Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

24 de septiembre de 2003

La prensa que encarcela Castro

Fernando Ruiz narra en los primeros capítulos cómo fueron creciendo casi artesanalmente agencias clandestinas como Cuba Press, asociaciones como la Sociedad Márquez Sterling o la Federación de Periodistas de Cuba, no todas con el mismo futuro, pero en una red que no dejaba de crecer en busca de la libertad de expresión y la democratización del país. «Cada vez más gente se planta frente al régimen» -señala Ruiz- «y abre una nueva grieta en la pared de la dictadura».
Fuente: Ambito Financiero (Buenos Aires, Argentina)

Fernando Ruiz "Otra Grieta en la Pared"
(Bs. As., La Crujía, 2003, 254 págs.)

Fue un factor tecnológico, el enlace satelital de la red telefónica, en 1995 el que abrió las puertas al desarrollo de un periodismo libre en Cuba.
Desde entonces, muchos periodistas disidentes pudieron comunicarse con el mundo sin tener que pasar por los prestidigitadores de los cables telefónicos del régimen.

Pero la incipiente experiencia de prensa independiente de la adoctrinada por Fidel Castro sufrió un duro golpe en marzo pasado, cuando una serie de procesos sumarísimos encargados por el gobierno derivaron en sentencias de hasta 26 años en contra de 75 opositores, 27 de ellos periodistas, buscando ahogar de ese modo la creciente prensa independiente.
Esta obra es la esperada, y hoy famosa internacionalmente, investigación sobre la prensa en Cuba que realizara Fernando Ruiz. Y que llevó a que el periodista, y profesor argentino de Historia y Cultura de la Comunicación de la Universidad Austral, fuera encarcelado en la isla y deportado.

Ruiz entrevistó en febrero de este año a casi todos los 27 periodistas procesados en la oleada de marzo, pero él mismo terminó padeciendo la censura castrista que lo llevó a la cárcel durante dos días, antes de ser (debido a una intensa presión de medios de comunicación de diversos países de Occidente) expulsado de la isla. Pero no todos los periodistas independientes que Ruiz entrevistó están presos. Algunos de ellos depararán una sorpresa, que Ruiz devela en las páginas de "Otra grieta en la pared".
Ruiz narra en los primeros capítulos cómo fueron creciendo casi artesanalmente agencias clandestinas como Cuba Press, asociaciones como la Sociedad Márquez Sterling o la Federación de Periodistas de Cuba, no todas con el mismo futuro, pero en una red que no dejaba de crecer en busca de la libertad de expresión y la democratización del país. "Cada vez más gente se planta frente al régimen" --señala Ruiz-"y abre una nueva grieta en la pared de la dictadura".

Las historias de vida, narradas por los propios protagonistas, permiten conocer los casos de escritores cultos y legendarios, como la del "gordo" Raúl Rivero, o la de humildes batalladores de prensa de pequeños pueblos como Placetas, que padecen hasta lo indecible en sociedades en las que la delación es a la vez una garantía de privilegios. La variedad de los orígenes geográficos y sociales de los protagonistas del libro no impide coincidencias. Casi todos los ahora disidentes se sintieron en algún momento revolucionarios. Reniegan de la Cuba precastrista pero están asqueados de la Cuba actual.

En la segunda mitad, el libro de Ruiz incorpora matices que hacen el relato más vertiginoso, cuando transita los pormenores que llevaron a las detenciones. Allí se transcriben documentos imperdibles, como la acusación del fiscal contra el poeta Rivero y la descripción del "material terrorista" confiscado, que no excede de una radio, una computadora, videos, libros, "entre otros materiales de caracter subversivo", se atrevió a denunciar el funcionario judicial.

Sebastián Castro

  

  

 


Ambito Financiero (Buenos Aires, Argentina)
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