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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

5 de octubre de 2020

Uruguay: Lacalle Pou sigue sumando

Si octubre fue un sacudón para la izquierda, estas elecciones departamentales y municipales van en el mismo sentido con el agravante de que en las políticas de cercanía que supone los alcaldes el Partido Nacional evidencia un mejor desempeño, algo que para la tradición de la izquierda uruguaya es un alerta. El partido Nacional, de Lacalle Pou, ganó en 15 de los 19 departamentos de Uruguay y en 13 de ellos obtuvo todos los municipios en disputa. En Montevideo, donde vive cerca de la mitad de la población uruguaya, el Frente Amplio mantuvo por séptima vez consecutiva la intendencia que gobierna desde su primer triunfo en 1989.
Por Hugo Machín Fajardo
@MachinFajardo

Luis Lacalle Pou - Presidente de Uruguay

Los discursos de los ganadores electorales en Uruguay son un fenómeno disfrutable. No es ironía. Las elecciones departamentales y municipales realizadas en Uruguay el último domingo de septiembre 2020, no arrojaron cambios sorprendentes en el escenario partidario de ese país que hoy es gobernado por una coalición de centro derecha y derecha de siete partidos, a la que se opone otra coalición de centro izquierda e izquierda —Frente Amplio (FA)—  compuesta por una decena de partidos y grupos.

Votó el 85%—2,6 ciudadanos a los que no arredró el Covid-19— de los inscriptos, para elegir intendentes y alcaldes. En Montevideo, donde vive cerca de la mitad de la población uruguaya — 1,3— el FA mantuvo por séptima vez consecutiva la intendencia que gobierna desde su primer triunfo en 1989 con el socialista Tabaré Vázquez, luego presidente de Uruguay por dos veces (2004 -2009 / 2014-2019).

La nueva intendenta, Carolina Cosse (59) —hija del actor uruguayo Villanueva Cosse radicado en Argentina desde 1971— una ingeniera que entre 2010 y 2015 presidió la empresa pública de telecomunicaciones Antel, obtuvo un 21% de los votos montevideanos, con los que superó a sus rivales en la interna del FA: el medico Álvaro Villar y el ex intendente de Montevideo y ex candidato presidencial en 2019, Daniel Martínez, quienes recibieron un 17% y un 12% de los votos respectivamente. En total, el FA triunfó con el 51%, frente a un 40% obtenido por la economista Laura Raffo (47), candidata única de la coalición que gobierna el país.

Cosse, quien también fue ministra de Industria, Minería y Energía en el periodo 2015/2019, en la noche ganadora dejó de lado valoraciones reiteradas durante la campaña electoral, que insumió 15 meses, sobre el “retroceso” que a su juicio supuso para Uruguay el triunfo en octubre del actual presidente Luis Lacalle Pou, a quien lo catalogaba como representante de la “la oligarquía da derecha”.

Luego de decirle a sus enfervorizados partidarios que había recibido las llamadas telefónicas de felicitaciones del presidente Lacalle Pou y de la vicepresidenta Beatriz Argimón, destacó su voluntad de “constante búsqueda de articulación con todos los actores (…) tengo confianza en los actores por las conversaciones” que minutos antes había mantenido con el Gobierno.

De inmediato, ofreció una contundente declaración democrática cuando un periodista le preguntó sobre un eventual “gobierno paralelo” a ser ejercido desde Montevideo: “El Frente Amplio nunca habló de eso. Jamás se nos pasó por la cabeza configurar un gobierno paralelo. Somos republicanos”.

El miércoles 30 de setiembre, Cosse en buen indicio de cohabitación mantuvo su primera reunión con Lacalle Pou luego de haberse reunido el lunes 28 con el ex presidente Vázquez, quien durante su periodo como intendente (1989/1994) coincidió en una relación civilizada con los cinco años de la presidencia de Luis Lacalle Herrera, padre del actual Presidente.

Cosse tendrá que zurcir hacia el interior del FA donde el dato electoral consignado por el periodista uruguayo Nelson Fernández es que la bancada del Frente Amplio quedó “corrida a la izquierda”; aumentó la cantidad de ediles de sectores más “radicales”. Cosse fue impulsada por los comunistas y desechada por Pepe Mujica, pero esa radicalización de los ediles montevideanos surge de la suma de ambos sectores cultores de que en política no se puede ser donante de sangre.

Otro triunfador parcial de estas elecciones departamentales— los ganadores todos lo fueron de manera parcial— fue Yamandú Orsi (53), el intendente relecto en Canelones—departamento que rodea a Montevideo que en parte obra como ciudad dormitorio de la capital uruguaya— y uno de los presidenciables del FA.

