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13 de noviembre de 2020

De regiones y personalidades en el cine independiente latinoamericano

El pasado el 11 de noviembre se realizó un encuentro virtual en el marco de la 7° edición del Festival Internacional de Cine por los Derechos Humanos - Colombia, titulado ''Límites y posibilidad del cine independiente: Una mirada desde Cuba, Argentina y Brasil'', moderado por Diego Aretz y organizado por Rialta y CADAL. Allí charlaron tres cineastas: Gabriel Medina, de Argentina; Sabrina Fidalgo, de Brasil; y José Luis Aparicio, de Cuba.
Por Hernán Schell

De regiones y personalidades en el cine independiente latinoamericano

Se trata de tres directores con una filmografía aún breve y una carrera prometedora. La brasileña Sandra Fidalgo es conocida por haber hecho dos cortometrajes extraordinarios y muy premiados como Raihna (2016) y Alfazema (2019). Gabriel Medina es el responsable de Los Paranoicos (2008) y La Araña Vampiro (2012), dos de los largometrajes más interesantes surgidos en las últimas décadas del cine argentino. José Luis Aparicio, en tanto, es uno de los nombres más importantes del cine independiente de Cuba, quien sufrió la censura por parte de su gobierno tras el estreno de su documental Sueños al Pairo (2020) –co-dirigido junto a Fernando Fraguela- en el que se narra la carrera del artista Mike Porcel, músico censurado por el régimen cubano por sus posiciones ideológicas.

Los tres son, obviamente, cineastas latinoamericanos. Cuando esto sucede es frecuente que en algún momento surja la pregunta de cómo hacer un cine que refleje genuinamente la realidad de la región. Es un dilema  que han tenido históricamente muchos cineastas de este espacio geográfico heterogéneo y que obsesionó en la década del 60 tanto al excéntrico Glauber Rocha como al recientemente fallecido Fernando “Pino” Solanas (dos figuras que inevitablemente se nombraron en esta charla).

En esta conversación del Festival, los tres cineastas invitados se centraron en dos problemas principales. El primero, el de las formas de censura. En el caso de Aparicio, este tema era el más evidente porque como bien explicó, la censura es “parte endémica” de la historia del cine cubano desde el inicio de la revolución. De hecho el ICAI, la primera institución cultural que tuvo Cuba desde el ascenso de Fidel Castro al poder, ha cumplido desde su fundación el rol de un organismo censor que determina qué cine puede o no verse en la isla. Fidalgo y Medina en tanto comentaron otras formas de censura que pueden suceder en sus países de origen. Medina se refirió a un clima de división social por razones ideológicas que hacen que la autocensura por miedo a caer en peleas personales o laborales sea moneda corriente. Y Fidalgo habló de una industria cinematográfica brasilera cada vez más dominada hoy por los grupos evangelistas (de gran poder en plena época de Bolsonaro) que impide el desarrollo de un cine crítico al gobierno.

Festival Internacional de Cine por los Derechos HumanosEl otro problema planteado en la charla es que según los cineastas es común encontrar productoras que identifican la idea de un cine local o latinoamericano con fórmulas preconcebidas de lo que supuestamente es esa nación. Fórmulas o bien vendibles para el mercado interno, o bien para festivales europeos que desean corroborar prejuicios preexistentes respecto de los países latinoamericanos. Pueden ser (señalaba especialmente Aparicio) o bien comedias costumbristas cubanas que venden una imagen lavada de su país; o bien (señalaba más que nada Fidalgo) películas violentas que reflejan el supuesto estado de salvajismo en el que viven estos países.

Según Fidalgo, el mayor problema de este tipo de convenciones reside en que nunca reflejan una parte importante e incluso mayoritaria de la población afrodescendiente de su país. Según Medina, lo que más preocupa es que esto impide la posibilidad de un cine genuinamente personal. Que esta preocupación haya sido remarcada por estos cineastas en particular no es casual. Fidalgo, una admiradora del cine de los mencionados Rocha y Solanas, ha mostrado en sus cortometrajes que el cine de contenido social le preocupa especialmente. Medina, en tanto, es responsable de una obra por ahora tan escueta como rabiosamente personal (Los Paranoicos, su extraordinaria ópera prima, tiene claros tintes autobiográficos). Fue Medina incluso quien en la conversación se inclinó claramente por eso que en la cinefilia suele denominarse como “cine de autor” –calificación dada a aquel tipo de películas en las que se hace notar claramente la visión del mundo de su realizador.

Si bien la búsqueda de un cine que refleja una realidad social de Fidalgo, y la búsqueda de la individualidad de Medina parecen antitéticas, en el fondo no son sino dos caras de una misma moneda. Tanto la necesidad de filmar sectores sociales que no se están mostrando, como la necesidad de contar un universo personal tiene en común la obsesión por usar el lenguaje cinematográfico para expresar un interés particular, y es sabido que la historia del mejor cine es en buena parte la historia de gente sabiendo volcar una mirada personal del mundo.

Posiblemente, la búsqueda de un cine genuinamente latinoamericano sólo exista cuando deje de buscarse hacer una película que englobe ese concepto tan generalizador, y empiece a sistematizarse la posibilidad de que un individuo nacido en Latinoamérica no hable más que de sus propios intereses y realidades. Después de todo, si hay algo que también pudo extraerse de esta charla, es que Latinoamérica es un conjunto de países demasiado heterogéneos, en donde cada país está en sí mismo –como casi cualquier país del mundo- demasiado subdividido en clases sociales y realidades distintas. Toda búsqueda de una estética que represente la cultura de un país o una región sólo podrá dar como resultado un arte mentiroso de escaso interés. Mientras no se entienda esto, lo que existe son cineastas de personalidades fuertes que hacen lo imposible por imponerse frente a caprichos del mercado o a formas de censura sean directas o sutiles. Gran parte del interés de la charla fue ver debatiendo y conversando entre sí a tres cineastas interesados en su propia voz.