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30 de junio de 2015

La jauría ilustrada: reflexiones finales sobre la Cumbre de Panamá

La mezcla de intelectuales, funcionarios y dirigentes de organizaciones pro régimen- personas todas con niveles adecuados de instrucción- desfiguraron sus rictus y rajaron sus voces en medio del ambiente de gritos y exaltación militantes. Mientras, con sus bemoles, la participación de la sociedad civil opositora en la Cumbre de Panamá dejo un saldo positivo en lo referente a los estilos y contenidos de su agenda: mantuvieron su disposición al diálogo con aquellos que los desprecian; hicieron buenas propuestas a las declaraciones finales, apostaron a la reconciliación y los derechos de todos.
Por Armando Chaguaceda y Sjamme van de Voort

Abel Prieto(Guanajuato, México) “¡No vamos a estar bajo el mismo techo, ni vamos a dialogar con personas que no tienen la menor legitimidad!” Estas fueron las palabras de Abel Prieto, escritor cubano, ex-ministro de Cultura y asesor del presidente Raúl Castro, cuando presidió una de las ‘declaraciones’ de la sección de la sociedad civil cubana sancionada y movilizada por el gobierno de Castro, ante la presencia opositora en los foros en la VII Cumbre de las Américas. La falta de diálogo entre esta fracción de los participantes había sido anticipada, pero sin embargo, la forma violenta en que se manifestó erosionó el moderado optimismo que algunos –incluidos nosotros- abrigábamos respecto a la Cumbre, en tanto foro para la deliberación posible y despolarizante.

El bloque de la sociedad civil sancionada por el gobierno cubano repartió en Panamá un suplemento especial llamado ‘Mercenarios en Panamá’, elaborado por la Unión de Periodistas Cubanos, en el que publican una foto de Guillermo Fariñas, líder de la organización Frente Antitotalitario Unido, posando con el autor intelectual del ataque terrorista al vuelo 455 Luis Posada Carriles en la primera página. Otras fotos en la primera página retratan a Yoani Sánchez saludando a Bob Menéndez; Rosa María Payá posando con el ex presidente español José María Aznar, y al defensor de los derechos humanos Jorge Luis García (llamado Antúnez) con el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe y Roger Noriega, ex alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos para América Latina. Los artículos del suplemento, hostiles todos ellos, acusaban a los representantes de la sociedad civil cubana no sancionada por el gobierno, de ser fabricadas por enemigos externos de Cuba o, de plano, agentes de la CIA.

La hostilidad no se quedó en las páginas impresas. El miércoles 8 de abril, el Foro de la Sociedad Civil fue escenario de un ‘acto de repudio’, método caracterizado por utilizar turbas que insultan y agreden física y verbalmente a un opositor. Como jauría ilustrada, la mezcla de intelectuales, funcionarios y dirigentes de organizaciones pro régimen- personas todas con niveles adecuados de instrucción- desfiguraron sus rictus y rajaron sus voces en medio del ambiente de gritos y exaltación militantes. El acto fue reportado por Rosa María Payá, y el periodista Frank Abel García reportó la presencia de representantes de las organizaciones oficialistas cubanas. Fuera del acto en el Foro de la Sociedad Civil se produjeron actos violentos frente a la embajada cubana, donde actores de la sociedad civil socialista y la sociedad civil no afiliada con el gobierno se enfrentaron a puñetazos, en medio de un operativo movilizado por funcionarios de la isla.

Patotas castristas realizan en Panamá "actos de repudio"

Pero lo más grave fueron los actos de repudio dentro de los foros dedicados a Gobernabilidad y Participación Ciudadana. Voz mandante en las agresiones, Abel Prieto declaró que los actos eran hijas de la “indignación”, primero porque la organización de la Cumbre no había acreditado a 28 de los actores de la sociedad civil afiliada al gobierno cubano –manipulando lo que había sido un problema organizativo que afectó a todas las delegaciones– y segundo porque la organización sí había acreditado a lo que llama “mercenarios que están vinculados con terroristas connotados”. Poco después se retiró la delegación de la sociedad civil sancionada por el gobierno. El diputado cubano Luis Morlote declaró: “Los representantes de la verdadera sociedad civil han salido de la sala porque no vamos a compartir el espacio con representantes de una supuesta sociedad civil, que no es la nuestra, que está pagada”.

