Derechos Humanos y
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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

17 de octubre de 2020

Venezuela: El 6D será otra parodia electoral

Para Maduro no está fácil, pues solamente con los votantes chavistas y los que puedan arrastrar los “alacranes” —así denomina la oposición a unos políticos que han sido sobornados por el régimen— no será posible repetir la maniobra efectuada en ocasión de la votación para la Asamblea Nacional Constituyente, en que solamente sufragó el chavismo y, pese a que muchos centros de votación se veían casi vacíos, el conteo de votos “de entre casa” permitió presentar el resultado como una victoria.
Por Hugo Machín Fajardo
@MachinFajardo

Consejo Electoral chavista

La jugada del 6 de diciembre propuesta como una elección le fracasó al régimen chavista. Los ocupantes de Miraflores aspiraban a un triunfo en elecciones legislativas disputadas en cancha flechada, pero a lo sumo será una parodia electoral. Como lo fue la de 2017, cuando únicamente concurrieron a las urnas los ciudadanos chavistas para elegir una inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que ha quedado casi en ser un mitin partidario más.

En una oposición fuertemente dividida, el ex candidato presidencial y cofundador del partido Primero Justicia, Henrique Capriles, aceptó el 4 de setiembre de 2020 el desafío de Nicolás Maduro —siempre y cuando hubiera mínimas condiciones de equidad y se contara con la observación electoral de la ONU y la Unión Europea— para competir en las urnas. Su objetivo era no perder el control de la Asamblea Nacional (Parlamento) dominada por la oposición desde 2015.

Capriles fue el candidato presidencial de la oposición en octubre de 2012, perdiendo por un millón de votos frente a Hugo Chávez antes de que muriera de cáncer. En abril de 2013, volvió a perder por 1,5 puntos ante Maduro, a quien acusó de haberle robado la elección.

Esta vez el resto de la oposición se desmarcó de Capriles y mantuvo su negativa a votar en lo que califican de farsa sin ninguna garantía.

El 1° de octubre, Capriles rechazó participar en las elecciones. Pidió su aplazamiento luego de que la Unión Europea determinara que no existen condiciones en Venezuela para realizar un efectivo monitoreo electoral.

El informe Bachelet es categórico en la descripción de las violaciones permanentes a los derechos humanos que comete el régimen. Se le suma la votación del 6 de octubre en el Consejo de DDHH de la ONU favorable a que la Alta Comisionada mantenga su investigación y vigilancia en el país caribeño. Fue un nuevo revés para Miraflores, pues en esa oportunidad Argentina votó en contra de Venezuela —22 votos a favor de los cuestionamientos a Maduro, tres en contra y 22 abstenciones —que en Latinoamérica solamente recogió el apoyo del mexicano Andrés Manuel López Obrador y el no compromiso de autocracias de otros continentes.

Al cuestionamiento hecho por la UE a la propuesta electoral de Maduro, se sumó el del Centro Carter; la reiterada denuncia del secretario general de la OEA, Luis Almagro; así como los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch (HRW) en el mismo sentido.

La respuesta de Maduro fue invitar el jueves 15 de octubre a miembros del Foro de Sao Paulo como veedores electorales.

Para Maduro no está fácil, pues solamente con los votantes chavistas y los que puedan arrastrar los “alacranes” —así denomina la oposición a unos políticos que han sido sobornados por el régimen— no será posible repetir la maniobra efectuada en ocasión de la votación para la ANC, en que solamente sufragó el chavismo y, pese a que muchos centros de votación se veían casi vacíos, el conteo de votos “de entre casa” permitió presentar el resultado como una victoria. Lo denunció Smartmatic, la empresa a cargo del sistema de voto electrónico empleado: "hubo manipulación del dato de participación".

Cierto es que Maduro cuenta con una hegemonía comunicacional gigantesca armada desde el Estado, con 8 canales de televisión (VTV, Tves, Vive, Ávila TV, TLT, FAN Telesur, canal de Pdvsa); fuerte autocensura en los tres canales privados; emisoras radiales nacionales; emisoras “comunitarias”; emisoras privadas que fueron concesionadas a “amigos” del régimen, más periódicos locales netamente defensores del “socialismo del siglo XXI”.

