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Promoción de la Apertura Política en Cuba

30 de junio de 2015

Panamá: Enseñanzas de una Cumbre diferente

Muchos miembros de la sociedad civil independiente cubana respaldamos los diseños de inclusión, el dialogo y el no aislamiento, pero vemos con enorme preocupación como gobiernos democráticos y la propia OEA demuestran total permisibilidad ante el traslado a escenarios internacionales de los diseños de violencia y terrorismo de estado que caracterizan al gobierno cubano.
Por Leonardo Calvo Cárdenas

Definitivamente la VII Cumbre de las Américas (Panamá 8-11 de abril 2015) no fue una cumbre más. Los que tuvimos el privilegio de participar como protagonistas y testigos excepcionales de los ambientes y sucesos que caracterizaron el cónclave hemisférico pudimos constatar las contradictorias proyecciones y preocupantes señales que definen el escenario político y diplomático continental. La Cumbre de Panamá ya es historia y no es noticia. A continuación pretendo compartir algunas valoraciones y balances capitales que estos intensos días nos dejan de cara al inmediato futuro político de nuestro continente.

El primer balance del evento es que el generalizado consenso que obligó a la administración norteamericana a aceptar la presencia de los gobernantes cubanos, destruye de un plumazo el espíritu original de estas magnas reuniones: a partir de ahora ya no será el encuentro de los gobernantes democráticamente elegidos del hemisferio. Me llama poderosamente la atención como las clases políticas y gobiernos del continente reaccionan de manera radical excluyendo a los gobiernos dimanados de las pasadas conmociones políticas de Honduras y Paraguay y acogen como un igual legítimo al único totalitarismo que ha conocido el hemisferio, donde una familia ha hegemonizado el poder a sangre y fuego por más de medio siglo.

El caso es que esta VII Cumbre conoció dos nuevos actores, los gobernantes cubanos, representados por el presidente Raúl Castro y la sociedad civil independiente cubana representada por varios líderes y activistas de organizaciones políticas, cívicas y de derechos humanos que en muy difíciles condiciones trabajan dentro de Cuba. Debo señalar que las autoridades panameñas y los organizadores de la Cumbre fueron meridianos y consecuentes en el sentido de defender la participación de los miembros de la sociedad civil independiente de Cuba, ante las irritaciones y presiones de las autoridades cubanas empeñadas en campear por su respeto sin alternativas ni oposiciones.

Este fue el primer escenario donde delegaciones de uno y otro bando se enfrentaron en un evento de carácter internacional al máximo nivel. A estas alturas poco importan los hechos significativos de que para el foro de la Sociedad Civil solo fuimos acreditados poco más de una docena de miembros de la sociedad civil independiente frente al casi centenar de representantes oficialistas, delegación que por cierto incluía reconocidos funcionarios gubernamentales y muchos agentes de la policía política.

Los líderes y activistas independientes llegamos a Panamá dispuestos a participar en un debate intenso, complejo, pero transparente y civilizado. Sin embargo, encontramos allí el mismo ambiente de terror y violencia que ensombrece las calles cubanas. La nutrida delegación oficialista cubana, acompañada por algunos clientes y seguidores de otros países y con la inexplicable anuencia y complicidad  de las autoridades panameñas y de la OEA, se dedicó a sabotear el evento, mostrando su arsenal de actos de repudio, agresiones, calumnias y falta total de respeto a las reglas y procedimientos de un evento de este carácter.

Ante la debilidad de las autoridades responsables, quienes no se atrevieron a advertir o expulsar del evento a los agresivos vándalos castristas, los foros de participación ciudadana y gobernabilidad democrática tuvieron que sesionar sin los representantes oficialistas cubanos y sus compañeros de viaje. Finalmente los representantes castristas, después de tratar infructuosamente de imponer documentos finales sectarios y que incluían hasta firmas falsas, abandonaron el plenario y no se presentaron a la clausura del Foro.

Con total asombro e incredulidad los representantes de organizaciones de varios países fueron testigos de la extrema violencia de los delegados del gobierno cubano, quienes como si estuvieran en la Isla se prodigaron en agresiones físicas, calumnias y acusaciones infundadas, amenazas y ofensas racistas.

Cualquiera podría preguntarse por qué mientras el gobernante cubano se deshacía en elogios al presidente Obama sus representantes mostraban allí el verdadero rostro de la intolerancia totalitaria, dejando una pésima impresión en los delegados participantes que nos brindaron a los demócratas cubanos clara solidaridad y respaldo mientras se preguntaban qué harían en Cuba si se atrevían a comportarse así en un país ajeno.

