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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
Cuba, cuando la solidaridad vence al miedo
25 de marzo de 2020
El caso Otero Alcántara ha hecho visible, una vez más, la dimensión represiva de un Estado que no cesa de cumplir el mandato que alguna vez su líder máximo enunció ante los intelectuales: “Dentro de la Revolución todo, fuera de ella nada”, generando en ellos la lógica desesperación de no poder saber nunca dónde se traza el límite entre lo permitido y lo prohibido por un poder, que como sucede en los estados totalitarios, lo observa y lo controla todo.
Rubén Chababo
 
Luis Manuel Otero Alcántara

La oleada represiva contra el campo cultural cubano no es algo nuevo. Considerando al quinquenio gris, iniciado en 1971, como punto de partida, la larga serie de hostigamientos, llamados al orden y detenciones arbitrarias contra artistas e intelectuales no ha cesado nunca.

Desde sus primeros años en el poder, la dirigencia revolucionaria ha venido ejerciendo un férreo control sobre todos los espacios de la vida cultural, traducido en acciones violentas que van más allá de la aplicación de censura. Acciones tantas veces ignoradas por el amplio campo progresista latinoamericano y europeo que sistemáticamente auto justifica su indolencia amparándose en la remanida idea de que es mejor callar para no darle letra al enemigo, invisibilizando de ese modo tantas situaciones que de ocurrir en otros países generarían condenas inmediatas.

Hace unos días, el artista plástico Luis Manuel Otero Alcántara fue detenido por la Seguridad del Estado acusado de conducta antirrevolucionaria. Su delito, pretender ejercer libremente su derecho a la creación artística al utilizar una bandera cubana en una de sus perfomances. Sin embargo, este hecho, guarda una diferencia radical respecto a la larga serie de atropellos que se suceden desde hace décadas: por primera vez, artistas de adentro y fuera de la isla han vencido el miedo elevando su voz de protesta de manera conjunta a través de solicitadas y petitorios, incluyendo entre esas voces la de algunos que hasta ayer mismo dieron vuelta su rostro a tantas injusticias, como es el caso de Silvio Rodríguez.

A pocas horas de haber tenido lugar la detención de Otero Alcántara, un grupo de artistas convocó a expresar su denuncia en una esquina céntrica de La Habana. Una acción de resistencia cívica que no alcanzó a durar más que unos minutos y que fue abortada, como es costumbre en estos casos, por la irrupción de los agentes de la Seguridad del Estado. A esa acción le siguió una amplia cadena de solidaridad internacional que obligó al régimen a liberar al artista en las primeras horas del sábado pasado.

El caso Otero Alcántara ha hecho visible, una vez más, la dimensión represiva de un Estado que no cesa de cumplir el mandato que alguna vez su líder máximo enunció ante los intelectuales: “Dentro de la Revolución todo, fuera de ella nada”, generando en ellos la lógica desesperación de no poder saber nunca dónde se traza el límite entre lo permitido y lo prohibido por un poder, que como sucede en los estados totalitarios, lo observa y lo controla todo.

Alguna vez, José Lezama Lima dijo que la Revolución era lo más parecido a la concreción del Evangelio en la tierra. El gran Lezama, que también soportó con estoicismo las arbitrariedades del poder, murió en 1976. Seguramente, si hoy pudiera ver el panorama de su isla indivisa del cosmos, como él llamaba a Cuba, no tendría más que constatar de qué modo, el noble sueño de ese Evangelio, se ha convertido, para los artistas, pero también para millones de personas, entre ellos Luis Manuel Otero Alcántara, en una pesadilla.

Rubén Chababo es Docente titular del Seminario Memoria y Derechos Humanos de la Facultad de Humanidades y Artes en la Universidad Nacional de Rosario.