Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

20 de mayo de 2006

Hilda Molina pidió a Bachelet que la ayudara a salir de Cuba

Fuente: La Nación (Buenos Aires, Argentina)

Una carta desesperada

La médica disidente busca que Fidel Castro la deje visitar a su hijo en la Argentina

De médica a médica, de mujer a mujer y de madre a madre, la disidente Hilda Molina pidió a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que mediara ante Fidel Castro, de modo que autorice su visita temporal a la Argentina, acompañada de su madre, "por razones absolutamente humanitarias". La carta, fechada el 8 de abril en La Habana, fue entregada a la embajada de Chile y remitida a Santiago.

A su vez, el director del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), Gabriel Salvia, procuró apurar los trámites y, en Santiago de Chile, obtuvo el compromiso del ex diputado democristiano Exequiel Silva de darle el original a Bachelet. Sobre todo, en momentos en que la madre de Molina, de 87 años, se encuentra en grave estado de salud.

"Estoy desesperada -dijo Molina a LA NACION, desde La Habana-. Mi madre está bastante mal. Tiene una fractura en el hombro derecho y golpes en la cabeza y en la cara a raíz de la caída del otro día."

El otro día (el martes), la madre de Molina se cayó en el baño de la casa que comparte con su hija, cuyo brazo izquierdo está inmovilizado desde que fue intervenida hace unos años. Ambas se cayeron, en realidad.

En la carta, Molina ruega a Bachelet: "Excelencia, por favor, no nos abandone". No habla sólo por ella, sino también por "todos los prisioneros políticos, que van perdiendo pedazos de sus vidas cada segundo que permanecen en las terribles cárceles cubanas". Agrega que los presidentes Néstor Kirchner (Argentina) y José Luis Rodríguez Zapatero (España) "han gestionado a favor de la reunificación" de la familia, pero sus esfuerzos "no han fructificado debido a la intolerancia del señor Fidel Castro".

De Zapatero, Molina recibió una carta que dice que "mantiene constante atención" sobre el caso. De Kirchner nunca recibió señal alguna, excepto las diligencias diplomáticas que no han deparado resultados.

Frente a Bachelet, a la cual admira, Molina se presenta a sí misma como neurocirujana y neurocientífica cubana, de 62 años, que se honra "en coincidir" con ella "en las sublimes condiciones de médica, mujer y madre". Dice que adhirió al triunfo revolucionario, en 1959, y que, "en lo que aquí llaman misión internacionalista", trabajó dos años en Argelia.

El desencanto estaba cerca: "Desde etapas muy tempranas entré en contradicción con actuaciones del régimen, incompatibles con mis principios y criterios, las que discutí sistemática y frontalmente". Luego fue diputada, cargo al cual renunció, así como a las condecoraciones recibidas.

"Inmediatamente después se inició para mi familia y para mí un verdadero calvario -agrega-. Gracias a Dios, logré milagrosamente que mi único hijo [Roberto Quiñones Molina], también médico neurocirujano, viajara a la Argentina, el país de su esposa, pues temía por su vida."

Plegarias no atendidas

Desde 1994, Molina intenta sin éxito viajar con su madre a la Argentina y conocer a sus nietos, próximos a cumplir 5 y 11 años, respectivamente. No ha podido, consigna en la carta. "Me retienen como rehén en Cuba [...]. Dicen que soy una científica muy importante y que mi cerebro es patrimonio del país."

En concreto, Molina expone "los tres propósitos legítimos y humanitarios" por los cuales necesita viajar a la Argentina: "Visitar a mis queridos hijo y nuera; conocer a mis maravillosos nietos, y someternos, mi madre y yo, a los tratamientos médicos que requerimos con urgencia".

Después del accidente que sufrió la madre de Molina, el embajador argentino, Darío Alessandro, debió realizar "gestiones humanitarias", de modo que fuera atendida en el hospital escuela Calisto García, de La Habana, en donde le tomaron radiografías y le colocaron un yeso en el brazo.

"Mi mundo es la ciencia, no la política -dijo Molina por teléfono mientras su madre, desde otra habitación, reclamaba su presencia-. Mi madre no puede permanecer en estas condiciones en Cuba. Es cardiópata y asmática. Está casi ciega por cataratas y tiene problemas renales y digestivos. En las últimas semanas ha adelgazado mucho. Mi hijo ha pedido que fuera atendida en Buenos Aires, pero nos lo niegan, como les niegan a mis nietos el derecho, consagrado por la Convención para los Derechos del Niño de la ONU, de crecer con su abuela y su bisabuela."

Molina, a su vez, había denunciado una semana antes que varios hombres habían golpeado la puerta y los vidrios de su casa, de modo de intimidarla. Dijo que eran seguidores de Castro.

El ataque coincidió con la condena del gobierno de los Estados Unidos a "la represión de disidentes cubanos". Lo mismo había sucedido semanas antes; en esa ocasión, tras la visita de diplomáticos holandeses y checos interesados en conocer los detalles de su caso.

¿Por qué recurrió ahora a Chile? Por afinidad con su nueva presidenta, por un lado, y por falta de respuestas, por el otro. "El gobierno argentino no tiene nada que resolverme -dijo Molina-. En todo caso, debería resolver la situación de mis nietos, impedidos de algo tan básico como la reunión de la familia." Básico y elemental.

Por Jorge Elías
Fuente: Diario La Nación (Buenos Aires)
http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=807528

La Nación (Buenos Aires, Argentina)
La Nación (Buenos Aires, Argentina)