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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos
 
Silencio comprado en las relaciones con el régimen chino
18 de agosto de 2014
El ejercicio de esta doble moral, de ensalzar las libertades individuales, garantías procesales y el Estado de Derecho en su país, al tiempo que se asume el silencio cómplice hacia las violaciones a los derechos humanos más allá de las propias fronteras, es una actitud perversa y suicida para todas las democracias.
Ricardo López Göttig
@lopezgottig
 

El régimen autoritario de la República Popular China ha sabido acallar muchas voces y entumecer conciencias al ser un gran comprador de alimentos y recursos minerales en el mundo. La ausencia de libertades civiles y políticas, la persecución a las expresiones religiosas, el silenciamiento a las minorías étnicas y la utilización de los más salvajes métodos de tortura en el sistema carcelario están bien documentadas; no obstante, el régimen chino de signo comunista es un gran discípulo de lo que en el período de entreguerras hizo la Alemania nazi.

El gobierno nazi de Alemania empleó las mismas estrategias comerciales para que los países democráticos miraran hacia otro lado, mientras aplicaba en su país las leyes raciales de exclusión de los judíos, gitanos y mulatos, e implementaba medidas de esterilización o eliminación física de aquellas personas que no consideraba físicamente “aptas”. Grandes empresas alemanas, al calor del régimen totalitario que se iba desplegando, hacían excelentes negocios en Europa y el continente americano, lo que llevó a muchos a autocensurarse para no molestar a los nazis. Simultáneamente, ese régimen hizo una fuerte inversión en mantener periódicos, programas radiales y movimientos simpatizantes, contando con la abierta simpatía de un empresario como Henry Ford y el piloto de la aviación Charles Lindbergh.

El ejercicio de esta doble moral, de ensalzar las libertades individuales, garantías procesales y el Estado de Derecho en su país, al tiempo que se asume el silencio cómplice hacia las violaciones a los derechos humanos más allá de las propias fronteras, es una actitud perversa y suicida para todas las democracias.

Hoy, en nombre del respeto a la diversidad cultural, se toleran los crímenes cometidos por dictaduras en Asia y África. La tortura, el asesinato, la esterilización forzada, la cárcel y persecución por tener una creencia religiosa, no tienen nada que ver con diferencias de costumbres: son crímenes contra la dignidad humana. El gran filósofo Karl Popper escribió que “la historia política de la humanidad es la historia del crimen organizado y el asesinato en masa”. De nosotros depende que la historia política de la humanidad se transforme, para bien de todos, en la historia de la libertad, el respeto y la convivencia.

Ricardo López Göttig es profesor y Doctor en Historia. Miembro del Consejo Académico de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina).

Fuente: La Gran Época (Buenos Aires, Argentina), 18 de agosto de 2014