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Monitoreo de la gobernabilidad democrática

19 de noviembre de 2020

Los desafíos de Maia Sandu en Moldavia

A partir del 23 de diciembre, Maia Sandu liderará formalmente un país con el tercer peor índice de corrupción de Europa, detrás de Rusia y Ucrania, según la ONG Transparencia Internacional. Buena parte de su plataforma electoral se vincula justamente con atacar la corrupción endémica, pero será difícil hacerlo si se considera que el Parlamento es aún dominado por el socialismo. La nueva presidenta deberá buscar consensos con diversos sectores políticos y, al mismo tiempo, mantener una buena relación tanto con Rusia como con la Unión Europea y otros países del continente.
Por Ignacio E. Hutin
@iehutin

Los desafíos de Maia Sandu en Moldavia

Las elecciones del pasado domingo 15 de noviembre en Moldavia le dieron el triunfo a Maia Sandu sobre el actual presidente y representante del socialismo Igor Dodon. Lo relevante no es sólo que Sandu será la primera presidenta mujer del país más pobre de Europa, sino también que vuelve al poder un sector político que mira a Europa y a occidente en general. Ahora que cambian las perspectivas en la ex república soviética, vale preguntarse qué implican esos cambios y si el nuevo gobierno será realmente capaz de estar a la altura.

En un régimen parlamentario como el moldavo, el poder político de jure recae en el Primer Ministro, mientras que el Presidente es Jefe de Estado. Pero en la práctica, de facto, eso depende de la voluntad y el apoyo que tenga el presidente. El triunfo de Sandu puede entonces significar un cambio real en la política de Moldavia, pero el Parlamento sigue bajo control del socialismo. El oriente del país, la región de Transnistria, se declaró independiente en 1990 y desde entonces no es controlada por el gobierno. Junto con la región autónoma de Gagauzia, habitada predominantemente por población túrquica, es uno de los bastiones electorales del socialismo. En ambos territorios, Dodon obtuvo más del 80% de los votos. Sandu, por su parte, triunfó en la capital Chisinau, en el área central del país y particularmente en el extranjero. El 92% de los votos desde el exterior fueron para la candidata del Partido Acción y Solidaridad. Más de un cuarto de los electores de Sandu viven fuera de Moldavia y fueron determinantes para alcanzar el 57% que le dio la victoria.

A partir del 23 de diciembre, Maia Sandu liderará formalmente un país con el tercer peor índice de corrupción de Europa, detrás de Rusia y Ucrania, según la ONG Transparencia Internacional. Buena parte de su plataforma electoral se vincula justamente con atacar la corrupción endémica, pero será difícil hacerlo si se considera que el Parlamento es aún dominado por el socialismo. La nueva presidenta deberá buscar consensos con diversos sectores políticos y, al mismo tiempo, mantener una buena relación tanto con Rusia como con la Unión Europea y otros países del continente. En ese sentido, es relevante el rápido apoyo que ofrecieron muchos gobiernos extranjeros a la ganadora, entre ellos los de Alemania, Ucrania, Rumania, Lituania y Georgia. Incluso el presidente ruso Vladimir Putin envió sus felicitaciones y deseos de mejorar la relación entre ambos países. Este apoyo internacional será necesario en un país dividido políticamente, que, desde la caída de la Unión Soviética, deambula entre mirar a la Unión Europea, a Rusia, a ambos o a ninguno.

Moldavia fue el único país de la ex URSS en el que el Partido Comunista como tal volvió a gobernar tras el desmembramiento de 1991. Lo hizo desde 2001 y hasta 2009, cuando se desató una serie de protestas tras los comicios parlamentarios. Los manifestantes acusaban al comunismo de haber cometido fraude. Finalmente se convocó a nuevas elecciones que llevaron al poder a la Alianza Para la Integración Europea, una gran coalición que miraba a occidente y pretendía dar por fin vuelta la página. Fue el inicio de diez años de gobiernos encabezados por Primeros Ministros pro europeos. Durante ese periodo se realizó un referéndum con la intención de modificar la Constitución Nacional. La idea era permitir una mayor participación popular y que el Presidente fuera elegido por voto directo y no, como hasta entonces, por el Parlamento. Pero el Partido Comunista boicoteó la consulta y la baja participación impidió que se implementaran los cambios. Finalmente la Corte Constitucional dictaminó que esto era inconstitucional y a partir de 2016 los ciudadanos pudieron votar libremente y en forma directa a su presidente.

En 2014 se firmó un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, que incluía el levantamiento de tasas arancelarias al comercio de bienes entre ambas partes y la facilitación en el intercambio de servicios. Pero este acercamiento con la UE no gustó nada en el Kremlin y el 21 de julio de ese mismo año, Rusia impuso un embargo a la importación de productos moldavos, especialmente frutas y vinos. Fue un golpe muy importante para la economía de un país en donde la agricultura, sumada a la industria de alimentos, representa cerca del 40% del PBI. Y el acuerdo con la UE no pudo suplir la desaparición del intercambio comercial con Rusia.

Cuando los ciudadanos moldavos pudieron volver a votar en las elecciones presidenciales de 2016, lo hicieron mayoritariamente por un partido que ahora sí mirara a Rusia, el socio comercial perdido. Las sanciones de Moscú habían funcionado. El ganador fue Igor Dodon, representante del Partido Socialista, que, en la práctica, ha reemplazado al aún existente pero poco relevante Partido Comunista. Dodon es un expreso admirador de Putin y no es un dato menor que el primer mandatario en visitarlo luego de la asunción presidencial fuera el bielorruso Aleksandr Lukashenko. Claramente, Moldavia había cambiado de rumbo.

La tendencia fue revalidada en las elecciones parlamentarias de 2019, en las que ganó una vez más el socialismo. El nuevo gobierno se conformó junto a la coalición Ahora. Una de sus líderes era la ex candidata presidencial y ex Ministra de Educación Maia Sandu, que se convertiría en Primera Ministra hasta noviembre de ese mismo año, cuando el Parlamento votó una moción de censura y fue destituida. Desde entonces el líder del gobierno es Ion Chicu, oficialmente independiente pero apoyado por el socialismo y que incluso fue alguna vez consejero de Dodon.

En ese contexto difícil tendrá que gobernar la primera presidenta mujer de Moldavia. Un desafío muy importante que implica no sólo lidiar con un territorio separatista al este del país, una pésima situación económica, corrupción endémica y profundas divisiones políticas, sino también con un contexto de pandemia que vuelve a afectar al continente europeo. Sin dudas, le espera a Maia Sandu una tarea difícil.