Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

24-03-2003

REBROTE DESPOTICO DE FIDEL CASTRO

Al menos treinta activistas políticos han sido detenidos recientemente en Cuba, en una nueva embestida represiva desatada por el castrismo, de la que fueron víctimas, también, tres periodistas que intentan desarrollar su actividad al margen del monopolio informativo estatal.
Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Al menos treinta activistas políticos han sido detenidos recientemente en Cuba, en una nueva embestida represiva desatada por el castrismo, de la que fueron víctimas, también, tres periodistas que intentan desarrollar su actividad al margen del monopolio informativo estatal.
Puesto en un evidente extremo de su clásico balanceo entre el rigor persecutorio y la relativa tolerancia, Fidel Castro ha vuelto a recaer en el primero de esos términos, con un ahincamiento que no se registraba desde hacía algunos años. Atemperado por el transcurso del tiempo, el dictador caribeño dejó en los últimos años que crecieran ciertas manifestaciones de disidencia; de pronto, al parecer alarmado por el espacio de atención pública ganado por la oposición, ha intentado de un manotazo volver las cosas a como eran cuando la fortaleza sin fisuras de su régimen le permitía satisfacer su voracidad de poder sin el menor disimulo.
Pero esta actitud de ahora está llamada a concluir en ineludible frustración. Castro ha dominado por demasiado tiempo la escena política de su patria y se encuentra al presente agotado personal y políticamente. Privada su dictadura de fundamentos ideológicos y de respaldo internacional, sometida a adaptaciones y emparchamientos constantes -sobre todo para capear las dificultades económicas-, el único destino al que puede aspirar es al de extinguirse sin mayores trastornos. En ese sentido, también el paso de los años aporta lo suyo, mediante el deterioro físico del caudillo. Lo que no pudieron obtener opositores fervorosos, ni el enconado exilio de Miami, ni las infinitas maniobras ensayadas por Washington, podría conseguirlo en fecha no lejana el ineludible mandato de la biología.
A la espera de ese fin en cierto modo anunciado, Castro transcurre el presente preocupado por la notoria consolidación que está alcanzando la oposición interna, al punto que lo obliga a admitir, como situación de hecho, algunas estructuras y liderazgos que no ha podido reducir -como lo hacía antaño- mediante el encarcelamiento y la expatriación.
Valga un ejemplo: Oswaldo Payá, principal promotor del denominado Proyecto Varela -cuya finalidad es plebiscitar un proceso de reforma política-, al que pertenecen casi todos los activistas a los que se acaba de detener, se encuentra en libertad y todos los indicios coinciden en señalar que su influjo crece de manera sostenida.
En otras épocas, el "paredón" hubiese dado rápida cuenta de esas propuestas; por supuesto, mucho han cambiado las cosas desde entonces y hoy sería inviable una exhibición de fuerza por parte de quien se encuentra jaqueado por la historia y cuyo ascendiente sobre la sociedad que supo controlar férreamente se halla en franca disolución.
La burocracia del régimen, sus polizontes y sus magistrados pueden todavía seguir actuando como siempre, pero están cada vez más solos y terminarán por no tener consigo sino al propio Castro. El azar le ha dado a este personaje un papel inusualmente largo, pero no es seguro que vaya a tenerle consideración alguna cuando llegue el momento de que baje el telón para él y para el sistema despótico implantado en la isla hace más de cuatro décadas.

http://www.lanacion.com.ar/03/03/24/do_483171.asp
LA NACION | 24/03/2003 | Página 18 | Opinión

 

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