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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
La hora comunista en la democracia chilena
16 de agosto de 2011
Los regímenes comunistas, en sus distintas variedades son un caso de totalitarismo político sólo comparable con el nazismo y fascismo. Otra cosa muy distinta son los movimientos comunistas y sus respectivos partidos que fueron una manifestación de un estado de crítica a la cultura y la sociedad del progreso de Occidente. En el caso de Chile, el PC fue una fuerza, hasta antes del gobierno militar, que jugó un papel estabilizador en la democracia chilena.
Gonzalo Bustamante Kuschel
 

El Partido Comunista Chileno ha tenido un papel relevante en la historia política chilena y es tiempo de rescatarla para que sus dirigentes actuales la asuman.

Algo que ha impedido evaluar debidamente la historia y el papel del PC ha sido el confundirlo con el comunismo en general. Sumado a que cuando se habla de éste último, fácilmente se cae en simplificaciones ya sea para idealizarlo o demonizarlo.

Lo primero es distinguir: El marxismo en general de sus variadas  interpretaciones que informaron a los regímenes del bloque soviético, incluido Cuba y los otrora países satélites del África. Es creer que Lenin y Marx pensaron lo mismo. Igual cosa se aplica para sus versiones maoístas y trotskistas que animaron distintos movimientos revolucionarios y violentistas, como Sendero Luminoso y el MIR, respectivamente. Vamos por parte.

En primer lugar, los regímenes comunistas, en sus distintas variedades son un caso de totalitarismo político sólo comparable con el nazismo y fascismo. Es por eso, como lo indica Vaclav Havel, que su rechazo por el mundo democrático tiene una connotación moral y política. Basta pensar en los GULAG, Pol Pot y el símbolo del Muro de Berlín para comprobarlo. Cuba y Corea del Norte son dos sobrevivientes momificados de esa experiencia.

Otra cosa muy distinta son los movimientos comunistas y sus respectivos partidos que fueron una manifestación de un estado de crítica a la cultura y la sociedad del progreso de Occidente. Eso explica que los PC de Francia e Italia contaran con artistas, intelectuales y escritores como Breton, Aragon, Ingrao, Picasso, y un muy largo etc. Esa característica se dio también en España, Portugal, Escandinavia, Asia y Sudamérica. No es casual que Huidobro, Neruda, Violeta Parra y Víctor Jara hayan sido de sus filas. Además sus dirigentes eran representantes de un elitismo cultural revolucionario y contestatario a una sociedad de consumo. Basta pensar en Gramsci, Marchais, Berlinguer y el propio Volodia.

En Chile, el Partido Comunista fue un fiel seguidor de la URSS que nunca pasó por los procesos de crítica a ésta como sí lo hizo su “hermano italiano”, además de un “moralismo” que produciría envidia en Jaime Guzmán y sus seguidores más ortodoxos. Pero al mismo tiempo, tuvo un componente de movimiento de protesta cuya actitud fue, regularmente, de respeto al sistema democrático-burgués que buscaba suplantar. El PC fue una fuerza, hasta antes del gobierno militar, que jugó un papel estabilizador en la democracia chilena.

Los movimientos y partidos comunistas que se desarrollaron en el mundo occidental fueron expresión de una inquietud de la cultura contra una sociedad que les parecía abusiva. Desde la crítica a la exposición colonialista en París el año 1931, denunciando el carácter del imperialismo y su menosprecio por otras culturas, las películas de Passolini, la poesía de Tzara, los murales de Rivera y las canciones de Jara, cumplían con una función de crítica social. La  Primavera de Praga develaría la falsedad del idealizado sistema soviético y le mataría el romanticismo. Fue el inicio de la separación entre los intelectuales y esos partidos. Al final, ya no tolerarían ni la sátira de Darío Fo y el surgimiento de la “Nueva Izquierda” de los 60 y los efectos del Mayo del 68, e irían paulatinamente matando su atractivo hasta perderlo por completo con el derrumbe del Muro. Muchos de los otrora “partidos comunistas” han optado por cambiar su nombre.

La disminución de su caudal electoral no implica su desaparición. En Francia fueron parte de la “izquierda plural” de Jospin, quizás una de las experiencias renovadoras de la política de ese país más osadas de las últimas décadas. En Chile, el PC sigue siendo, por sobre su representación nacional, el principal partido político en los movimientos sociales.

Por eso debe jugar un papel en las negociaciones vinculadas a esos movimientos. Se necesita que las demás fuerzas políticas, incluida la derecha, tengan una mirada hacia él sin caricaturas y el propio PC debe estar dispuesto a volver a ser un partido de la institucionalidad, desde ella buscar sus transformaciones y dejar de jugar el papel del partido de la protesta y la movilización. Es la hora comunista para volver a ser un actor normal de nuestra vida política.

Gonzalo Bustamante Kuschel es analista de CADAL, filósofo y profesor en la Universidad Adolfo Ibáñez (Chile).