Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Artículos | Diálogo Latino Cubano

Promoción de la Apertura Política en Cuba

30 de junio de 2017

Juan Antonio Alvarado Ramos (1953-2017)

Mi contacto con Juan Antonio me sirvió para adentrarme en la situación cubana y la historia de la esclavitud isleña, reflexionar más sobre el ejercicio de las libertades cívicas y pensar qué implica el exilio, dado el lugar de residencia del presidente de la Plataforma de Integración Cubana (PIC) y jefe editor de Identidades.
Por Omer Freixa
@OmerFreixa
Juan Antonio Alvarado Ramos

Una frase puede resumir la trayectoria del antropólogo y activista cubano, el Dr. Juan Antonio Alvarado Ramos (Matanzas, Cuba, 1953 - Miami, Estados Unidos, 2017): una vida dedicada a causas justas, como el logro de la igualdad social y la búsqueda de democracia en su isla natal. Formado en historia y antropología, falleció a sus 64 años, el viernes 26 de mayo en la ciudad de Miami, donde residía y desde la que trabajó e investigó. Como presidente de la Plataforma de Integración Cubana (PIC), destinada a abogar por los derechos de afrodescendientes y otras minorías relegadas en Cuba, fue activo promotor de dos publicaciones que fundó, las Revistas Islas e Identidades, en las cuales se desempeñó como jefe editor. Deja una importante obra como legado, el caso del Atlas Etnográfico de Cuba (1998), en la cual participó y ayudó a producir en calidad de investigador del actual Centro de Antropología y del Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana, y su más reciente La huella africana en Cuba (2016), donde condensó su tiempo de investigación en Angola, además de varios artículos.

No llegué a conocerlo en persona. Hablamos telefónicamente y nuestros intercambios por la red social se hicieron asiduos gracias a mis colaboraciones en Identidades, dedicada esencialmente a la cuestión racial en Cuba, entre otros tópicos. Al respecto, no pienso renunciar en la labor como autor de la revista y sentiría una derrota si la misma, tras esta triste pérdida, dejara de publicarse. Eso sería como un agravio a la memoria de su jefe editor y creador.

Por otra parte, Alvarado me pidió opiniones y comentarios de su obra: La huella africana en Cuba, a lo que gustosamente accedí y los mismos fueron tenidos en cuenta a partir de la posterior revisión de la obra. No pude asistir, por razones personales, al congreso de LASA (Latin American Studies Association), cuya sede este año fue Lima, entre finales de abril y principios de mayo, pese a su invitación. Al momento de la celebración del congreso, los asistentes percataron su acentuado deterioro general. En simultáneo trabajábamos en la próxima edición de Identidades. Le envié mi artículo vía mail y no obtuve respuesta, lo que me hizo sospechar, pues respondía rápido a pesar de su excusa de manejar torpemente las nuevas tecnologías (a mi parecer, un exceso de modestia suyo).

Gracias a la gentil invitación a colaborar en los sucesivos números de Identidades, pude plasmar mis impresiones sobre los afrocubanos tras mi viaje a La Habana en un momento histórico muy particular, a finales de 2014, signado por el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos. En general, Alvarado me permitió la posibilidad, y le estoy profundamente agradecido, de sumar mi voz a la de otros profesionales y cientistas sociales de latitudes americanas distantes a la cubana (Perú y Argentina), a fin de abordar temáticas sociales inherentes a otros países de la región y, también, conferirme espacio para indagar sobre la afrodescendencia en América Latina y el Caribe en una etapa importante.

Entre 2015 y 2024 transcurre el “Decenio Internacional de los Afrodescendientes”, promovido por Naciones Unidas. Al respecto de lo último, Identidades debe continuar siendo una importante herramienta para ayudar a cumplir los objetivos planteados por el Decenio, una mejora de la situación de los afrodescendientes en la región, en tanto consecución de derechos y adquisición de un visible mejoramiento de la calidad de vida para una comunidad, de unos 150 millones de habitantes, que en muchos casos ocupa los peores escalones de los indicadores sociales. En Cuba el gobierno solo reconoció poco más de un 9% de población afrodescendiente en el último censo (de entre 11 millones de habitantes), una cifra que es síntoma de la falta de auto-aceptación de los afrocubanos, entre otros problemas.

Mi contacto con Juan Antonio me sirvió para adentrarme en la situación cubana y la historia de la esclavitud isleña, reflexionar más sobre el ejercicio de las libertades cívicas y pensar qué implica el exilio, dado el lugar de residencia del presidente de la PIC y jefe editor de Identidades. Considero que el mejor homenaje que le puedo rendir a Juan Antonio es continuar ese gran trabajo grupal que fue y es Identidades, pues gracias a esta se formó un colectivo con una cuota importante de conocimiento que aportar y con el que discutir en torno a la concreción de sociedades más justas e igualitarias. “Juntos somos más”: de este modo se presenta la PIC. Él me integró a la misma, le estaré siempre agradecido. A continuar con su legado en defensa de los Derechos Humanos y de lucha incansable contra el racismo.