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5 de noviembre de 2020

Intertextualidad, alienación y desarraigo en Memorias del desarrollo

Con este filme, el cineasta independiente cubano Miguel Coyula ha intentado explorar desde el lenguaje audiovisual el eterno e imprescindible dilema que implica la elección de un espacio donde el hombre pueda encontrar un sentido a su existencia, donde se libere definitivamente de todas las formas existentes de alienación. La búsqueda de ese ideal puede parecer utópica en un mundo cada vez más complejo y turbulento, deshumanizado.
Por Jorge Luis Lanza Caride

Memorias del Desarrollo

A Edmundo Desnoes, quien desde su exilio inspiró este relato

Uno de los grandes privilegios que he tenido en mi corta trayectoria como crítico de cine es haber sido miembro del jurado de la Asociación cubana de la prensa cinematográfica que premió el filme Memorias del desarrollo (2010), del cineasta cubano Miguel Coyula en la X edición de la Muestra joven ICAIC en el 2011. La redacción de este texto representa para mí haber saldado una deuda simbólica con el cineasta.  

Memorias del desarrollo se estrenó en la sección New Frontier del Festival de Cine de Sundance en el 2010 y luego obtuvo premios en diferentes festivales de cine en Estados Unidos y en otros países. Por las características de su obra Coyula es visto como un renovador del cine cubano en el plano artístico y tecnológico, exponente indiscutible de la postmodernidad en la producción audiovisual cubana.  

Miguel Coyula, egresado de la EICTV (Escuela internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños), nos entregó un filme considerado incómodo para las autoridades culturales de la isla. Resulta que hasta la fecha no ha tenido una distribución oficial en los cines del país, salvo determinados eventos especializados.  

Para muchos burócratas Memorias del desarrollo continúa siendo un filme peligroso en términos políticos, aspecto que ha influido desfavorablemente en su impacto y recepción, algo que resulta paradójico teniendo en cuenta que tiene como referente una obra reconocida nacional e internacionalmente como Memorias del subdesarrollo (1968), realizada por Tomás Gutiérrez Alea e inspirada en la novela homónima de Edmundo Desnoes, quien también colaboró en el guion del filme de Alea y escribió la novela que originó la secuela Memorias del desarrollo, obra que llegó a mis manos gracias al guionista cubano Arturo Arango, profesor de la EICTV.

Memorias del Desarrollo

Memorias del desarrollo, rodada en las ciudades de Nueva York, Las Vegas, el desierto de Utah, La Habana, Londres, París y Tokyo, se inserta automáticamente en el discurso audiovisual de la diáspora, componente esencial de esa zona que el crítico y teórico Juan Antonio García Borrero suele denominar cine cubano sumergido, debido a su escasa visibilidad mediática dentro de la isla.  

La idea de adaptar al lenguaje del cine la novela homónima de Edmundo Desnoes, considera la segunda parte de su antecesora, Memorias del subdesarrollo (1968), se remonta al encuentro que sostuvo el joven cineasta con Desnoes durante su estancia en New York gracias a los beneficios recibidos por la beca de creación que le otorgó el Lee Strasberg Theatre Institute.

Coyula tardó alrededor de seis años para materializar su proyecto. El realizador de la experimental Cucarachas rojas (2003), identificado con el cine independiente norteamericano, vuelve a asumir los riesgos que implica producir un filme con escasos recursos.

El diálogo intertextual no sólo se establece entre ambos filmes, sino también entre las referidas obras literarias que la han dado origen y entre los contextos históricos en que se desarrollan ambas historias, es decir, entre la Cuba de 1968 y la sociedad norteamericana de principios del Nuevo Milenio, durante el clímax social existente posterior a los atentados al World Trade Center de New York.

El tema de las relaciones dialógicas entre los referidos filmes nos convoca a reflexionar sobre los procesos de transposición de textos literarios al lenguaje del cine. Según la perspectiva de Astrid Santana: “La transposición de la literatura al cine ha de ser discernida a partir de lo que sería conveniente llamar una cartografía de la relación, que vincule referentes posibles, establezca nexos asociativos y, en términos de recepción, contribuya a la ampliación dialógica de la ficción representada.”

Memorias del Desarrollo

Desde esa perspectiva asistimos al diálogo contextual entre la sociedad contemporánea de 1968 y la estadounidense posterior a los atentados del 11 de setiembre de 2001. Existen marcadas diferencias en el discurso estético que expone Memorias del desarrollo en comparación con su antecesora, siendo la cinta de Coyula continuadora del discurso experimental que caracterizó en su momento al filme de Alea, gracias a las ventajas que ofrecen las tecnologías digitales al lenguaje cinematográfico en la postmodernidad.

