Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

16 de agosto de 2005

El ejemplo nórdico

Fuente: ABC (Madrid, España)

Escribió Claire MacCarthy en el Financial Times que el llamado «modelo danés» ha conseguido reducir la tasa de paro del 10 al 4,9%, con una tasa de actividad superior al 75%, la más alta de la Unión Europea. Esto sucede porque los países nórdicos están reparando su intervencionismo.

La clave danesa es lo que la OCDE llama «flexiseguridad», que estriba en mantener la Seguridad Social pero flexibilizar el mercado de trabajo. Obsérvese que no se trata de eliminar el intervencionismo sino sólo de corregirlo: el Estado busca resolver el paro sin achicarse. En Dinamarca hay un elevado seguro de desempleo, que llega hasta al 90 % del último salario y se cobra desde el primer día sin trabajo. Ahora bien, a las pocas semanas el desocupado empieza a recibir invitaciones para participar en programas de «activación», que pueden incluir desde cursos de formación profesional hasta asistencia en la búsqueda de una nueva colocación. Si el desempleado no los acepta, el seguro de paro cae rápidamente hasta los escalones más bajos de la asistencia social que, según dice MacCarthy, «a menudo apenas alcanzan para cubrir las necesidades más básicas». Hay un buen ambiente de concertación entre sindicatos y empresarios, y el salario mínimo no existe.

Para temerosos de «globalización neoliberal», repito: no comporta un Estado más pequeño, al contrario, el gasto social es enorme, y la tercera parte de la población danesa paga un IRPF con un tipo del 63%. Que no nos cuenten historias sobre el «Estado anoréxico».

Más conocido es el caso de Suecia, que también intenta desmontar los aspectos más extravagantes de su famoso «modelo», como explica Mauricio Rojas en «Suecia después del modelo sueco. Del Estado benefactor al Estado posibilitador», Buenos Aires, Fundación Cadal, 2005 (disponible en: www.cadal.org). Han escrito sobre esto recientemente Gorka Echevarría en Libertad Digital, Rogelio Velasco en los diarios de la cadena Joly, y Mario Vargas Llosa en El País; véase también el editorial del Wall Street Journal: «The outdated «Swedish Model»», 15 julio 2005.

Ya en los años sesenta aparecieron las primeras grietas de un modelo que evidentemente no funcionaba: paro, impuestos, burocracia, «cultura del subsidio» y languidecimiento económico y extensión de la pobreza. La receta, como en Dinamarca, fue contener la expansión del Estado, flexibilizar, privatizar, e intentar cambiar el rumbo de un sistema paternalista que cegaba la iniciativa individual.

Otra vez, pido tranquilidad al pensamiento único, aterrado ante una ofensiva estaticida que no existe. Tampoco en Suecia bajaron apreciablemente los impuestos sobre la renta personal. En cambio, en los países nórdicos la imposición sobre las empresas suele ser moderada. Son nórdicos, pero no tontos.

Fuente: abc (Madrid)