Este universo de medios da visibilidad al clima y a los actores electorales impulsado por el régimen, que puede prorrogar el horario de votación por cuatro horas más, si se registra baja asistencia a las urnas. Que dispone de la poca gasolina existente para circular el día de la elección y presionar a los votantes chavistas —entre los cuales hay miles de funcionarios estatales— que voluntariamente no se hayan acercado a los circuitos electorales. Que, por si fuera poco, maneja a voluntad al Consejo Nacional Electoral (CNE).

Pero el contexto es harto difícil. La situación de catástrofe económica, donde el salario mínimo no llega a un dólar, debido a una desmesurada inflación casi imposible de concebir; a lo que se suma la pandemia de Covid 19, cuya real magnitud es conocida solo por el régimen; el trato abusivo, recientemente denunciado por HRW, que les dispensa la dictadura  a los cerca de 130 mil venezolanos, —de casi 4 millones de sus compatriotas que se fueron del país a buscar un futuro—; la falta de gasolina en el país con mayores reservas de crudo del mundo, y las permanentes denuncias realizadas por la oposición sobre el robo del oro venezolano; la imposibilidad de que sea rentable la industria petrolera destruida por el chavismo (en 2003, se despidió a 22 mil trabajadores petroleros) conforman un cuadro altamente desfavorable a un resultado mínimamente aceptable en las urnas.

Recientemente Maduro promulgó la llamada Ley Antibloqueo con vistas a obtener algún tipo de apoyo exterior en la venta del petróleo refinado. “El truco es que van a dejar Pdvsa como un cascarón vacío. Van a decir que Pdvsa es 100% propiedad del estado pero que todas sus filiales, que son más de 327, están sujetas a privatización”, sostuvo Rafael Ramírez, ex presidente de la petrolera estatal y ex ministro chavista.

Por otra parte, — sostiene un periodista venezolano que prefiere guardar reserva— “Rusia no tiene dinero como para sumir costos y cuenta con petróleo propio. A China le interesa el petróleo crudo por lo que ni se aproxima a ofertar. Irán igual”.

Téngase en cuenta que en los primeros 11 años del régimen chavista (1999 – 2011), el país recibió más de 500.000 millones de dólares por sus exportaciones de crudo, fuel oil y gasolina, dinero que permitió al gobierno financiar tanto su política interna como su ayuda internacional — recuérdese la valija con 800 mil dólares para el kirchnerismo que Guido Antonini quiso ingresar a Argentina en 2007— y que más allá del despilfarro y la corrupción así como el uso sectario de los dineros públicos— que documentó Teodoro Petkoff en su libro “El chavismo en el banquillo”— significó un innegable incremento del ingreso de los sectores más pobres de la población. Y por tanto, una mejora de su consumo de alimento y relativa disminución de la pobreza crítica. Época en que el apoyo al régimen llegó a un 45%. Pero eso es pasado. Hoy el apoyo a Maduro no supera el 20% de los encuestados, según el especialista Luis Vicente León de la venezolana Datanálisis

Los únicos que permanecen cual garrapatas adheridas al escuálido Estado venezolano son los aproximadamente 20 mil cubanos que han tomado los resortes del país como una autentica policía política de ocupación, cuyo control empieza por la oficialidad de tierra, mar y aire de Venezuela.

En vida de Chávez ya hubo una derrota electoral importante. Fue cuando el régimen sometió a referéndum el 2 de diciembre de 2007 una “reforma constitucional” aprobada por la Asamblea Nacional entonces de mayoría chavista y que pretendía modificar la Constitución vigente desde 1999 que había impulsado el mismo Chávez. Según el constitucionalista y ex presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el venezolano Carlos M. Anaya Corao, la reforma derrotada en las urnas violaba “la preeminencia de los derechos humanos” como “Principio fundamental del texto constitucional”. Para que se diera ese resultado un sector del electorado chavista votó en contra.