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Prensa

18 de noviembre de 2017

Zimbabwe: Robert Mugabe y los vicios del poder

«Como afirmaba Max Weber, los regímenes basados en un líder carismático siempre se enfrentan a una misma disyuntiva cuando este liderazgo llega a su fin, preocupados por saber quién los sucederá para lograr la perpetuación del régimen», dijo a Télam el analista Facundo González Sembla. Para este especialista que integra el Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos del CADAL (Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina), «aún es temprano para saber qué sucederá en Zimbabwe».
Fuente: Agencia Télam (Buenos Aires, Argentina)

(Télam) La caída del gobierno de Robert Mugabe en Zimbabwe parece demostrar -una vez más- que ninguna dictadura es buena para combatir la pobreza.

Desplazado del poder por las fuerzas armadas, el ahora nonagenario mandatario se transformó en un héroe nacional luego de que el país se independizara de Gran Bretaña en 1980, tras luchar contra La minoría blanca que gobernaba la ex Rodesia.

Llegó al poder de la mano del Frente Patriótico, una alianza guerrillera marxista que venció en las elecciones generales al obispo Abel Muzorewa.

A lo largo de 37 años, Mugabe transformó a Zimbabwe en uno de los países más prósperos de África, pero luego cayó en la corrupción y la pobreza.

Si bien mejoró la educación y prometió una reforma agraria -que solo se realizó parcialmente-, benefició a las élites empresariales, políticas y militares que se adueñaron del país, señalan distintos analistas.

Sin embargo, para muchos de sus seguidores, Mugabe representaba el hombre que se paró frente al poder económico y le dio tierras a la mayoría negra que había perdido sus dominios bajo el colonialismo británico.

El detonante de su desplazamiento fue la remoción del vicepresidente, Emmerson Mnangagwa, llamado "El cocodrilo", otro héroe de la independencia que competía con la esposa del dictador, Grace, de 52 años, por la sucesión presidencial.

La pelea entre ambos dividió al gobernante partido Unión Nacional Africana de Zimbabwe-Frente Patriótico (Zanu-PF).

Mnangagwa, un temido ex jefe de seguridad, era fiel a Mugabe pero rechazado por la inexperta Grace, la ambiciosa esposa del dictador que llevaba una vida plagada de excentricidades.

Su nombre figura ahora para dirigir un periodo de transición, luego del golpe encabezado por el general Constantine Chiwenga.

"Como afirmaba Max Weber, los regímenes basados en un líder carismático siempre se enfrentan a una misma disyuntiva cuando este liderazgo llega a su fin, preocupados por saber quién los sucederá para lograr la perpetuación del régimen", dijo a Télam el analista Facundo González Sembla.

Para este especialista que integra el Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos del CADAL (Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina), "aún es temprano para saber qué sucederá en Zimbabwe".

"Sin embargo, es de prever que los países limítrofes harán todo lo posible por evitar un conflicto armado al interior del país, debido a las consecuencias que éste podría traer aparejado. De hecho, el presidente de Sudáfica, Jacob Zuma, ya ha convocado a una reunión de la Comunidad de Desarrollo de África Austral para discutir la situación de Zimbabwe".

"Otro actor a tener en cuenta es China, principal socio económico del país, dado su apoyo financiero al régimen, así como sus inversiones en la extracción de diamantes y tabaco", señaló el analista.

En 2013, un grupo de observadores de la Unión Africana y el Comité para el Desarrollo Sudafricano (SADC) declararon libres y justas las elecciones presidenciales en las que Mugabe se impuso con el 61% de los votos.

Su partido Zanu-PF ganó 160 de los 210 bancas del Parlamento. Sin embargo, el principal candidato opositor, Morgan Tsvangirai, definió a los comicios como "una farsa enorme" y dijo que los resultados eran "nulos y vacíos".

Tsvangirai, ex primer ministro entre 2009 y 2013, celebró el derrocamiento de Mugabe y pidió que se aplique un mecanismo de transición acordado con todas las fuerzas políticas.

En las elecciones de 2008, este dirigente político se presentó como candidato y ganó la primera vuelta, pero debido al clima de intimidación se retiró del ballotage y Mugabe fue declarado ganador.

Durante esos comicios, las fuerzas de seguridad golpearon y mataron a miles de votantes opositores, según informes del diario The New york Times.

Al igual que Mugabe en Zimbabwe, hubo otros casos de dictadores africanos, como el emperador Jean-Bédel Bokassa, de República Centroafricana, y el ex presidente de Uganda Idi Amin Dada, a los que Occidente apoyó y les dio armas antes de que sus regímenes sucumbieran.

En esa lista habría que incluir también al asesinado presidente de Libia, Muhamar Kaddafi, considerado un líder del Movimiento de Países No Alineados, que al final de su vida fue acusado de crímenes de lesa humanidad. Kaddafi gobernó 42 años.

En su informe sobre Zimbabwe (2016-2017), la organización Amnistía Internacional, con sede en Londres, menciona un aumento de la violación de los derechos humanos, el aumento de la corrupción, el desempleo, la pobreza y la desigualdad social.

En 2003, el líder sudafricano Nelson Maldela opinó: "Nos encontramos en el amanecer de un siglo africano, un siglo en el que África ocupará su lugar legítimo entre las naciones del mundo".

Quizá ese sueño de Mandela pueda aplicarse también a Zimbabwe, un país que observa atribulado el fin del gobierno de un héroe de su independencia que se transformó en un dictador.