Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

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01-04-2003

CASTRO Y LA REPRESIÓN COMO SISTEMA DE GOBIERNO

La represión castrista es el método de control fundamental para mantener la autoridad total en manos del tirano. Así ha sido desde hace cuarenta y cuatro años, y Castro no va a renunciar a él por ninguna sanción económica o moral que se le imponga, porque está convencido de que ahí radica su capacidad de sostenerse en el poder.
Por Carlos Alberto Montaner

Madrid (Firmas Press, Marzo 30, 2003). Volvió a suceder. Hace pocos días la policía política cubana arremetió contra los demócratas de la oposición y detuvo a casi un centenar de personas ''por órdenes personales de Castro'', como torpemente se excusó el teniente coronel Pichardo, un oficial que alterna su profesión de sicólogo con la sucia labor de carcelero. Los agentes se cebaron en periodistas y bibliotecarios independientes, en activistas pro derechos humanos y en líderes políticos que buscan una evolución pacífica hacia la democracia, algunos de ellos vinculados al Proyecto Varela.
El poeta más notable de Cuba, Raúl Rivero, cayó en la redada. También, la economista Marta Beatriz Roque Cabello y los dirigentes liberales Osvaldo Alfonso Valdés y Héctor Palacios. Ya comenzaron los juicios relámpago, y es muy probable que una buena parte de los detenidos deba afrontar varios años de condena. En ese caso, les harán compañía a varios centenares de presos políticos previamente sancionados. Uno de ellos es un joven abogado ciego, Juan Carlos González Leiva, que antes de ser definitivamente encarcelado solía entretener a los comunistas de una manera especialmente divertida: lo secuestraban en plena calle, lo llevaban a un lugar apartado, lo golpeaban, le quitaban el bastón de invidente, y lo dejaban tirado en medio del monte. El ''juego'' consistía en acertar el número de horas que el disidente demoraba en reunirse con su aterrorizada mujer.

¿Por qué este nuevo acceso represivo? En realidad es algo rutinario. Es la forma en que Castro ejerce y retiene el poder. A mediados de los noventa, decenas de cubanos fueron súbitamente encarcelados. A la cabeza de ellos estaban Vladimiro Roca y otros tres compañeros suyos autores de un valioso documento titulado La patria es de todos. Poco antes, en 1991, cuando se desplomaba la URSS, ocurrió algo parecido, y docenas de notables disidentes, liderados por los escritores María Elena Cruz Varela y Fernando Velásquez, acabaron internados durante varios años en celdas infectas. En 1985, asustado por la perestroika, Castro fusiló al general Arnaldo Ochoa y al coronel Tony de la Guardia, e hizo encarcelar a varias decenas de oficiales sospechosos de ``reformismo''.

En 1980, precedidos por la detención de Gustavo Arcos, Ricardo Bofill y Elizardo Sánchez --los pioneros en la lucha por los derechos humanos dentro de la isla--, millares de cubanos fueron acosados por las turbas, y los golpearon y humillaron durante semanas por el ''delito'' de desear abandonar el país legalmente. En 1975, cuando las tropas cubanas se trasladaron a Angola para pelear una guerra de conquista en favor de los soviéticos, simultáneamente la ira de Castro descendió sobre las universidades, desatando una intensa persecución contra los estudiantes ''antisociales'', es decir, aquellos que presentaban algún síntoma de independencia ideológica.

En 1971, el ''caso Heberto Padilla'' --un excepcional poeta al que molieron emocionalmente hasta hacerlo retractarse públicamente de sus versos, de sus amigos, de sus creencias-- dio paso al Primer Congreso por la Cultura, obscena consagración de la intolerancia que declaró la guerra a cualquier manifestación de libertad intelectual. En los sesenta, cuando el régimen se dispuso a pulverizar a los cubanos ''depravados'' en su esfuerzo revolucionario por construir al ''hombre nuevo'', encarcelaron a miles de homosexuales, de rockeros, de testigos de Jehová, de protestantes y católicos que practicaban su fe. Poco antes habían aplastado a la ''microfracción'', una supuesta conspiración de comunistas hostiles a la caótica forma de gobernar de Castro.

No estamos, pues, ante un fenómeno excepcional, sino ante una estrategia metódicamente empleada que no deja pasar más de cinco años entre estos episodios de furia y persecución rabiosa. ¿Para qué le sirven a Castro? Sencillo: se desatan las razzias cuando Fidel Castro percibe que está perdiendo el control total de la sociedad. Y le da exactamente igual que sus víctimas sean demócratas, comunistas revisionistas o simples mortales indiferentes. Cuando los detecta, cuando intuye su existencia, o cuando percibe que se relajan las riendas con las que sujeta al pueblo, suelta a sus perros de presa para que siembren el terror y den el correspondiente escarmiento. Incluso, es posible que crea, como creía Lenin, uno de sus personajes favoritos, que el terror, especialmente el ejercido contra los inocentes, es la manera más eficaz de inducir la obediencia colectiva, porque ya nadie puede sentirse a salvo de unos castigos que han perdido cualquier relación con conductas previamente proscritas. Cuando un miedo difuso e impreciso se apodera de las conciencias de las gentes, quienes lo padecen se convierten en animalitos tremolantes y obsequiosos: exactamente lo que Castro espera de ellos.

Es bueno que esto se entienda: en Cuba la represión brutal no es la consecuencia del enfrentamiento con Estados Unidos, ni de violaciones de la ley por parte de los cubanos. Todo eso es anecdótico. No hay que buscar racionalidad ni relaciones de causa y efecto. La represión castrista es el método de control fundamental para mantener la autoridad total en manos del tirano. Así ha sido desde hace cuarenta y cuatro años, y Castro no va a renunciar a él por ninguna sanción económica o moral que se le imponga, porque está convencido de que ahí radica su capacidad de sostenerse en el poder. De donde se deriva una melancólica conclusión: es inútil esperar o pedirle a Castro un cambio en sus formas de gobierno. Eso es tan absurdo como tratar de convencer a un tigre para que se convierta en vegetariano.


Carlos Alberto Montaner es escritor, Vicepresidente de la Internacional Liberal y autor del libro “Viaje al corazón de Cuba”.

 

Carlos Alberto Montaner
Carlos Alberto Montaner
Escritor y Periodista, nacido en Cuba, vive en España hace más de 40 años. Autor entre otros libros "Viaje al Corazón de Cuba"
 
 
 

 
 
 
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