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      Aunque Argentina gane o pierda, los derechos humanos en Qatar importan

      Aunque Argentina gane o pierda, los derechos humanos en Qatar importanEl seleccionado de Alemania, en una de las expresiones de protesta, antes de enfrentar a Japón en el Khalifa International Stadium de Doha, primera ronda del Mundial de Qatar 2022. El 22/11/2022. on November 23, 2022. Foto Anne-Christine POUJOULAT / AFP.

      La selección argentina de fútbol salió perdiendo desde el vestuario en el mundial de Qatar, pero no por su derrota 1 a 2 frente a Arabia Saudita. Es que tanto jugadores, como cuerpo técnico, la propia Asociación del Fútbol Argentino (AFA), la dirigencia política, las organizaciones tradicionales locales de derechos humanos y la ciudadanía en general, se muestran totalmente indiferentes frente a las polémicas por la situación de las libertades fundamentales en el país anfitrión.

      Y ahora, con la clasificación del seleccionado albiceleste a octavos de final, la euforia deja ya totalmente en el olvido las denuncias por la situación de derechos humanos en Qatar. Y salvando todas las distancias con el Mundial de 1978 en la Argentina, quienes siguen insistiendo ahora en las denuncias sobre Qatar quedan como marginales aguafiestas.

      Esta insensibilidad internacional en la Argentina representa, en alguna medida, un fracaso de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia por el desconocimiento popular de la primera parte del artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que comienza así: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

      La homofobia de Estado, por caso, se encuentra entre una de las críticas que se le formulan a la teocracia qatarí. Al respecto, los capitanes de varios seleccionados de países democráticos habían anunciado que llevarían un brazalete “OneLove”, a lo cual la FIFA respondió que se amonestaría con una tarjeta amarilla a todos los jugadores.

      La selección alemana respondió posando para la foto de su primer partido con todos los jugadores tapándose la boca, en señal de protesta por la censura de la FIFA. Asimismo, la Ministra del Interior alemana lució el brazalete “OneLove” durante el primer partido de la selección germana, sentada al lado del titular de la FIFA, el polémico Gianni Infantino. Ninguna figura pública argentina presente en Qatar, sea oficialista u opositora, tuvo un gesto similar al de la funcionaria alemana.

      A diferencia de la Argentina, los seleccionados y asociaciones de fútbol de Alemania, Australia, Bélgica, Dinamarca, Inglaterra y Países Bajos llegaron al mundial con gran sensibilidad por la situación de derechos humanos en Qatar. "Comienza un Mundial ensombrecido por muertes de trabajadores migrantes y muchas otras violaciones de derechos humanos", señaló, por ejemplo, un informe de CIVICUS titulado “Qatar 2022: gloria futbolística a un precio inadmisible” y difundido el día previo al inicio del campeonato.

      Siendo los partidos televisados para todo el mundo, no sorprenderá que se produzcan gestos para “señalar y avergonzar” la política de Estado de violación de derechos humanos en Qatar, como durante el partido entre Portugal y Uruguay, donde un espectador saltó al campo de juego con una remera que reclamaba por los derechos humanos de las mujeres en Irán, el apoyo a Ucrania ante la invasión militar rusa y portando una bandera “arcoíris”.

      Sin embargo, en los países de América Latina cuyos seleccionados de fútbol participan en el mundial de Qatar esta polémica es casi inexistente, lo cual refleja una vez más la falta de compromiso de la región con el carácter universal de los derechos humanos. Incluso, ninguna asociación de fútbol de los países latinoamericanos que están presentes en Qatar ha manifestado su apoyo para aportar a un fondo de compensación destinado a las familias de los trabajadores que murieron durante la construcción de los estadios mundialistas, como lo señaló Santiago Menna, de Human Rights Watch.

      El caso de Argentina es el más llamativo por el triste recuerdo que trae el Mundial de Fútbol de 1978, evidenciando una vez más los límites a la Memoria. La periodista y escritora Norma Morandini, hermana de dos jóvenes desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983), es una de las pocas voces locales que llamó la atención sobre el tema. “Que los gritos de gol no tapen el grito de dolor de los torturados”, recuerda Morandini que repetía cada media hora durante el Mundial 78 la radio Renascensa de Lisboa, donde ella vivía en el exilio.

      “Los que alguna vez recibimos la solidaridad internacional sabemos de la eficacia de la denuncia”, agregaba en su artículo Norma Morandini, aunque lamentablemente los goles estén por encima de los derechos humanos para el público argentino y esa creatividad que lo caracteriza tanto no se haya reflejado hasta ahora en un gesto en defensa de los derechos humanos en Qatar.

      Es otra muestra de la falta de interés en la Argentina de integrarse al mundo en el cual más se respetan los derechos humanos y de la falsa narrativa de un declamado liderazgo internacional en la materia. En definitiva, en su compromiso internacional con los derechos humanos parece que Argentina no saldrá campeón mundial.

      Gabriel C. Salvia es Director General de CADAL (www.cadal.org) y co-editor del libro “Los derechos humanos en las relaciones internacionales y la política exterior”.


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      Gabriel Salvia
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