Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Artículos

Monitoreo de la gobernabilidad democrática

2 de julio de 2020

El cambalache regional de Alberto Fernández

Tanto Néstor Kirchner como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa compartían la aspiración de perpetuarse indefinidamente en el poder, socavando la división e independencia de poderes. Todo lo contrario de Lagos, Bachelet, Vázquez y Mujica, en cuyos países no existe la reelección inmediata y se produjo alternancia en el poder con gobiernos de otro signo político. Y ni hablar de las diferencias en materia de transparencia de Chile y Uruguay.
Por Gabriel C. Salvia
@GabrielSalvia
Alberto Fernández

Es bastante contradictorio y despierta gran incertidumbre política el poner en una misma bolsa a presidentes que respetaron la institucionalidad democrática, la alternancia en el poder y la economía amigable con el mercado, con autócratas que erosionaron el estado de derecho, realizaron expropiaciones arbitrarias y aspiraban a “ir por todo”, violando así lo establecido en las cláusulas adoptadas no sólo por la OEA, sino hasta por la CELAC, la UNASUR y la OEI.

Por eso no se entiende el cambalache político del presidente Alberto Fernández al intervenir en una conversación con Lula da Silva, organizada el pasado viernes 26 de junio por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA: "Querido Lula, yo no lo tengo a Néstor, no lo tengo al Pepe Mujica, no lo tengo a Tabaré, no lo tengo a Lugo, no lo tengo a Evo, no la tengo a Michelle, no lo tengo a Lagos, no lo tengo a Correa. No lo tengo a Chávez. A duras penas somos dos que queremos cambiar el mundo. Uno está en México, se llama Andrés Manuel López Obrador y otro soy yo”.

Tanto Néstor Kirchner como Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa compartían la aspiración de perpetuarse indefinidamente en el poder, socavando la división e independencia de poderes. Todo lo contrario de Lagos, Bachelet, Vázquez y Mujica, en cuyos países no existe la reelección inmediata y se produjo alternancia en el poder con gobiernos de otro signo político. Y ni hablar de las diferencias en materia de transparencia de Chile y Uruguay, no sólo con los países gobernados por los populistas bolivarianos, sino también con el Brasil de Lula da Silva con su mensalao y lava jato, y los doce años y medio de kirchnerismo en Argentina caracterizados por una corrupción tan obscena como documentada.

Lo expresado por el presidente Fernández se produjo el mismo día de la votación de una resolución sobre Venezuela en la OEA, que condenaba las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de ese país de suspender a las directivas de dos partidos opositores y la designación de miembros del Consejo Nacional Electoral hecha por el TSJ y que corresponde por ley a la Asamblea Nacional, el único poder en manos de la oposición. La resolución fue aprobada por 21 países y Argentina junto a México se abstuvieron.

Una semana antes, Argentina y México junto a Bahamas, Brasil, Chile, Perú y Uruguay votaban en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU –integrada por ocho países de América Latina y el Caribe- a favor de una resolución que expresaba su gran preocupación por la situación de los derechos humanos en Nicaragua. Solamente Venezuela votó en contra.

Si Fernández sueña con “cambiar el mundo” antes tiene que pronunciarse si está a favor de la globalización de la democracia y los derechos humanos o de los autoritarismos que reprimen las libertades fundamentales. Es decir, si su gobierno es el que condena a la dictadura de Ortega en la ONU o el que se abstiene de condenar a la dictadura de Maduro en la OEA.