a votar presidente, senadores y diputados. El escenario que se viene anticipando en las encuestas y en el humor de la opinión pública es que el candidato del Frente Amplio, el ex presidente Tabaré Vázquez, no ganaría en la primera vuelta, por lo que debería volver a competir con el segundo en votos el domingo 30 de noviembre.

Una de las novedades de esta elección es que el Frente Amplio perdería la mayoría parlamentaria. Si los comicios fuesen hoy, la coalición de izquierda tendría aproximadamente el 41 o 42% de los sufragios, en tanto que los partidos tradicionales –Colorado y Nacional (blanco)- sumarían el 45% o más. Esto significa que, aun cuando Tabaré Vázquez ganara en la segunda vuelta, deberá negociar con los partidos tradicionales en el Parlamento, o bien buscar acercamientos con el Partido Independiente, una expresión de centroizquierda que podría sumar más escaños en octubre.

Esta caída en las preferencias electorales del Frente Amplio está marcada por el decenio que lleva en el poder: si bien es sabido que en estos años ha habido una mejora sustancial de los niveles de vida, ello está vinculado a las circunstancias favorables de la economía internacional. Las dos presidencias del FA han sabido cuidar la estabilidad macroeconómica, las condiciones favorables a la inversión privada y evitaron giros a la izquierda que pudieran alterar el clima de negocios, aun cuando hay expresiones internas que vienen reclamando la “vía uruguaya al socialismo”. Las falencias del Frente Amplio se hallan en otros terrenos, como el deterioro de la seguridad y la educación, en la falta de inversión en infraestructura y en los vaivenes anárquicos del presidente José Mujica. Este estilo de idas y venidas, de cambios constantes de opinión se han reflejado en sus mutaciones sobre la política de legalización de la marihuana, la megaminería en Aratirí, la creación de un puerto de aguas profundas en Rocha y la recepción de seis prisioneros de Guantánamo, entre otros. A pesar de esta actitud ácrata –o quizás debido a ella-, el presidente Mujica se retira con un 58% de aprobación a su gestión, así como el 62% de simpatía personal, aunque no despierta esa fascinación que tan obnubilados tiene a los observadores extranjeros.

Las elecciones internas celebradas en todos los partidos el 1° de junio trajeron una gran sorpresa: el triunfo del diputado Luis Lacalle Pou, del sector herrerista, sobre el senador Jorge Larrañaga, a se veía como el favorito. Lacalle Pou desplegó una campaña intensa y novedosa que, sumada a su renovación generacional, supo captar la atención de la opinión pública en la única interna realmente competitiva. En el Frente Amplio, Tabaré Vázquez era el claro favorito, a quien se le opuso la senadora Constanza Moreira con un discurso muy feminista y más corrido a la izquierda. En el Partido Colorado, se consolidó el liderazgo de Pedro Bordaberry, con el 75%, frente al senador Amorín Batlle, del batllismo tradicional. En este escenario, Lacalle Pou fue la novedad y desde entonces recibe acerbas críticas desde el Frente Amplio, que no hacen más que instalarlo en el centro del debate, desplazando al protagonismo que debiera tener el ex presidente Vázquez.

Tabaré Vázquez ha optado por una campaña de continuidad: ya ha adelantado que su ministro de Economía será el ahora vicepresidente Danilo Astori, quien lo acompañó en esa función durante su quinquenio, y que el actual ministro del Interior, Eduardo Bonomi, seguirá en esa cartera. El FA es un movimiento encanecido, sin renovación generacional, salvo la del candidato a vicepresidente Raúl Sendic, que transita en los cincuentas. Y esto se percibe en las consignas, en la escasa militancia y en que casi no utilizan las redes sociales para comunicarse. Se añade, además, la negativa de Tabaré Vázquez a debatir con los otros candidatos en los medios de comunicación, una posición de altivez que incluso decepciona a sus votantes.

El FA perderá por izquierda algunas bancas que irán hacia expresiones marxistas como la Unidad Popular, o bien hacia la alternativa verde del PERI. Por centroizquierda, es probable que también migren votos hacia el Partido Independiente, o que el Partido Colorado recupere parte del electorado que fue perdiendo en las últimas elecciones. A esto debemos sumarle la singularidad de la elección parlamentaria uruguaya, en la que cada partido (lema) puede presentar varios sublemas con sus propias listas de senadores y diputados. Esto multiplica la oferta de candidaturas, un espectáculo variopinto en el que el denominador común de cada partido es la fórmula presidencial, pero cada uno con su propio discurso. El 60% del electorado oriental se ubica en Montevideo y Canelones, por lo que la gran batalla se libra en esos departamentos para sumar escaños.

El Partido Nacional se ubica, de acuerdo a las encuestas, muy próximo a su porcentaje histórico, en torno al 30-35%: con un Frente Amplio decaído, le permite disputar la segunda vuelta. El Partido Colorado se hallaría en torno al 15% de acuerdo a los sondeos, pero es muy probable que este porcentaje sea superado al momento de abrir las urnas: es lo que ocurrió en el 2009, cuando las encuestas le anticipaban el 9%, y obtuvo el 17%. De modo que es posible que ambos logren articular una mayoría parlamentaria blanquicolorada –“rosaditos” los llama burlonamente el frenteamplista-, así como un acuerdo para apoyar a quien logre ingresar en la segunda vuelta. ¿Cómo jugará a favor de Pedro Bordaberry la campaña por la baja de la edad de imputabilidad de 18 a 16 años, que lo tiene como vocero más destacado? ¿Cuántos frenteamplistas desencantados retornarán a las arenas coloradas? Inspirado por el ejemplo de Aécio Neves, Pedro Bordaberry busca llegar a la segunda vuelta, intentando diferenciarse tanto de Vázquez como Lacalle Pou.

La última encuesta de la empresa Interconsult vaticina que, en la segunda vuelta, Luis Lacalle Pou aventajaría por un punto a Tabaré Vázquez, siendo el primer sondeo en el que se advierte este cambio. La campaña, pues, se extenderá hasta fines de noviembre en un clima de calma y pluralismo, un estilo democrático de convivencia que tanto enorgullece a los ciudadanos uruguayos.

Fuente: Bastión Digital (Buenos Aires, Argentina), 17 de octubre de 2014