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Promoción de la Apertura Política en Cuba

30 de junio de 2017

Cuba, cambiando poco y para peor

En La Habana, la vida se mantiene en la era pre-internet. Uno no puede orientarse usando Google Maps o revisar las opiniones sobre el próximo restaurant al que uno desea ir. Cierto es que el acceso irrestricto a internet las 24 horas del día es un fenómeno reciente, pero si no se equipara a los estándares internacionales, Cuba no será capaz de expandir su base de turismo. Si bien es innegable que Cuba ha cambiado, el mundo cambió mucho más rápido y, por ende, la isla continúa quedando muy detrás.
Por Patricio Navia
@patricionavia
Cuba, cambiando poco y para peor

Muchas personas esperaban que las reformas que introdujo la administración de Raúl Castro en Cuba ayudarían al país a una transición de su economía estatal centralizada a una más amigable al mercado donde el emprendimiento individual pudiera promover el desarrollo económico. Desafortunadamente, las pocas reformas implementadas en los nueve años de Raúl Castro en el poder promovieron el desarrollo de la peor forma de capitalismo de amigos, una situación en la cual el poderoso estado – en lugar de promover la competencia de mercado – da favores a empresas privadas extranjeras que vienen a la isla atraídas por el acceso especial del cual gozan.

Cuando Fidel Castro se retiró de la presidencia de Cuba en 2008, el nuevo gobierno comenzó a anunciar una serie de reformas para permitir la participación del sector privado en la actividad económica. Algunas medidas permitían que los ciudadanos cubanos establecieran sus propios pequeños negocios mientras que otras iniciativas buscaban atraer inversiones extranjeras para desarrollar la industria del turismo e invertir en otros sectores productivos. Hoy se pueden ver muchas grúas de construcción en La Habana. Se han construido nuevos hoteles y la parte vieja de la ciudad está siendo rápidamente renovada. Tiendas sofisticadas que atienden a los adinerados turistas son la nueva atracción de la ciudad. Es fácil hallar negocios pequeños y restaurantes lo cual refleja el fuerte espíritu emprendedor de muchos cubanos.

Sin embargo, el estado ha retenido su abrumador control sobre la economía nacional. En la industria turística, el país está lejos de desarrollar una mentalidad orientada a la atención al cliente. La actitud burocrática de trabajadores del sector público y la mayoría de trabajadores contratados por el gobierno en empresas privadas hace que sea difícil a los turistas que visitan el país poder relajarse y disfrutar. Las largas filas de espera en el aeropuerto para recoger las maletas o para cambiar la moneda extranjera por CUC (Moneda atada al dólar para los turistas) pueden acortarse si se le da algunos dólares a un taxista que te lleva a una agencia de turismo a cambiar dólares (aunque igual hay que pagar un impuesto adicional del 13% si se cambian dólares en lugar de Euros).

Es cierto que La Habana es una ciudad segura y su gente es muy amigable, pero no tener acceso a internet en las calles en 2017 – y tener una conexión lenta y poco confiable en los hoteles – no encaja bien con el turista moderno de intensa participación en las redes sociales. En La Habana, la vida se mantiene en la era pre-internet. Uno no puede orientarse usando Google Maps o revisar las opiniones sobre el próximo restaurant al que uno desea ir. Cierto es que el acceso irrestricto a internet las 24 horas del día es un fenómeno reciente, pero si no se equipara a los estándares internacionales, Cuba no será capaz de expandir su base de turismo. Si bien es innegable que Cuba ha cambiado, el mundo cambió mucho más rápido y, por ende, la isla continúa quedando muy detrás.

El tiempo no es dinero

El gobierno cubano ha abrazado el capitalismo, pero en su peor forma. En lugar de promover la competencia, el gobierno ha buscado formar equipo con el sector privado para brindar servicios o regular la provisión de servicios. Por ejemplo, como la reserva de hoteles debe hacerse a través de una agencia de viajes estatal, hay poca competencia entre los hoteles para atraer a los turistas. Como no hay cultura de la satisfacción del cliente, los turistas deben confiar en las buenas intenciones de los cubanos para recibir un buen servicio. Para atraer inversión extranjera, el gobierno firmó acuerdos con empresas privadas que minan la competencia y desequilibran el campo de juego para otras compañías que pudieran considerar entrar en el país a futuro.

Tras casi 60 años de gobierno revolucionario, los cubanos valoran al tiempo de forma diferente. En la isla el tiempo no es dinero. Para los relajados turistas, puede que sea una buena cosa. Pero cuando uno se acostumbra a la eficiencia en los aeropuertos, hoteles, restaurantes y negocios, la actitud relajada y tranquila puede ser algo frustrante.

Las reformas impulsadas por Raúl Castro han buscado generar oportunidades para que los cubanos hagan algo de dinero y brinden servicios que el gobierno ha probado brindar ineficientemente. Sin embargo, en lugar de abrazar valores capitalistas, el gobierno simplemente aprendió a coexistir con algo de capitalismo. Como el gobierno autoritario sospecha que, si no lo controla, el capitalismo se apoderará del país, la iniciativa privada es diezmada, restringida y sobre-regulada. Como resultado, los cubanos terminan teniendo la peor clase de capitalismo, el capitalismo de amigos. Ya sea porque las compañías privadas ingresan al país por su buena posición con las autoridades o porque los pequeños emprendedores son capaces de mantener sus negocios si pueden convencer, o sobornar, a los reguladores gubernamentales, no hay un campo de juego nivelado en Cuba donde los mercados puedan promover eficiencia y bajar los precios, mientras al mismo tiempo mejora la calidad del servicio.

Claramente Cuba ha cambiado desde que Fidel Castro dejó el poder en 2008 y desde que Raúl Castro y Barack Obama avanzaron en la normalización de las relaciones entre EE.UU. y Cuba en 2016, pero el país cambió mucho menos de lo necesario para poder impulsar un crecimiento económico real y sostenido. Además de experimentar poco progreso en el aspecto democrático y de estado de derecho, la consolidación del capitalismo de amigos dependiente del estado confirma que el poco cambio que realizó el país ha sido en la dirección incorrecta.