Derechos Humanos y
Solidaridad Democrática Internacional

Artículos | Diálogo Latino Cubano

Promoción de la Apertura Política en Cuba

18 de agosto de 2020

Pongamos empeño en la legitimidad y eficiencia de los DDHH como moralidad pública

Luego de escuchar las clases impartidas online por el experto mexicano en Relaciones Internacionales y DDHH, Alejandro Anaya Muños, profesor del ITESO y consejero académico de CADAL, considero que nosotros en Cuba no hemos comprendido, al menos a cabalidad, la importancia de las redes internacionales en coordinación con la sociedad civil autónoma, como un formidable motor impulsor de una transición hacia el respeto de los DDHH y la democracia en nuestro país. Se impone que tomemos nota.
Por Librado Linares García

Declaración Universal de DD HH

Desde John Locke, pasando por las revoluciones estadounidenses y francesas hasta la promulgación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los pactos de Nueva York y la consiguiente implementación institucional del Régimen de los DDHH de cobertura global, ha venido tomando cuerpo un modelo específico para organizar las relaciones entre los individuos y el Estado, en base a un conjunto de normas jurídicas, que se presentan como una propuesta que se define: universal, indivisible, inalienable e inherente a la persona humana.

Al decir de varios autores, los referidos derechos, se convirtieron en una suerte de religión secular que han desatado una energía social sin precedente y la consiguiente movilización, del tipo política, financiera y jurídica. Los derechos individuales, una de las mayores conquistas de la humanidad, son una poderosa herramienta, que le asiste a la persona humana, para ser esgrimidos cuando padece algún tipo de indefensión y por tanto no nos podemos permitir el lujo, de que se nos despoje de los mismos, en un futuro y anunciado escenario pos DD HH. También y por sobre todas las cosas, ha sido el estandarte que han enarbolado los movimientos nacionales a favor de lograr transiciones que les permitan dejar atrás la opresión. Eso es, se ha venido produciendo una transformación de la cultura de la violencia hacia la NOVIOLENCIA activa en la resolución de los conflictos, y en ese contexto, los DDHH han sido el corpus reivindicativo esgrimido con más contundencia, que tiende a desplazar sus opuestos: el desprecio al otro, el odio y la intransigencia.

Sin embargo, actualmente en la academia y en los ámbitos de los activistas, se aprecia un cierto agotamiento de la pertinencia de los DDHH con mayúscula, y aun peor, se especula sobre otras doctrinas sustitutivas de los mismos: utilitarismo, consecuencialismo, nacionalismo y otros.

También se argumenta contra su legitimidad, pues viene del “norte global”, así como que fueron impuestos a los “países del sur”; que no están siendo eficientes en su implementación por la inoperancia del Consejo de Derechos Humanos y demás mecanismos de la ONU entre otros argumentos.

Detrás de los cuestionamientos y ataques a los mismos, se esconden los totalitarismos, intereses mezquinos, autoritarismos, los esnobismos y los que no están dispuesto a persistir y luchar; los que quieren deshacer esa suerte de humanismo internacional signado por la máxima: “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, y más que eso, el prójimo cuenta. El hecho que la civilización occidental en el decursar de la humanidad se adelantó al resto por razones históricas y contingentes y en consecuencia se gestó allí el corpus teórico de los derechos humanos, aunque los representantes de Cuba en aquel entonces tuvieron una participación de primer nivel, no le quita validez a los mismos, ellos fueron concebidos para empoderar incluso a las minorías marginadas y a los habitantes de las “colonias del sur”. No conozco gesta trascendental que no tenga su origen en algún lugar y momento, para después esparcirse.

No creo que la Declaración Universal de DDHH deba reconsiderarse desde una perspectiva multicultural y antropológica, por el contrario, si pueden ser objeto de modificaciones las

instituciones nacionales e internacionales, la manera de gestionar la promoción y protección de los mismos, etc. Debo insistir que ningún ente puede sustituir a las víctimas en la consecución del respeto a su dignidad humana, por tanto, no podemos desilusionarnos porque el Régimen de DDHH por sí solo no lleve a feliz término su encomienda. Utilizando el argot en la materia, puedo afirmar que soy un “derechohumanero” consecuente.

Algunos de los escollos que se presentan son los siguientes: la captura del poder por élites sin escrúpulos en un contexto donde los Estados nacionales tienen gran poder, la falta de capacidades estatales e institucionales, las disposiciones culturales entorpecedoras, la violencia política o delincuencial empuja a determinados sectores a privilegiar la seguridad antes que el Estado de Derechos, la falta de voluntad política de los principales actores tanto del lado del gobierno como incluso de la oposición, en sociedades donde no se ha logrado un “aprendizaje profundo e internalización” de los DDHH, etc.

El modelo Espiral y el efecto bumerang, expuestos en sus magistrales clases online, por el académico Alejandro Anaya Muñóz, nos ofrecen una perspectiva útil a los activistas de Derechos Humanos de Cuba, que, por estar lidiando con un régimen violador orgánico de los mismos, nos convierte en opositores antisistémicos. Considero que nosotros no hemos comprendido, al menos a cabalidad, la importancia de las redes internacionales en coordinación con la sociedad civil autónoma, como un formidable motor impulsor de una transición hacia el respeto de los DDHH y la democracia en nuestro país. Se impone que tomemos nota.

El Modelo Espiral está conformado por los siguientes aspectos: represión, negación, concepciones tácticas, estatus prescriptivo y comportamiento consistente con la norma y el régimen ha aplicado indistintamente algunos de ellos. Así pues, prevalece la represión rampante, también en su momento negaron tanto la pertinencia de los DDHH, como el de las instituciones del Régimen de la ONU; han estado presentes las concesiones tácticas, como cuando en el 2008 se firmaron los pactos de Nueva York y prometieron permitir visitas permanentes de los relatores temáticos, pero nunca han caído en el entrampamiento discursivo. En la actual Constitución, en el Título V, que recoge los Derechos, Deberes y Garantías, se observa un adelanto en relación a lo que teníamos, pero son invalidados por otros preceptos contenidos en ese legajo y por la tradición de la clase política de operar al margen de la ley de leyes.

Coincido con el profesor de ITESO, que para poder arribar al “comportamiento consistente con la norma” es indispensable un vigoroso movimiento reivindicativo que se apropie, agrego yo, de una técnica de lucha: la NOVIOLENCIA activa.