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Un banco para la prosperidad compartida
27 de julio de 2020
La decisión de quién presidirá el BID en los próximos años, es una de las más importantes que los gobernantes de América Latina y el Caribe tienen ante sí. Requerirá de un liderazgo visionario, experimentado, inclusivo y conciliador. Debe ser un liderazgo probado y capaz de comprender los delicados balances que permiten avanzar hacia el desarrollo integral de las naciones, con probadas credenciales democráticas, conocimiento amplio y profundo de los problemas e instituciones de la región, capacidad ejecutiva comprobada al más alto nivel de la toma de decisiones, y habilidades para movilizar recursos y concertar posiciones –tanto entre como dentro de los países-- en torno a la resolución de los grandes desafíos de la región.
Por Laura Chinchilla
@Laura_Ch
Banco Interamericano de Desarrollo

América Latina y el Caribe (ALC) enfrentan el mayor desafío de su historia reciente: una crisis sanitaria, económica y social de enormes proporciones ocasionada el COVID-19. Su impacto amenaza con revertir varios logros importantes en desarrollo económico y humano, y con profundizar las brechas existentes antes de la pandemia, que por años no hemos podido cerrar.

Los más importantes desafíos pendientes son el débil crecimiento económico, los elevados niveles de informalidad, la desigualdad, la persistente pobreza y exclusión, la baja productividad y competitividad, los frágiles sistemas tributarios, y los marcos institucionales con poca seguridad jurídica, eficiencia y transparencia. Los nuevos tienen rostros aún más sombríos; entre ellos, muertes y hambre.

Crisis pasadas han resultado en “décadas pérdidas” para ALC. La historia, sin embargo, no tiene por qué repetirse. Con un liderazgo visionario, democrático y responsable, y un renovado espíritu de cooperación y concertación, la región tiene la resiliencia y el potencial necesarios para construir una próxima década de oportunidades, que siente las bases de un desarrollo dinámico, inclusivo, verde e inteligente.

Para cumplir esa tarea, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), será crucial. Aspiro a su presidencia ejecutiva porque creo tener las fortalezas que demanda.

Un liderazgo visionario, experimentado y conciliador

La decisión de quién presidirá el BID en los próximos años, es una de las más importantes que los gobernantes de LAC tienen ante sí. Liderar el BID en este momento crítico requerirá de un liderazgo visionario, experimentado, inclusivo y conciliador. Debe ser un liderazgo probado y capaz de comprender los delicados balances que permiten avanzar hacia el desarrollo integral de las naciones, con probadas credenciales democráticas, conocimiento amplio y profundo de los problemas e instituciones de la región, capacidad ejecutiva comprobada al más alto nivel de la toma de decisiones, y habilidades para movilizar recursos y concertar posiciones –tanto entre como dentro de los países-- en torno a la resolución de los grandes desafíos de la región.

Un banco de excelencia, cercano, transparente y eficaz

Para garantizar el mayor potencial de colaboración del BID y adecuarlo mejor a los cambios disruptivos que acelerará la pandemia, me comprometo a impulsar un conjunto de reformas internas. A la par de sus colocaciones crediticias, propongo convertirlo en un referente de políticas de excelencia, que agregue valor e impacto a sus operaciones y oriente la toma de decisiones de sus socios. Mi agenda institucional también incluye lo siguiente:

  • Agilizar los procesos de aprobación de préstamos.
  • Mejorar y dar seguimiento a la ejecución eficaz y eficiente de los proyectos. Fortalecer su gobernanza con mayor transparencia y coordinación entre el banco y los otros dos pilares del Grupo BID como lo son BIDInvest y BIDLab.
  • Acercar aún más la institución y su personal a los clientes, que son los gobiernos, el sector productivo y los ciudadanos. 
  • Movilizar más recursos, mediante alianzas con los sectores productivos de la región, los socios extra-regionales y los organismos multilaterales.

También debemos impulsar la ampliación de su capital. Para esto será clave que quien dirija la organización genere confianza y sepa armonizar las diversas posiciones de los socios y actores que inciden en su operación. Recordemos que sin acuerdos entre el Ejecutivo y Legislativo de países clave, esa ampliación sería inviable.

Una agenda para el desarrollo dinámico, inclusivo, verde e inteligente

La eficiencia institucional es clave para afrontar los retos sustanciales. En este ámbito, propongo concentrarnos en una agenda regional más estratégica que, sin descuidar lo inmediato, se enfoque en políticas que activen dinámicas transformadoras y de largo plazo, agrupadas en cinco pilares fundamentales

El primero es robustecer las redes de desarrollo social, para proteger y fortalecer el capital humano, mediante más y mejores opciones de educación, empleo y emprendimiento.  Los sectores más vulnerables necesitan ayuda, pero sobre todo oportunidades. Estas, además, evitarán el debilitamiento de los estratos medios.

El segundo pilar, es dinamizar el crecimiento económico aprovechando las transformaciones en las cadenas globales de valor y la reubicación geográfica de procesos de producción. Esto deberá complementarse con mercados internos más eficaces y un impulso a procesos de integración regional de nueva generación, que amplíen el acceso a mercados y aprovechen economías de escala, sin depender del proteccionismo. 

El tercero es acelerar la incorporación de la región a la cuarta revolución industrial y al uso de las tecnologías digitales. Para lograrlo, el BID deberá fomentar políticas nacionales robustas, el desarrollo del capital humano (ver primer pilar) y el impulso a un sector privado robusto.

Además, debemos promover economías verdes dinámicas y eficaces, mediante inversiones en energías limpias e infraestructuras sostenibles. En el caso de los países costeros, es clave una agenda azul que les permita aprovechar de manera sostenible sus recursos marinos. Este es el cuarto pilar.

Finalmente, debamos promover instituciones justas, eficientes y transparentes. La región requiere dinamismo productivo y estabilidad macroeconómica, pero también más apego al estado de derecho, más seguridad jurídica, más integridad y más protagonismo ciudadano.

Un legado para las próximas generaciones

En los diversos puestos públicos que he ocupado y también en las iniciativas internacionales en que he participado, siempre he procurado dejar un buen legado. No sería diferente en esta ocasión.

Una enorme riqueza de nuestra maravillosa región es el gran contingente de jóvenes que aún están construyendo su proyecto de vida. En ellos, y en los que están por nacer, se enfocaría mi legado. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) nos recuerda que la población de ALC crecerá en 100 millones durante las próximas cuatro décadas. He aquí una ventana de oportunidad para acrecentar nuestro capital humano y potenciar el desarrollo integral. De aprovechar adecuadamente este bono demográfico, algunos de los países más rezagados de la región podrían crecer hasta en un 35% más.

Sin olvidarnos de que todos contamos, el talento joven de nuestra región debe ser la gran fuerza que impulse la renovación económica en los años por venir. La próxima generación no debe estar destinada a la exclusión, el desempleo, la violencia o la migración forzada que hoy sufren millones de habitantes de ALC. Cumplir con sus sueños de bienestar y desarrollo dependerá de las oportunidades que les podamos ofrecer. Es el mejor legado que el BID podrá dejar. Me comprometo a trabajar por él.

Laura Chinchilla fue diputada, ministra y presidenta de Costa Rica entre 2006 y 2010. Es vicepresidenta del Club de Madrid, consultora y miembro de varios organismos no gubernamentales que promueven la democracia, el desarrollo sostenible y los derechos humanos.

Por Laura Chinchilla
@Laura_Ch