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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
Nuevos compromisos en derechos humanos
5 de julio de 2010
Con tantos problemas en materia de derechos humanos, resulta un contrasentido la elección del representante del gobierno cubano como vicepresidente del Consejo de Naciones Unidas. En realidad, es el organismo de las aspiraciones a que los miembros se comprometan a mejorar su historial de violaciones y procurar contener escandalosas arbitrariedades, a pesar de las componendas de la mayoría de sus integrantes.
Miriam Leiva
 

LA HABANA, Cuba, julio (www.cubanet.org) - Los heraldos proclamaron la elección de Cuba como uno de los tres vicepresidentes del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el 21 de junio, en los medios de divulgación nacionales. Una declaración de la Embajada en Ginebra señaló: “Es un reconocimiento a la ejemplar ejecutoria y a la obra de la revolución cubana a favor de los derechos humanos de su pueblo y de todo el mundo”.

El Relator contra la Tortura, Sr. Manfred Nowak, se quejaba días antes de que el gobierno cubano ha pospuesto reiteradamente su visita evaluativa, y denotó frustración porque no podrá hacerla antes de concluir su mandato en octubre de este año. Tampoco se han ratificado el  Pacto sobre Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y el Pacto sobre Derechos Civiles y Políticos suscritos, para ilusionar, hace más de tres años.

Más aún, el primer semestre de 2010 transcurrió con la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo por una huelga de hambre en reclamo de sus derechos; otra desde el 24 de febrero de Guillermo Fariñas; la permanencia en prisión por más de un año, sin cargo judicial, del Dr. Darsi Ferrer; los crueles “mítines de repudio” a las Damas de Blanco; la represión a la oposición pacífica; 53 reos de conciencia de los 75 cumpliendo 7 años de injusto y cruel confinamiento, la mayoría en muy mal estado de salud, y alrededor de otros 150 presos políticos pacíficos consumiéndose en las mazmorras. Simultáneamente, el pueblo está sometido a grandes carencias alimentarias e imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas, incluido contar con una vivienda digna, cuando el salario promedio y las pensiones mensuales están por debajo del límite de la pobreza, unos 20 y 10 dólares mensuales, respectivamente; los servicios de salud y la educación  se desploman; los cubanos no pueden expresar sus opiniones ni desplegar su creatividad, y prácticamente todo está prohibido.

La crisis económica, política y social es tan profunda que el Presidente Raúl Castro reconoció en julio de 2007 la necesidad de cambios, pospuestos según se ha recuperado el Comandante en Jefe, y la burocracia pugna por mantener el poder absoluto para gozar de los privilegios detentados desde hace 51 años, a base de lealtad política por encima de los conocimientos y el trabajo. Hechos notorios de corrupción afloran en los altos niveles, sin que se juzguen, y la población sólo es informada sobre las demociones. Hasta personalidades usualmente muy vinculadas al gobierno emiten juicios críticos.

El caos interno y el desprestigio internacional han propiciado que por primera vez el gobierno inicie negociaciones con una institución nacional. La Iglesia Católica Cubana está efectuando conversaciones promisorias, a la luz de la reunión entre Raúl Castro y el Cardenal Jaime Ortega. Cuestión fundamental es la liberación de los prisioneros, pero podrían extenderse a asuntos medulares de la sociedad. Ya se han apreciado ciertos resultados, con la liberación de Ariel Sigler, prisionero de conciencia con muy precaria salud, el acercamiento de 12 presos a prisiones más cercanas a sus lugares de residencia, y el juicio y excarcelación del Dr. Darsi Ferrer, aunque con una sentencia injusta.

El proceso es muy lento, probablemente debido a la reticencia de poderosas fuerzas internas aferradas a sus viejos métodos. También algunos integrantes de la oposición interna, y tradicionales personalidades y grupos del exilio se oponen, pero los esfuerzos de la Iglesia Católica Cubana merecen apoyo; una oportunidad merecen los presos y el pueblo cubano. En espera de resultados sustanciales, la Unión Europea pospuso hasta septiembre su decisión sobre la política que seguir hacia el gobierno de La Habana.

Con tantos problemas en materia de derechos humanos, resulta un contrasentido la elección del representante del gobierno cubano como vicepresidente del Consejo de Naciones Unidas. En realidad, es el organismo de las aspiraciones a que los miembros se comprometan a mejorar su historial de violaciones y procurar contener escandalosas arbitrariedades, a pesar de las componendas de la mayoría de sus integrantes. Es como decir “del mal, el menos”. Las vicepresidencias son avaladas por regiones, de ahí que cuando se lleva su apoyo, la elección es usualmente por aclamación de los 49 miembros, como fuera en el caso de Cuba  -publicitado en el archipiélago como muestra de inmenso prestigio. El GRULAC (América Latina y el Caribe) está compuesto por Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Guatemala, Uruguay, México y Chile, para el período del 19 de junio de 2010 a 18 de junio de 2011; una composición muy cercana a La Habana, salvo los dos últimos. Serviría para comprender un poco los entuertos del Consejo, saber que el presidente es el representante de Tailandia, país inmerso hasta hace poco en revueltas contra el primer ministro, resultantes en muchos muertos, heridos y presos, y que se mantienen latentes.

Habrá que suponer que al ser vicepresidente del Consejo, el gobierno cubano cumpla “su compromiso” en materia de derechos humanos, en primer lugar con su respeto real en casa y la liberación de los prisioneros de conciencia y políticos pacíficos, así como la realización de cambios que posibiliten comenzar a salir del caos y la reconstrucción, con la participación libre y respetuosa de la sociedad civil.

Fuente: Cubanet