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30 de junio de 2017

Karla Pérez González y su expulsión de la Universidad: «una injusticia semejante solo puede despertar solidaridad»

Las autoridades de la Universidad dieron a conocer un documento llamado “Nuestras razones”, donde intentaron explicar sus motivos para expulsar a Karla. Y ellos son lamentables. Nada habla dicho documento de la libertad académica, de la universidad como un lugar de búsqueda, de convivencia entre gente que piensa diferente, de libertad de expresión.
Por Tomas Linn
Karla Pérez González

Todos los días las noticias que vienen de Venezuela impactan. Con frecuencia se informa que un periodista fue asesinado en México. Pero poco se sabe de los sistemáticos y callados métodos para sofocar la libertad en Cuba. Métodos que se vienen aplicando desde hace décadas en medio de una generalizada indiferencia. Karla Pérez González, con sus apenas 18 años, puede dar cuenta de cómo funcionan esos métodos. Fue expulsada de la universidad a la que asistía, por la sola razón de que piensa diferente.

Tan arbitraria decisión fue tomada en una suerte de juicio sumario interno de su universidad, al mejor estilo estalinista. Por cierto, el caso no fue mencionado por la prensa oficial de Cuba pero sí por las redes sociales. El popular cantante Silvio Rodríguez apoyó a la joven en su blog.

 El hecho tampoco tuvo demasiada repercusión en la prensa internacional, aunque sí interesó a medios de prestigio, como El País de Madrid.

Karla era estudiante de Periodismo en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas (UCLV) en la localidad de Santa Clara, Cuba. Se trata de la Universidad más importante en la región central de dicho país y funciona desde 1952.

Tras un proceso kafkiano por lo absurdo y staliniano por lo metódico, conducido por sus propios compañeros y las autoridades de la Universidad, la estudiante fue notificada de su expulsión. Esto ocurrió en abril de 2017 cuando Karla ya tenía terminado su primer semestre de estudios y sus calificaciones eran buenas.

Un comité de estudiantes oficialistas resolvió evaluar sus posturas políticas, sus comentarios en las redes y su pertenencia al conocido grupo opositor “Somos+” y entendió que eso no debía ser tolerado. Se le acusó de pertenecer al mencionado movimiento, de estar conectada con sitios digitales que cuestionan al gobierno; eso demostraba, dijeron, que había querido subvertir a sus compañeros desde que se iniciaron los cursos.

Según dijo la estudiante, en el documento en que se le notificó la expulsión (y avalado por la Federación Estudiantil Universitaria), no se fundamentaron los motivos de esa decisión.

Con lúcida ironía Karla se preguntó que pruebas podía presentar ella para apelar la decisión, “si ellos mismos no presentaron ni una prueba”. El motivo aludido por las autoridades para una sanción tan extrema era que ella actuaba de manera “manifiestamente contraria al proceso revolucionario”.

Al ser expulsada de esa universidad Karla quedó automáticamente impedida de acceder a cualquier otra institución  de la enseñanza superior en Cuba. No podrá seguir estudiando allí de por vida.

Esta expulsión fue explicada en círculos opositores como una ofensiva del régimen contra el movimiento Somos+, quizás por la presencia que tiene entre los sectores jóvenes del país. Justo antes de este episodio, el líder y fundador de dicho grupo, Eliécer Ávila, había sido arrestado y tras revisar su casa se le incautaron documentos y equipos.

Las autoridades de la Universidad dieron a conocer un documento llamado “Nuestras razones”, donde intentaron explicar sus motivos para expulsar a Karla. Y ellos son lamentables.

Por un lado sostienen que la joven hizo “caso omiso” al concepto de Revolución jurado por los cubanos tras la muerte del dictador Fidel Castro el pasado mes de noviembre.

Entienden que Karla entró a la universidad con un plan premeditado que quería aplicar desde el primer día de cursos: su idea era graduarse como periodista “para luego actuar en la sociedad desde una posición contraria a la política de los medios de comunicación de nuestro país”. Para la Universidad eso era de extrema gravedad y por eso dejó bien claro que la carrera de Periodismo era para los revolucionarios y no para las personas “plegadas a la contrarrevolución”.

Nada habla dicho documento de la libertad académica, de la universidad como un lugar de búsqueda, de convivencia entre gente que piensa diferente, de libertad de expresión.

El documento intenta explicar la arbitrariedad rampante de la medida, citando a Fidel Castro numerosas veces como si eso alcanzara para justificarse. Los lugares comunes de sus argumentos, repetidos y trillados, no convencen.

Lo grave, dice el documento, fue haber sido parte del mencionado grupo de Ávila, al que acusan de buscar “el pluripartidismo, las elecciones ‘libres’ y la economía de mercado”. Vaya pecado.

Pero hubo una positiva novedad en este procedimiento. Lo habitual cuando se toman estas medidas es que ellas sean promovidas o apoyadas por unanimidad por los estudiantes. Sin embargo, como señaló El País de Madrid, seis compañeros de Karla (de catorce), se opusieron en forma clara y explícita a que se la expulsara.

Karla denunció que varias personas que ella conocía habían sido molestadas. “Algunos amigos me han dicho que incluso los han llamado a la rectoría por compartir una foto mía en su perfil de Facebook”.

Una llamativa voz salió en su defensa, la del cantautor Silvio Rodríguez. En su blog dijo que era “torpe y obtuso lo que se le ha hecho a esta muchacha”. Agregó que “una injusticia semejante solo puede despertar solidaridad. Y por supuesto curiosidad. No es la primera vez que me parece que la CIA es quien toma algunas decisiones a nombre de la Revolución. Qué brutos somos, coño, y pasan décadas y no aprendemos”.

Su caso tomó notoriedad y el diario “El Mundo” de Costa Rica le ofreció una beca para continuar sus estudios en una universidad costarricense.

Desde el régimen se busca desacreditar a Karla. Por todos los medios y con más de lo mismo. En los sitios oficiales se habla de que ella es “una mercenaria, caballo de Troya, proselitista de un grupo opositor, contrarrevolucionaria”. Se dice además que está “deteriorada política e ideológicamente”. Nada que preocuparía en un país democrático pero que parece ser un drama en Cuba, donde se espera que todos piensen lo mismo.

Karla no es la primera víctima de estas arbitrariedades. Son numerosos los estudiantes que fueron obligados a abandonar sus carreras por simpatizar con grupos opositores. Tal discriminación responde a una consigna que parece sagrada: “la Universidad es para los revolucionarios".

Los que piensan diferente, afuera.