Los ‘actos de repudio’ -con sus rostros de represores y reprimidos- marcaron el protagonismo de la participación cubana en los foros paralelos de la cumbre. El gobierno cubano reveló que la lógica de monopolizar por la fuerza la voz, impuesta dentro de la isla, es su único modo de entender -y deformar- el diálogo. Su accionar llegó al punto de impedir, con sus golpes y gritos y su ocupación de foros, que organizaciones, movimientos y luchas progresistas -como la de las víctimas de violaciones a los DDHH en México, los ambientalistas o los invidentes- pudieran compartir sus impresiones y demandas en forma adecuada.

Por su parte, actores alternativos cubanos, si bien resintieron ese ambiente incivil retirándose del foro, justificaron su decisión con una nota de prensa demasiado cargada hacia el lado oficial -que enfatizaba los problemas en la acreditación de los participantes- y sin señalar los actos de repudio que ya se venían produciendo. Optaron, para calzar una actitud soberana, por repetir, a medias, la visión de los agresores. Pues resulta evidente que el tema de la acreditación fue apenas mencionado, inicialmente, como argumento por el oficialismo; que repetía la presencia de supuestos “terroristas y mercenarios” como razón para sabotear los Foros. Y fracasó la capacidad de hacer respetar el orden y leyes de parte de un gobierno panameño evidentemente rebasado por su tolerancia ante el irrespetuoso proceder de la delegación cubana y la notoria presencia de agentes de inteligencia cubanos en suelo patrio.

El dictador Raúl Castro junto a Barack Obama

Fuera de los foros paralelos, en los oficiales se realizó el histórico encuentro entre el presidente estadounidense Barack Obama y el presidente Raúl Castro. Este encuentro opacó al presidente venezolano Nicolás Maduro, que no logró incorporar su repudio de las sanciones impuestas a altos funcionarios venezolanos por parte de los Estados Unidos, así como las diatribas del bloque bolivariano. Vale la pena mencionar otros logros de la cumbre, en particular las conclusiones y recomendaciones publicadas, en especial las que buscan que la Organización de Estados Americanos (OEA) promueve la democracia y el respeto a los derechos humanos en la región, que se favorezca la participación de los actores de la sociedad civil en el consejo permanente de la OEA, y que haya un diálogo permanente entre los actores de la sociedad civil y los gobiernos a nivel nacional. Todo lo cual, tomando en cuenta la actitud de la delegación del gobierno cubano, parece ser lo opuesto a la agenda de quienes, como dijo en un comentario el cantante Gorki Aguila, habían venido “..a una cumbre con actitud anti-cumbre.

En Panamá, las organizaciones oficialistas y los actores alternativos tuvieron la oportunidad de superar las reticencias compartidas en torno al pluralismo y la deliberación, en tanto rasgos constituyente de la sociedad civil contemporánea. Los primeros, anclados en el paradigma del viejo estalinismo, no pudieron trascender el enfoque monolítico y homogeneizador sobre la constitución de la sociedad, ni superar su lealtad parapolicial con un régimen político que cercena libertades, fragmenta intencionalmente el espacio público y acota cualquier forma de autonomía individual y colectiva. Los segundos -en la persona de los responsables de Cuba Posible, impulsores del discurso de la reforma paciente y la reconciliación- prefirieron no marcar distancias claras frente a la ejecutoria incivil del Estado cubano; erosionando quizá, ante el futuro, su positivo capital político. Como buena noticia, unos pocos delegados independientes –jóvenes intelectuales no identificados con el gobierno y la oposición- marcaron una postura cívica frente a los actos de repudio, rechazando las afectaciones a los foros.

Mientras, con sus bemoles, la participación de la sociedad civil opositora en la Cumbre de Panamá dejo un saldo positivo en lo referente a los estilos y contenidos de su agenda: mantuvieron su disposición al diálogo con aquellos que los desprecian; hicieron buenas propuestas a las declaraciones finales, apostaron a la reconciliación y los derechos de todos.

Armando Chaguaceda fue Profesor e Investigador de Historia y Teoría Política en la Universidad de la Habana (2003-2008) y actualmente enseña en la Universidad de Guanajuato, México; y Sjamme van de Voort es...