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Promoción de la Apertura Política en Cuba

03-10-2023

Lecciones cubanas: siempre puede haber una última elección democrática

Argentina enfrenta un reto mayúsculo de supervivencia democrática, donde como en esa Cuba de 1948, las opciones que pueden sacar al país de un atolladero crítico no parecen ser los candidatos y las candidatas argentinas que ví en este debate televisivo terrible. Como la Cuba de 1948 probó, las democracias son frágiles, tanto por sus políticos como por sus ciudadanías desencantadas de la democracia y en busca de soluciones mágicas ofrecidas por líderes mesiánicos
Por Oscar Grandío Moráguez
Foto: lanacion.com.ar, Maxi Failla.

Mirando en vivo en la internet el debate presidencial argentino - donde diferentes candidatos se interrumpían constantemente en un ejercicio que nada tenía de debate real, y si de caos y desorden, que refleja el estado actual de la nación argentina - pensé en que quizás éste bien pudiera ser el último debate en unas elecciones libres y democráticas en ese país. Y pensé mas: estas elecciones argentinas bien pudieran equipararse a aquellas elecciones del 13 de junio de 1948 en mi paìs natal, Cuba, cuando los millones de cubanos que acudieron a las urnas aquel día no imaginarían que serían las últimas en que votarían en democracia por un cargo de presidente en 75 años.

Y no es este un pensamiento a la ligera. En primer lugar, estos cinco candidatos y candidatas argentinas no parecen ofrecer una salida realista y seria a la profunda crisis generada por años de ineptitud gubernamental y corrupción, que ha rebasado a todos los partidos políticos argentinos, donde obviamente el que ostenta el poder actualmente tiene la mayor cuota de responsabilidad. 

Las propuestas que escuché -  que van desde mantener el estatus quo actual hasta el extremo de desmantelar de manera absoluta el maltrecho estado argentino - parecen todas fábulas distópicas conducentes a finiquitar una democracia que tanto les costó restablecer a la ciudadanía argentina. 

Y aquí entra la semejanza con aquella lejana y democráticamente imperfecta Cuba de 1948. Un país que se había librado de una corta pero sangrienta dictadura en 1933 - la de Gerardo Machado - y que para 1940 había logrado restaurar la democracia desde lo institucional, con la aprobación de una constitución modelo para su época. La que no obstante no logró modificar la naturaleza clientelar y corrupta del sistema político cubano de entonces.

Para junio de 1948, Cuba estaba gobernada por un partido - el Auténtico Revolucionario - que se autodefinía como de izquierdas y revolucionario, clamando una continuidad política e ideológica con aquella revolución contra el dictador Machado, pero que sin embargo entregaban un país exhausto por la corrupción, la inseguridad y la ineficiencia.

Lo curioso es que ante la enorme crisis en que se encontraba el país, similar a la de la Argentina actual, los candidatos presidenciales de aquellas últimas elecciones cubanas ofrecían propuestas que lejos de contribuir al fortalecimiento democrático e institucional - que lograse sacar al país del atolladero - buscaban mantener el mismo orden de cosas del desastroso gobierno saliente del Presidente Ramón Grau San Martín, o proponían reformar de una manera “radical” al estado con una reducción profunda de este, pero bajo el control de las mismas élites recicladas.

Carlos Prío, un carismático, corrupto y parlanchín ministro del gobierno saliente era el abanderado del partido oficial; mientras un doctor en medicina, Ricardo Núñez Portuondo, sin experiencia política, de carácter explosivo, y portavoz de una autodenominada derecha liberal reformista, representaba al cambio. Otros dos candidatos sin opción real de ganar, uno comunista y otro de una escisión del partido de gobierno, completaban las candidaturas a las presidenciales.

Como en la Argentina del 2023, aquellos cuatro candidatos cubanos de 1948 - que ni deseaban ni podían ofrecer un cambio que salvase a la moribunda democracia cubana - se desgañitaban en cuantas emisoras de radio visitaban - a falta de televisión, que transmitiría el primer programa en Cuba hasta 1950 - para promover sus propuestas de campañas, mientras no perdían oportunidad para denostar a sus contrincantes políticos. Lo mismo hacían en la prensa escrita, donde intelectuales de peso como Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Ramón Vasconcelos, Raúl Roa, Rafael García Bárcena, Gastón Baquero, Salvador Bueno, Rafael Suárez Solís, o Raúl Lorenzo, y los mismos candidatos, entraban en enconadas lides ideológicas y políticas, en defensa de las cinco candidaturas en competencia.

Al final, el peso de las bases clientelares de los Revolucionarios Auténticos, y el uso de Prío de un discurso más conservador, hicieron que este ganara la elección con una amplia mayoría de votos frente a Núñez Portuondo, Sería Prío el último presidente electo democráticamente en Cuba, mientras que bajo su gobierno se profundizaría el debilitamiento democrático, bajo este sistema político corrupto, y con una población cada vez más insatisfecha con el sistema democrático imperante. 

El resultado fue terrible: en marzo de 1952, Fulgencio Batista—ex militar y ex presidente constitucional del país—, ante la realidad de las encuestas, desfavorables para él en las elecciones que se realizarían ese mismo año, daría un golpe de Estado al gobierno del presidente Prío, con una reacción apática y poco combativa de la ciudadanía cubana ante el golpe.

Batista suspendería todas las garantías constitucionales y gobernaría de manera ilegítima el país —con unas elecciones espurias convocadas bajo su mandato que intentaron validar su gobierno. Al final este régimen autoritario de Batista terminaría siendo depuesto por uno peor y más terrible, en enero de 1959, que, bajo el liderazgo de Fidel Castro, inauguró un sistema de gobierno totalitario absoluto - con una aceptación popular inicial mayoritaria - que se mantendría con una combinación de propaganda y terror, aún imperante en el archipiélago cubano. 

Es por eso que Argentina enfrenta un reto mayúsculo de supervivencia democrática, donde como en esa Cuba de 1948, las opciones que pueden sacar al país de un atolladero crítico no parecen ser los candidatos y las candidatas argentinas que ví en este debate televisivo terrible. Como la Cuba de 1948 probó, las democracias son frágiles, tanto por sus políticos como por sus ciudadanías desencantadas de la democracia y en busca de soluciones mágicas ofrecidas por líderes mesiánicos, que como Batista, o peor, como Fidel Castro, prometen el maná y terminan entregando el infierno. 

Los votantes y las votantes argentinas deben entender que una elección democrática siempre puede ser la última.

 

Oscar Grandío Moráguez
Oscar Grandío Moráguez
Historiador y politólogo, con una Licenciatura en Relaciones Políticas Internacionales por el ISRI (Cuba), con estudios de Maestría en Estudios de Asia y África en El Colegio de México, y de Doctorado en Historia en York University (Canadá). Ha impartido la docencia en universidades de Canadá, Estados Unidos y México.
@OscarGrandio
 
 
 

 
 
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