Los representantes cubanos podían haber participado en los debates, entrar en el juego de las confrontaciones argumentales y confundir a muchos al dar la imagen de que pueden convivir con la diferencia. Pero esto implicaría un reconocimiento a sus opositores y ellos no pueden darse ese lujo, en tanto esto provocaría un cambio en la naturaleza de las correlaciones políticas en Cuba.

Llama la atención que el presidente cubano no se haya atrevido a cuestionar al presidente Obama y mucho menos al presidente uruguayo Tabaré Vázquez —mucho más cercano ideológicamente— su encuentro con los líderes opositores Laritza Diversent y Manuel Cuesta Morúa, mientras sus turbas nos agredían y acusaban de mercenarios, que es un delito previsto y condenado por las leyes internacionales y tiene muy claras definiciones conceptuales.

Muchos miembros de la sociedad civil independiente cubana respaldamos los diseños de inclusión, el dialogo y el no aislamiento, pero vemos con enorme preocupación como gobiernos democráticos y la propia OEA demuestran total permisibilidad ante el traslado a escenarios internacionales de los diseños de violencia y terrorismo de estado que caracterizan al gobierno cubano.

Resulta mala noticia para los complejos esfuerzos de reafirmación democrática de nuestro hemisferio el respaldo tácito y explicito que reciben los gobiernos que se empeñan en desconocer las más elementales reglas democráticas y los derechos de los individuos. Consideramos que esa inclusión de Cuba en el concierto político hemisférico solo tiene sentido si los gobernantes cubanos se atienen a las reglas y principios que rigen la convivencia democrática y los organismos internacionales. Estos nuevos ambientes y espacios de intercambio deben estar fundamentados por la participación de la sociedad civil independiente de Cuba en pie de igualdad y con toda garantía de seguridad.

La lucha sistemática y valerosa de los opositores cubanos y la necesidad de legitimación internacional de los gobernantes cubanos ha operado el milagro de convertir a las “organizaciones revolucionarias” del sistema corporativo cubano en una muy poco creíble sociedad civil que para más señas va a otro país a sembrar el terror.

Un solo botón de muestra de la verdadera naturaleza de esas organizaciones es el fragmento de los estatutos de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba ANSOC que reproducimos a continuación:

Capítulo II - Artículo 3 La ANSOC tiene como objetivos fundamentales:

a) Lograr la plena integración de sus miembros a la Sociedad Socialista, a través del estudio, el trabajo, el deporte y la cultura

b) Formar a sus miembros en los principios morales e ideológicos de nuestra Sociedad Socialista basados en el amor a la patria y sus símbolos.

Capítulo V - Artículo 12- Los miembros ordinarios y activistas de la ANSOC tienen los siguientes deberes:

c) Observar las normas de conducta social y la moral revolucionaria como ciudadanos…

Capítulo VI - Artículo 20- Para el correcto funcionamiento de los órganos de dirección, en todas sus instancias la asociación cumplirá los siguientes principios:

b) La defensa de los objetivos e intereses generales de los asociados y de nuestra sociedad socialista

Como en este modelo el signo de condicionamiento y fidelidad política-ideológica marca todas las estructuras vigentes, desde la Constitución hasta el último reglamento institucional.

Las nuevas condiciones de inserción internacional de Cuba deben ser aprovechadas por las fuerzas democráticas para identificar y potenciar los proyectos de la sociedad civil independiente que puedan contribuir a la reconstrucción democrática de Cuba. La percepción generada por los líderes y activistas pro democracia que participaron en la Cumbre de Panamá por su altura y solidez ética, política e intelectual y el consiguiente conocimiento, respaldo y contacto con otras ONG del hemisferio constituye un importante paso en este sentido y un resultado trascendental de la Cumbre de Panamá

El presidente Castro con su extenso discurso demostró que su dialogo y compromiso es con el pasado, y las turbas castristas desatadas en Panamá dejaron claro la incapacidad del régimen para funcionar en un ambiente democrático de orden, tolerancia y diversidad.

Esperemos que todos asimilemos las enseñanzas de Panamá y que en próximos eventos se abra paso al orden, la verdad y la justicia que tanto necesitan Cuba y América.

Leonardo Calvo Cárdenas es historiador y politólogo e integrante del Comité de Ciudadanos por la Integración Racial.