Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Prensa

18 de septiembre de 2005

La clave de Chile: los contrapesos

Fuente: La Prensa (Argentina)

Por Jairo Straccia

EL EX MINISTRO DE ECONOMIA, JORGE MARSHALL, EXPLICA QUE HAY DE MITO Y DE VERDAD EN EL MILAGRO TRANSANDINO

En los foros económicos de la Argentina hay un lugar común: "el modelo de desarrollo chileno" como espejo para mirarse. El brillo de un país que crece desde 1985 a una tasa acumulativa del 5,6% anual, con un sólo signo negativo en 1999, tienta a los especialistas a recomendar una copia inmediata de ese programa económico.
 
 
Sin embargo, Jorge Marshall, ex ministro de Economía trasandino entre 1990 y 1993, y actual asesor de la candidata presidencial Michelle Bachelet, rechazó en diálogo con este medio el mito del modelo y especificó que la lección que puede tomar la Argentina es la perdurabilidad de los acuerdos y la estabilidad por encima de los gobiernos.
En una visita relámpago para presentar el libro La Experiencia Chilena, Consensos para el Desarrollo, publicado por el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal), Marshall se entrevistó con Roberto Lavagna y advirtió que nuestro país se enfrenta al desafío de transformar la actual recuperación en crecimiento sostenido.

-¿Qué opina de que Chile sea mencionado como modelo económico regional?

-No existe el concepto de modelo económico chileno, en el sentido de que sea utilizable para otro país, porque lo importante es cómo cada país traduce su modelo. El modelo chileno sólo es aplicable a Chile porque fue elaborado para Chile. Lo que sí se puede sacar de Chile para poder construir el modelo económico argentino es que hay que llegar a acuerdos, hay que tomar la experiencia internacional, y esa experiencia internacional dice que la apertura es buena, la interdependencia con el mundo es algo positivo, la estabilidad es buena, es indispensable establecer restricciones al ejercicio del poder de la autoridad, con reglas preestablecidas. La limitación de la holgura puede traer ciertos costos, pero a la larga trae beneficios. Eso lo hemos llamado la construcción institucional. Esas son las lecciones que yo destaco del caso chileno.

-¿Y cuál es la Experiencia Chilena de la que habla el libro?

-La experiencia de Chile nos indica que no hay recetas para el crecimiento. Durante los últimos años nos han acostumbrado ha pensar que las políticas surgen de recetarios como el Consenso de Washington. Hay mucha experiencia internacional de la cual podemos aprender en términos de políticas e instituciones. Por ejemplo, la apertura, la estabilidad, la competencia de mercado. Hay mucha vivencia de distintas formas de hacer políticas con instituciones adecuadas, pero cómo estas políticas se aplican a cada país, depende de las condiciones específicas. Es como decir la letra chica de las cosas. En ese espacio, lo que ocurre es el proceso de gobernabilidad, de pasar de la experiencia internacional a hacer una agenda de gobierno. Esa es la principal experiencia de Chile de estos años.

-¿Qué podría aprender la economía argentina del desarrollo de su país?

-Lo que se puede aprender es generar instituciones, que en distintos ámbitos vayan estableciendo contrapesos, de modo que las decisiones de una parte del Estado, en el ejercicio del poder, tenga dentro del Estado un contrapeso efectivo. Se trata de acuerdos, pero con respaldo técnico, no acuerdos de cúpula. Si no hay una base técnica, no hay posibilidades de que un acuerdo sea verdadero, porque si el acuerdo es solamente de cúpula, se acaba con otro acuerdo de cúpula. Los países desarrollado generan mecanismos técnicos que le vayan dando respaldo técnico a las políticas.

INTERDEPENDENCIA

-¿Cómo ve a la Argentina en este momento?

-La veo como un país que ha tenido una recuperación probablemente mayor a la que los analistas anticipaban hace algunos años. Pero enfrenta un desafío: convertir esa recuperación en un crecimiento sostenido, la experiencia internacional indica que tiene que aumentar su interdependencia con el mundo, no reducirla, porque los países que han logrado progreso y desarrollo son los que han logrado interdependencia. Eso significa inversiones, exportaciones, etc. pero es interdependencia. También implica estabilidad, porque si estamos preocupados por la inflación, obviamente habrá dificultades para hacer inversiones de mediano plazo.

-Habla de interdependencia con el mundo. En comercio exterior, tanto Chile como la Argentina, ¿deben renunciar al valor agregado para insertarse como proveedores de cobre y soja, respectivamente?

-Si uno logra mejorar la productividad en la producción de la soja, eso es valor agregado. En el caso del cobre, exportar cobre a 80 centavos de costo o exportarlo a 60 centavos de costo, es muy distinto. Es otra tecnología y son 20 centavos por libra de cobre, que son valor agregado nacional, que son tecnología, y eso es lo que estamos haciendo. Al bajar el costo en la producción de la soja o de cualquier otra materia prima, estamos generando valor agregado. Hay espacio para generar valor agregado, a partir de lo que hacemos. Obviamente también hay un desafío de innovación, que requiere -a partir de lo que estamos haciendo- generar nuevos productos. Eso requiere inversiones de muy largo plazo.

-¿Cuál es el horizonte de la relación económica de la Argentina con Chile?

-Hay una vocación por ambos países de buscar espacios de integración. El primer paso es que a pesar de las dificultades por el gas, se ha mantenido en ambos gobiernos y en ambos sectores privados, se ha mantenido el convencimiento de que la integración es el camino para la economía. La Argentina tiene una tradición industrial más grande, y Chile tiene una tradición de servicios más grande. Ahí hay una experiencia que puede complementarse.

 
Fuente: Suplemento Económico Diario La Prensa, domingo 18 de septiembre de 2005.