Según el crítico de cine Dean Luis Reyes: “Memorias del desarrollo está construida como un texto medular cuya organicidad debe buscarse en la radicalización, mediante el montaje de capas digital, del método del collage (…) Las ventanas dentro de ventanas, que suelen ser los planos de Memorias…contribuyen a poner en crisis la cuadrícula como principio rector de la composición plástica. Coyula intensifica la sensación de estar ante cuadros dentro de cuadros utilizando el principio de cortar y pegar, propio del collage gráfico tradicional, intensificado por el ordenador”.

En ese sentido Memorias del desarrollo retoma la estructura del collage fílmico que trasgrede los límites fronterizos entre el documental, la ficción y los códigos de la animación, para lo cual Coyula tuvo que apelar a referencias visuales de disímiles procedencia, desde imágenes archivo sobre acontecimientos históricos ocurridos en Cuba anteriores a 1959 y posteriores a la simbólica fecha, desde los sucesos de la Embajada del Perú que desencadenaron los acontecimientos del éxodo del Mariel en 1980, el fusilamiento del general Ochoa en 1989, a partir del tratamiento manipulador en la post producción de diversas fuentes, como fotografías, recortes de periódicos, editadas con un sentido caótico y desordenado.

Ambos textos fílmicos constituyen densos ensayos cinematógrafos que exploran y examinan el eterno dilema del desarraigo y la alienación en la sociedad, desde el contexto cubano abocado a la construcción del socialismo de los sesenta, escenario que no admitía posturas contemplativas y pasivas ante el proceso revolucionario, hasta el discurso de Memorias del desarrollo, toda una metáfora sobre la alienación del intelectual en cualquier sociedad.

Memorias del Desarrollo - Che Guevara muerto

En ambos escenarios la búsqueda de la utopía individual resulta amenazada por las estructuras del control social, tanto en la vorágine revolucionaria de los sesenta como en el postmoderno y caótico New York del siglo XXI.

A diferencia del Sergio que deambulaba por las calles de la Habana convulsa de los sesenta, cuestionando el subdesarrollo y las transformaciones de su entorno social, el Sergio de Memorias del desarrollo es como un fantasma que se enfrenta a la indiferencia de una sociedad que tampoco le ofrece soluciones definitorias a sus conflictos existenciales.

Si en la cinta de Alea la metáfora del desarraigo y la alienación se encuentra cifrada en la escena icónica del telescopio, cuando Sergio observa la turbulenta realidad desde su apartamento, el Sergio que deambula en las calles de New York continúa contemplando su nueva realidad pero esta vez desde una fría urbe para la cual Cuba resulta todavía un trauma insuperable.

Para Coyula “Memorias del desarrollo no es una película sobre el exilio. Es una película sobre la imposibilidad del intelectual para identificarse con una sociedad, sea capitalista o socialista, es la imposibilidad de relacionarse con su gente. No es una cinta política, pues las posiciones políticas pueden envejecer, mientras que el drama humano siempre perdurará”.

Con este filme Coyula ha intentado explorar desde el lenguaje audiovisual el eterno e imprescindible dilema que implica la elección de un espacio donde el hombre pueda encontrar un sentido a su existencia, donde se libere definitivamente de todas las formas existentes de alienación. La búsqueda de ese ideal puede parecer utópica en un mundo cada vez más complejo y turbulento, deshumanizado. Memorias del desarrollo trascenderá por reafirmar la necesidad impostergable de encontrarlo. 

Jorge Luis Lanza Caride es egresado de la licenciatura en Estudios Socioculturales de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Cienfuegos. Ha impartido cursos de postgrado sobre cine cubano en universidades de Estados Unidos, México y Noruega.

 

Bibliografía

Astrid Fernández de Castro. Literatura y cine. Lecturas cruzadas sobre las Memorias del subdesarrollo, Ediciones ICAIC, La Habana, 2010

Desiré Díaz. La mirada de Ovidio. El tema de la emigración en el cine cubano de los noventa, revista Temas, núm. 27, octubre-diciembre, 2001

Luis Álvarez Álvarez, Gaspar Barreto Argilajos. EL arte de investigar el arte, Instituto cubano del libro, Santiago de Cuba, 2010

Miguel Coyula. La identidad geográficamente indefinida, La Gaceta de Cuba, no. 3, mayo-junio 2006

Jorge Luis Lanza. La isla imaginada: la identidad en el cine cubano de la diáspora en EE.UU, revista Palabra nueva del Arzobispado de La Habana, diciembre del 2012

Michael Chanan. Titón y lo intertextual, revista Temas, núm. 27, octubre-diciembre, 2001

Reinaldo Lastre. Archivo, poder y estado en el cine cubano del siglo XX, disponible en el sitio http://www.lafuga.cl/archivo-poder-y-estado-en-el-cine-cubano-del-siglo-xxi/1010.