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      Elecciones con final abierto y reconfiguración del escenario político

      • ¿Cómo llegamos a esta oferta política de un oficialismo responsable del descalabro en que vivimos y un outsider del sistema político?
      • Llegamos tras una historia de fracasos.
      • Ningún gobierno de esta democracia recuperada en 1983 pudo conciliar el crecimiento económico con el bienestar de las mayorías.

      Elecciones con final abierto y reconfiguración del escenario políticoJavier Milei y Sergio Massa. Las dos opciones para el balotaje que definirá al próximo presidente. Foto: AFP

      En las vísperas del balotaje, con el telón de fondo de la degradación de la política y la crisis de la economía que nos asola, los argentinos estamos llamados a votar tras una fatigante seguidilla de elecciones. Para casi un cuarto del electorado se hace difícil la consigna “sepa el pueblo votar”.

      JxC quedó fuera del balotaje en una elección a tres bandas que no fue imaginada por quienes diseñaron la segunda vuelta en la Constitución de 1994. Entonces, el formato bipartidista alentó las cifras del 45% ganador o bien 40% y diez puntos de diferencia con el que le sigue.

      ¿Cómo llegamos a esta oferta política de un oficialismo responsable del descalabro en que vivimos y un outsider del sistema político para el que la justicia social es una estafa, la dictadura fue apenas un exceso, el cambio climático, una fantasía; el Papa, Lucifer, entre otros despropósitos vociferados blandiendo una motosierra?

      Llegamos tras una historia de fracasos: ningún gobierno de esta democracia recuperada en 1983 pudo conciliar el crecimiento económico con el bienestar de las mayorías. La bonanza del kirchnerismo duró lo que el viento de cola. Estancamiento, inflación y pobreza transformaron el paisaje social. De la clase media queda sólo la nostalgia de lo que fue y el dolor de ya no ser. La pobreza ya superó el 40%

      La crisis de 2001 alumbró al kircherismo ,una reinvención del peronismo y al macrismo, la novedad de una fuerza política de origen vecinal que logró eludir el destino de las terceras fuerzas políticas en la Argentina y. perdurar.

      El mapa político a partir de 2015 se organizó alrededor de dos grandes coaliciones, peronista y no peronista y hubo alternancia. Hoy, el peronismo, luego de casi dos décadas de kirchnerismo, ensaya un cambio de piel para transmutarse en Massismo bajo su nuevo conductor . Cristina Kirchner, agazapada en su bastión de la provincia de Buenos Aires, aguarda y festeja: llegaron al ballotage, su modesta meta confesa.

      No sabemos si es su escalón final o si guarda otros planes y se avecina una batalla shakesperiana. Sorpresas a las que nos tiene acostumbrados un movimiento peronista que es, a la vez, oficialismo y oposición. Los cierto es que el FdT logró atraer al redil a sus votantes esquivos y que su modesto resultado, comparado con el promedio histórico del peronismo, se agiganta a la luz de una crisis económica que Massa, el Ministro candidato, supo agravar. El fenomenal dispendio clientelar de recursos públicos violó las reglas del régimen electoral vigente.

      La derrota de JxC tras una interna feroz y una estrategia electoral fallida, mostró que el PRO es el partido personal de Macri y que su jefe está decidido a sobrevivir a la derrota. El apoyo de Macri y de Patricia Bullrich a Milei es una fractura expuesta en JxC. Una decisión que desnuda la voluntad de fundar una fuerza política liberada del peso del radicalismo, un partido que ha sido, sobre todo, abogado de la sociedad. Es también un tute cabrero que juega Macri con Massa, enemigos enconados y dignos personajes de Los Duelistas, el extraordinario cuento de Joseph Conrad. Ambos, fieles a la tradición del peronismo.

      Los argentinos que sufren las consecuencias de esta crisis y tratan de seguir adelante cada día con el esfuerzo redoblado, contemplan perplejos el espectáculo de una dirigencia política cada vez más distante de sus penurias, enfrascada en sus pujas.

      ¿Qué nos ha llevado a esta encrucijada? Una dirigencia política que carece del sentido del Estado ha venido administrando lo público como botín para premios y castigos o bien como empresa gerenciada sin los recaudos que prevengan el conflicto de intereses. El Estado es el ámbito en el que la sociedad se unifica; lo público es de todos y su administración exige una tecnoburocracia especializada y no un ejército de amigos políticos por donde se cuela la corrupción.

      A diferencia de Perú, donde la crisis política coexiste con una economía sólida, gestionada sin la intrusión de la política partidaria, en nuestro país hemos logrado mantener la estabilidad política pese al descalabro de la economía.

      Una polarización tóxica que hace de la posibilidad de coincidir el bien más escaso conspira contra los consensos necesarios para sostener políticas de largo plazo. Esas políticas requieren de un dirigencia con sentido del Estado, que es otro bien escaso. La política confinada al presente ahonda el pantano en el que estamos sumergidos.

      El resultado del ballotage que se avecina tiene un final abierto. Hoy el mapa político se está reconfigurando. Mantenerse unida es el desafío que enfrenta la oposición . La fragmentación alejaría las posibilidades de una alternancia y debilitaría la función de control en el Congreso.

      Alternancia y control del ejercicio del poder son dos de los pilares en los que se sostiene la política democrática. Defender las instituciones de la democracia siempre frágiles, sobre todo cuando la miseria crece , los ciudadanos no son todos iguales ante la ley, y el engaño es el garrote ideológico de los que mandan ,se impone como prioridad de una dirigencia responsable.


      Sobre la firma

      Liliana De Riz
      Liliana De Riz

      Socióloga y Politóloga. Profesora Titular de la UBA. Investigadora Superior del CONICET.

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