Orsi, quien es apoyado por el MLN - Tupamaros de Mujica, no obstante, ha tenido voz propia en materia de gobierno sobre casi 600 mil habitantes —segundo departamento en población— y antes de que la Corte Electoral confirmara su triunfo se valió de los medios de comunicación para dirigirse a todo el país y exhortar a “salir de la lógica perversa” del clima polarizado que la campaña electoral impuso a la ciudanía. Y esta fue una campaña larguísima cuyos últimos seis meses, Covid-19 mediante, despojaron a calles y plazas de activismo partidario, pero hicieron recrudecer hasta el paroxismo los enfrentamientos en redes sociales.

“Llegó el momento de trabajar, de empezar a construir la realidad para que nuestra vida sea mejor (…) Nuestra ciudadanía necesita que empecemos a juntarnos por nuestras coincidencias (…) Salir de este pozo (…) Con nuestras banderas, pero con la cabeza puesta en nuestra gente” para rematar que “el año 2024 queda mucho más lejos hoy que hace un tiempo”. Obvio que esta última afirmación ya no es tan creíble pues, inocultablemente Orsi, para el FA, es un presidenciable seguro.

Por eso, los discursos ganadores son disfrutables. Porque colocan —por esa noche al menos— las expectativas ciudadanas en el centro de las expresiones del candidato triunfante donde — claro que hubo y habrá excepciones— puede vislumbrarse una transformación. La transformación del partido propio que se convoca en la mezcla o en el encuentro con los otros, con quienes tienen proyectos de vida diferentes, visiones históricas opuestas, pero en la mezcla convocada por el triunfador, esa transformación es vista como enriquecimiento y como complementación, a diferencia de los meses anteriores en que, por el contrario, una propuesta de esa transformación hubiera sido visualizada como una contaminación o una deserción de los valores del partido o del sector.

Hubo otro ganador que no pudo expresarlo partidariamente desde que ejerce la presidencia de todos los uruguayos. El partido Nacional, de Lacalle Pou, ganó en 15 de los 19 departamentos de Uruguay y en 13 de ellos obtuvo todos los municipios en disputa. Incluidos tres departamentos clave en la industria turística, uno de los motores de la economía uruguaya: Maldonado, con Punta del Este, y Colonia, donde a excepción de Juan Lacaze, ciudad de tradición fabril, también triunfó en todos los municipios. En Colonia, Carlos Moreira (73) fue electo por cuarta vez intendente municipal. En Maldonado, Enrique Antía (70) obtuvo por tercera vez la intendencia de Maldonado, departamento que entre 2005 y 2014 tuvo como titular un Intendente del FA.

Los blancos, como se les llama también a los nacionalistas, recuperaron tres intendencias que eran del FA— Paysandú, Río Negro y Rocha, también polo turístico—; obtuvieron 90 de los 125 municipios en disputa frente a 32 de la izquierda. El partido Colorado obtuvo 3 en una baja performance electoral. El senador colorado y por dos veces presidente Julio María Sanguinetti (84) le atribuyó al presidente Lacalle Pou haberse desempeñado con  parcialidad durante la campaña electoral, beneficiando a candidatos nacionalistas y le recordó “que este no es un gobierno blanco sino uno multicolor”.

Si octubre fue un sacudón para la izquierda, estas elecciones departamentales y municipales van en el mismo sentido con el agravante de que en las políticas de cercanía que supone los alcaldes el Partido Nacional evidencia un mejor desempeño, algo que para la tradición de la izquierda uruguaya es un alerta. Si en la concepción más radial de la izquierda sigue vigente la idea de que una vez conquistado el gobierno juncos se deja— países del llamado socialismo real, chavistas, Cuba, sandinistas nicaragüenses, chinos y coreanos de Kim Jong-un— para la izquierda moderada es impensable que la ciudadanía les quite el apoyo mediante el voto.

Un dato no menor: Cabildo Abierto, nuevo partido integrante del gobierno, previsiblemente votó muy mal en Montevideo donde su propuesta derechista/populista/ambigua no ha fructificado. Tampoco le fue bien en el resto del país, salvo en Rivera, departamento fronterizo con Brasil y de hegemonía del partido Colorado   — que tampoco anduvo bien en estas elecciones— esta colectividad encabezada por el senador y ex comandante del ejército, Guido Manini Ríos, que a poco de andar la nueva administración ha sufrido cuestionamientos de integrantes de Cabildo Abierto descontentos con el funcionamiento “manu militari”.